Opinión

Rendirnos no es una opción

Lee aquí la columna del vicepresidente del Proyecto Dignidad

Lo que hoy vivimos como país no es un golpe inesperado, un azote del azar o una golondrina en verano. Es más, lo que hoy vivimos no se asemeja ni a un “lo sabía”, “te lo dije” o “se veía venir”. Lo que experimentamos hoy como pueblo es la indignación de aquel que abre los ojos a la realidad ya innegable que ha venido viviendo por décadas, sin querer reconocer y de la cual siente, piensa y esta convencido que no puede escapar.

Los seres humanos somos capaces de acostumbrarnos a todo, incluyendo acostumbrarnos a que nos roben. Nos roben el tiempo, nos roben la paciencia, nos roben la paz, nos roben el dinero, nos roben el trabajo, nos roben la verdad, la pasión y la esperanza. Todo lo anterior, siempre y cuando nos permitan existir, sentir, experimentar, aunque sea experimentar la carencia y alimentarnos de ella. Así toleramos el robo mientras nos alimentemos de algo, aunque el alimento se desvanezca y el sentido de llenura sea simplemente una vil mentira. Nos acostumbramos a robarnos a nosotros mismos. Así, los seres humanos somos capaces de acostumbrarnos a todo. Como el hijo prodigo, somos capaces de desear comer la comida de los cerdos, pero aún ni eso nos dan.

Lo anterior ha sido el semillero de frases acuñadas por nuestro refranero político como “son corruptos, pero hacen obra”, “es un pillo, pero sabe de política”, “se roban hasta los clavos de la cruz, pero al menos el pueblo vive bien”, “es que así son las cosas aquí”, y otras frases felices. Así, mientras la crisis se mantenía dentro de los parámetros de lo socialmente aceptable, y los prestamos inconstitucionales le permitían a nuestro gobierno darnos de ese alimento etéreo de beneficios marginales, aumentos de sueldo, bonos de navidad, bonos de verano, ventanas de retiro, reducciones en la luz, el agua, exenciones a diestra y siniestra, paseándonos entre arbitrios, IVUS, IVAS, COFINAS y otras siglas interesantes, nos hacíamos de la mirada larga. Mirada larga que, aunque sonaba el rio y agua traía, el golpe no nos movía. No nos movía pues estábamos convencidos que algo mordíamos.

Así, el golpe de agua trajo consigo el robo indiscriminado de gobiernos del PNP y del PPD, con sus consabidos amigos, familiares, donantes, clientes y achichincles. Lo soportamos. Soportamos que nos robaran. Soportamos que nos robaran el tiempo que le préstamos a cada día debatir sobre los mismos temas, corrupción, robo, pillaje, amiguismo. Soportamos que nos roben la inteligencia cuando aguantamos que nos mientan a la cara constantemente los mismos políticos y las mismas empresas que nos han traído hasta aquí. Soportamos que nos roben de frente la esperanza de vivir en un mejor país. Soportamos que nos roben el deseo de arrancar de en medio nuestro las actitudes que promueven esta corrupción. Lo soportamos porque pensamos que en algo nos conviene, que algo le sacamos.

Hasta que no internalicemos que en Puerto Rico hay una oligarquía partidista/social que se perpetua en el poder político/económico a través del bipartidismo y que la mantiene cohesiva el interés de mantenerse en el poder, la corrupción nos dominara desde arriba. A su vez, mientras no aceptemos que en Puerto Rico esa oligarquía es mantenida en sus estratas de poder por una masa de pueblo que la mantiene cohesiva la necesidad, no socavaremos efectivamente el poder de esa oligarquía. Hay muchos que se benefician de la dependencia, incluyendo algunos que se cantan defensores de la libertad de empresa.

Esto es fácil, para bailar se necesitan dos o quizás tres. Para ser corruptos, también. Los corruptos, los que se corrompen y en la mayoría de las ocasiones los que se hacen indiferentes. En Puerto Rico tenemos una oligarquía que solo tiene intereses, esto es que su filosofía de vida es “si yo participo en el negocio, no es corrupción”. A su vez, tenemos una masa de ciudadanos cuya filosofía de vida es “la corrupción no es corrupción siempre y cuando la compartan conmigo o me beneficie en algo de ella”. Simplemente hemos probado en Puerto Rico, lo que mucha gente quiere negar, los seres humanos somos pecadores y vivimos en sociedades corruptas.

Ante lo anterior: ¿Qué podemos hacer? Hay que comenzar con exigir honestidad y transparencia. Si seguimos eligiendo políticos bajo las exigencias filosóficas de la oligarquía que predica el evangelio de “si me das del negocio no es corrupción” o bajo la filosofía existencial pueblerina, “si compartes los bienes de la corrupción conmigo no es corrupción” seguiremos escribiendo en la descripción de tareas de nuestros políticos la necesidad de que sean “mentirosos, oportunistas, aprovechados, demagogos, abusadores y corruptos, o al menos inclinados a cruzar la raya”. Cuando seamos capaces de combatir estas filosofías de vida que nos han gobernado por mucho tiempo y seamos capaces de exigir una completa transparencia de aquellos que pretenden gobernarnos, entonces podremos comenzar a poder dar pasos hacia la posibilidad de construir una sociedad puertorriqueña más excelente. Rendirnos no es una opción, los cambios y las transformaciones se luchan. Corramos para ganar!

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