Chef Lefer: una historia cocinada con pasión y perseverancia
Detrás de la bandana, las cámaras y su lema, “La cocina más feliz”, existe una historia.
Fernando Martínez, conocido como Chef Lefer, comenzó a trabajar en restaurantes cuando apenas tenía 11 años. Hoy, tras dos décadas en la industria, forma parte de la familia Goya y se ha convertido en un rostro conocido de la televisión puertorriqueña.
Detrás de la bandana, las cámaras y su lema, “La cocina más feliz”, existe una historia de largas jornadas, aprendizajes y una pasión por la gastronomía que todavía mantiene intacta.
La historia comenzó cuando apenas cursaba séptimo grado. Una amistad de infancia le abrió, casi sin proponérselo, las puertas de la industria gastronómica. El padre de su mejor amigo era propietario del restaurante Casita Blanca y un día necesitaban personal. Así llegó aquel muchachito que todavía dividía sus días entre surfear, correr patineta y ayudar en el restaurante.
Primero fueron los refrescos y los postres; flanes, tembleques, majarete y arroz con dulce. Después llegaron los platos que había que recoger, el contacto con los clientes y eventualmente el trabajo como mesero. Poco a poco, casi sin darse cuenta, la gastronomía comenzó a ocupar un espacio cada vez mayor en su vida.
Más de dos décadas después, muchos lo reconocen sencillamente como Chef Lefer, por sus apariciones en televisión, sus recetas y por ser parte de la familia Goya desde hace 13 años. Lleva además cerca de tres años participando en un programa mañanero de televisión.
Y hay una frase que también se ha convertido en parte de su sello: “La cocina más feliz”, un lema que refleja la energía y cercanía con las que ha buscado comunicar la gastronomía tanto frente a las cámaras como fuera de ellas.
Una escuela que comenzó desde abajo
Antes de las cámaras hubo cocinas, restaurantes, largas jornadas y muchos oficios dentro de la industria.
Lefer recuerda haber pasado por diferentes posiciones hasta finalmente encontrar su lugar detrás del fogón. También trabajó durante varios años cocinando y posteriormente se trasladó a Virginia, donde permaneció cerca de tres años y tuvo la oportunidad de aprender nuevas técnicas en condiciones que recuerda como exigentes, tanto por los horarios como por el intenso frío.
A su regreso a Puerto Rico recibió una llamada que terminaría marcando otra etapa de su historia. Leonardo Pérez lo invitó a integrarse al equipo de Casita Miramar. En principio, la intención era que trabajara fuera de la cocina, pero la ausencia de un cocinero cambió los planes.
Entró a ayudar y encontró una bandana que terminó colocándose para trabajar.
Lo que parecía un detalle insignificante se convirtió en parte de su identidad.
“De ahí para adelante no me han quitado la bandana en la cocina”, recuerdó. Cerca de 14 años después, continúa siendo uno de los elementos que más fácilmente identifican al chef.
Cocinar para provocar el deseo de regresar
Para Lefer, la cocina nunca ha sido únicamente preparar alimentos.
Lo que verdaderamente le apasionó fue descubrir cómo funcionan los sabores. Aprender qué necesita una receta para alcanzar balance, cuándo algo está demasiado salado o dulce y cómo conseguir que un plato provoque en quien lo prueba el deseo de regresar por él.
Ese, explica, era uno de sus mayores objetivos cuando trabajaba en restaurantes: que un cliente regresara buscando aquel plato que recordaba y, a partir de esa confianza, se animara a descubrir otras propuestas del menú.
Durante su trayectoria también fue empresario gastronómico. Creó Rasta Pasta, concepto que mantuvo durante aproximadamente dos años y medio, y posteriormente desarrolló Te Pincho, una propuesta surgida luego del huracán María como respuesta a los cambios que observaba en el consumidor.
Las pastas, precisamente, siguen estando entre sus grandes pasiones. Rasta Pasta comenzó con cinco opciones y llegó a tener doce. Lefer experimentaba con diferentes salsas, desde combinaciones de inspiración asiática hasta una pasta de chorizo y amarillo cuya salsa aprovechaba la grasa del propio chorizo.
Y entre tantas combinaciones existe un ingrediente que parece no negociable en su cocina: el ajo.
“Todas mis salsas llevan ajo. Y no es un poquito”, confesó entre risas.
La persona detrás del “celebrity chef”
La exposición que hoy tiene como figura vinculada a Goya y a la televisión llegó después de muchos años de trabajo.
Quizás por eso, cuando habla de gastronomía, Lefer vuelve constantemente a sus comienzos. No romantiza la profesión. Reconoce que detrás de cada plato existen horas de pie, calor, cansancio y sacrificios físicos.
Cuando durante nuestra conversación le preguntamos qué le diría hoy a aquel niño de 11 años que comenzaba a trabajar en un restaurante, su respuesta resumió buena parte del camino recorrido:
“La cocina te da duro, pero al final hay una luz que te va a encantar”.
Y sí, asegura sentirse orgulloso.
“He llorado, me he lastimado”, reconoce al enumerar entre risas y mucha sinceridad el precio físico que también ha dejado la profesión: la espalda, las rodillas, los dedos y las quemaduras.
“Pero al final, sí, vale la pena llegar a la meta”.
Tal vez por eso “La cocina más feliz” adquiere otro significado cuando se conoce su historia. No habla de una profesión fácil ni de una trayectoria sin tropiezos. Habla de encontrar alegría en aquello que se escogió hacer, incluso después de conocer de cerca las exigencias del oficio.
Puerto Rico como inspiración
Aunque creció observando figuras de la televisión gastronómica estadounidense, Lefer evita señalar a un solo chef como referente. Su mirada se nutre de diferentes estilos y experiencias.
Y cuando habla de Puerto Rico, lo hace con especial entusiasmo.
Para él, la gastronomía local atraviesa un momento en el que constantemente aparecen cocineros, propuestas y fusiones capaces de demostrar el talento que existe en la isla. Incluso asegura que habría material de sobra para un programa dedicado exclusivamente a recorrer y documentar el trabajo de los chefs puertorriqueños.
Su filosofía, al final, parece parecerse bastante a su propia historia: aprender de muchos, pero encontrar un camino propio.
Porque antes de convertirse en Chef Lefer, antes de la televisión, de Goya y de esa bandana que ya forma parte de su imagen, estuvo Fernando; aquel niño que comenzó sirviendo refrescos y postres sin imaginar hasta dónde podía llegar..
Esta entrevista forma parte de la serie “Desde el corazón de la gastronomía”, una serie especial de Sabrosía que busca presentar las historias, sacrificios y sueños de quienes hacen de la gastronomía mucho más que una profesión.


