Sobrevivientes hablan a las mujeres de todas las edades

Tres luchadoras que enfrentaron el cáncer de seno comparten con Metro sus historias de superación y se dirigen con sus palabras a las mujeres de todas las generaciones

Por David Cordero Mercado

Como un enemigo sigiloso, el cáncer de seno hace su aparición sin aviso previo. Esta es la historia de tres mujeres que así lo vivieron y que así lo contaron a Metro, porque si hay un mensaje que quieren dejar claro es ese: que es un enemigo vencible.

Gloria Muñoz Fuentes ha cosido toda su vida, por herencia de su madre. Se medía una pieza de ropa que había creado ella misma cuando notó algo extraño en su cuerpo.

“Hago un movimiento y veo que el pezón del seno derecho se hunde, me llamó la atención. Levanto el brazo izquierdo y no pasaba nada. Dije: ‘Espérate, Gloria’, aquí hay algo mal”, relató la mujer de 73 años.

Varios estudios conformaron la sospecha. A Gloria le diagnosticaron cáncer de seno en etapa dos el 5 de diciembre de 2005. Para ese entonces tenía 60 años.

“Yo siempre he sido una persona muy preocupada por mi salud. Nunca dejé de hacerme la sonomamografía y la mamografía. Eso era año tras año, y me sorprendí mucho porque en mi caso, en mi familia, nunca hubo cáncer. Fue como que me hubiesen dado un golpe en el pecho. Lloré lo que no tienes una idea”, recordó.

Y es que el llanto es símbolo de muchas cosas. Es miedo y temor ante lo desconocido, ante un enemigo que, en ocasiones, avanza con una velocidad desconcertante y que amenaza con robarse lo más preciado: la vida. Pero el llanto es también un momento decisivo. Una vez las secas, asoma la valentía. “Hoy entiendo que soy una mujer fuerte”, afirmó Gloria.

Judith Candelario Ramos siempre mantuvo una mente positiva y fuerte. Hoy recuerda cómo el cáncer de seno que le diagnosticaron, en etapa cuatro, intentó derrumbarla más de una vez.

“Que siempre se hagan su autoexamen, que no dejen de hacerse anualmente su mamografía o sonomamografía. Creo que esto va a ser un mensaje positivo para toda la nueva generación”, afirmó Gloria Muñoz Fuentes, sobreviviente de cáncer de seno.

El cáncer de Judith avanzó con rapidez. Al igual que Gloria, todos los años acudía al médico para que le practicaran los exámenes rutinarios de detección a tiempo, la mamografía y la sonomamografía, así como el autoexamen recomendado. “Me hacía los estudios todos los años, en julio”, contó. Fiel a la fecha, realizó su cita de rutina. El año anterior todo había salido bien. Poco antes de la nueva cita rutinaria el siguiente año, sintió una pelotita en su seno. El 6 de julio de 2016, recibió el diagnóstico.

“Dios fue el único que me mantuvo de pie durante ese proceso porque no es fácil. Yo perdí la vista (temporalmente) en el proceso de las quimioterapias. No podía caminar, el dolor en las coyunturas, en los pies, en la planta era demasiado fuerte”, dijo la mujer de 40 años. “Le doy gracias a Dios porque me tiene viva, y eso es lo que quiero, vivir, bailar, gozar, reír, disfrutar; me disfruto cada día, cada momento”, sostuvo.

Marla Estarellas Ortega también sintió una señal al practicarse un autoexamen. Antes de eso, hacía cinco años que no acudía a un médico. Por insistencia de su esposo, decidió realizarse exámenes rutinarios, en los que salió perfectamente bien. El doctor le había dado una orden médica para realizarse una mamografía, pero no acudió.

“Yo no tenía historial tampoco de cáncer de seno ni ningún tipo de cáncer, tenía 39 años, que típicamente a esa edad, ni mamografía —a menos que tenga historial—, empieza a los 40 años”, relató. Poco después, encontró la orden en su cartera y decidió realizarse el autoexamen.

“Me toqué y sentí una pelota, entonces fui a hacerme la mamografía, la sonomamografía y ahí fue que me dieron la noticia”, el 18 de febrero de 2014. Su cáncer se encontraba en etapa 3. Hoy su recomendación a todas las mujeres es que cumplan con el examen de mamografía y sonomamografía cada año y el autoexamen, como una manera de prevenir y descubrir la enfermedad lo antes posible.

“Aprendí que hay que ir a los médicos, que uno tiene que tener una balanza en la vida, y el trabajo no lo es todo. Uno tiene que sacar tiempo para uno primero”, expresó Marla. “También aprendí a vivir la vida al máximo, que no me dé estrés. Trato de coger la vida con calma; sigo trabajando, pero ahora con una perspectiva completamente diferente”.

En medio de todo, Marla, hoy con 44 años, también relató cómo fue ser madre durante el proceso de tratamiento y recuperación.

