Pocas instituciones en Puerto Rico pueden contar la historia del país desde adentro. McConnell Valdés es una de ellas. Fundada en 1946, justo después del fin de la Segunda Guerra Mundial, la firma legal nació en un momento clave para la transformación económica de la isla, cuando comenzaban a llegar las primeras grandes inversiones extranjeras. Desde entonces, ha sido testigo —y protagonista— de cada etapa del desarrollo económico de Puerto Rico.
Al cumplir 80 años, la firma también celebra su rol como engranaje silencioso detrás de algunos de los proyectos más importantes del país. “Si tú vas a tener inversión extranjera… van a requerir servicios legales de firmas como la nuestra”, explicó el licenciado Paul R. Cortés Rexach, principal oficial financiero y miembro capital de la firma, quien destacó la importancia del talento local.
El ADN de McConnell Valdés está ligado al desarrollo económico de Puerto Rico. Desde sus inicios, el derecho contributivo fue clave, en parte por su rol asesorando a empresas que se establecieron bajo programas como Operación Manos a la Obra en la década de 1950, recordó la licenciada Isis Carballo, miembro capital de la firma.
Ese vínculo también se refleja en su participación en proyectos que hoy definen el paisaje: el Coliseo de Puerto Rico, el Centro de Convenciones, el Puente Teodoro Moscoso y hoteles como Dorado Beach o el Caribe Hilton.
Mantenerse relevante durante ocho décadas en un país marcado por crisis económicas, cambios políticos y transformaciones globales no es casualidad. Para sus líderes, la palabra clave es resiliencia. “Es un poder de adaptación como pocas firmas… hemos navegado cambios políticos, económicos y hasta PROMESA”, señaló el licenciado Marcos Rodríguez Emma, principal oficial de operaciones del bufete.
Esa adaptación hoy incluye la integración de inteligencia artificial, no como sustituto del abogado, sino como herramienta para mejorar la eficiencia. “Siempre va a haber un ser humano detrás… la inteligencia artificial no sustituye la naturaleza humana”, explicó el licencido Cortés Rexach.
Pero la historia de la firma no se limita a transacciones y grandes proyectos. A lo largo de años, McConnell Valdés ha desarrollado iniciativas de impacto social, incluyendo programas pro-bono que han beneficiado a más de 400 organizaciones sin fines de lucro. También ha impulsado la educación legal a través de becas, como el programa Antonio Escudero-Viera. “La responsabilidad social es nuestro norte; es tangible y firme”, expresó el licenciado Arturo García Sola, director general de McConnell.
Mas allá de su sólida trayectoria, la firma insiste en que su enfoque está en lo que viene. Temas como energía, desarrollo económico sostenible y nuevas industrias serán determinantes para Puerto Rico en la próxima década, y el rol de las firmas legales seguirá siendo clave para viabilizar ese crecimiento.
“Tenemos que dejar la firma en igual o mejor posición… y eso implica pensar en el futuro del país”, afirmó García Sola. Con una nueva generación de abogados y abogadas tomando las riendas y una economía en transformación, McConnell Valdés apuesta a que su historia aún no ha terminado.
A fin de cuentas, su trayectoria es también un reflejo de la de Puerto Rico: compleja, resiliente y siempre en evolución.