A raíz del diagnóstico, junto a sus hijas, su esposo, familias y amigos, nació el Team Marla, que desde entonces participa cada año en el evento Race for the Cure de la Fundación Susan G. Komen. Durante los pasados cuatro años, ha sido el equipo de mayor recaudación de fondos en la historia de la fundación en la isla y de mayor participación a nivel individual.

“El primer año, fueron aproximadamente 320 participantes, gente que yo ni conocía, amigos de amigos y, la verdad, que eso me llenó. Mientras empezó esta idea de hacer la carrera para distraerme, nos dimos cuenta de que estábamos haciendo algo positivo y de que había mucha gente que son menos afortunados que uno. Nos dimos a la tarea de  crear este equipo y seguir apoyándolo, y al día de hoy, seguimos apoyando”, relató. “Mis hijas y las hijas de mis amigas, todas están involucradas en el apoyo a los pacientes de cáncer, y eso es algo que me ha llenado muchísimo”.

De acuerdo con estadísticas del Registro de Cáncer de Puerto Rico, adscrito al Centro Comprensivo de Cáncer:

  • entre 1987 y 2015, las tasas de incidencia de cáncer de seno invasivo entre las mujeres en Puerto Rico aumentaron en promedio 1.5 % por año.
  • respecto a las de cáncer in-situ de seno aumentaron en promedio 6.6 % por año. El término in-situ es utilizado para describir una etapa temprana del cáncer, es decir, que no ha invadido el tejido, por lo que no es un riesgo para la vida.
  • Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades​(CDC), en 2015 —el último año para el que se dispone de datos de incidencia—, se notificaron 242,476 casos nuevos de cáncer de mama femenino y 41,523 mujeres murieron de cáncer de mama femenino en los Estados Unidos.

El reto de ser madre en medio del proceso

Más allá de las quimioterapias y los efectos secundarios del tratamiento, para Marla el mayor reto fue ser madre en medio del proceso.

“Trataba de dar lo máximo y que ellos no vieran cómo yo me sentía por dentro, especialmente después de las quimioterapias, y tratar de tener mi vida lo más normal posible para que ellas no se impactaran”, relató.

Para ese entonces, sus hijas tenían seis y ocho años. La comunicación siempre fue abierta con ellas y fueron parte de todo el proceso.

“Nos sentamos todos como familia, les explicamos lo que estaba pasando y de ahí, en realidad, cambié y dije que esto no me iba a vencer y que había que ser positivo”, contó. “Mis dos hijas fueron mi apoyo para seguir adelante y, a la misma vez, el apoyo que tuve de mis familiares, de mis amistades, fue increíble”.

El relato desde la maternidad es diferente en estas tres sobrevivientes, aunque en las tres fue y ha sido un elemento fundamental para continuar sus batallas y sobrepasar los momentos de mayor dificultad.

Marla, Judith y Gloria plasman su firma en el lazo rosado de la Fundación Susan G. Komen Puerto Rico. Foto: Dennis Jones Marla, Judith y Gloria plasman su firma en el lazo rosado de la Fundación Susan G. Komen Puerto Rico. Foto: Dennis Jones

En el caso de Judith, luego de haber culminado su tratamiento de quimioterapias, le practicaron una histerectomía —cirugía para extirpar el útero (matriz) de una mujer— ante la sospecha de células cancerosas. Sin embargo, el amor de madre que irradia lo ha desbordado en sus sobrinos, un amor recíproco, y que le ha ayudado a continuar.

“Ellos mismos me raparon cuando el pelo comenzó a caerse, y cada día me daban aliento, cada día me decían: ‘Tití, vas a estar bien, tití, te amo”, recordó sobre sus sobrinos, hoy de 11 y 21 años.

Y es que la vida toma giros impredecibles. Gloria reside en Puerto Rico hace más de 40 años. Toda su familia vive en Chile, de modo que durante el proceso de tratamiento de quimioterapia y radioterapia contra el cáncer, fue su hijo el único familiar directo que estuvo presente. En el camino, también  encontró personas que le brindaron el apoyo que la ayudó a continuar un camino que, en realidad, la preparaba ante otro golpe.

“Yo pensaba que eso era lo más grave que me había ocurrido en mi vida, el cáncer, pero hoy te digo que para mí el cáncer no fue nada. Después tuve una historia peor, que fue la pérdida de mi hijo. Si Dios me envió este cáncer era para que yo me fortaleciera, porque iba a tener algo peor, y así fue”, relató.

El hijo de Gloria murió hace nueve años, cuando tenía 28. “Pero me dejó un nieto hermoso”, que es su mayor fortaleza.

Hoy Gloria se encuentra en remisión desde hace 13 años, la misma edad de su nieto.

En el caso de la remisión completa, todos los signos y síntomas de cáncer han desaparecido, pero el cáncer todavía puede estar en el cuerpo, por lo que se les practica exámenes se seguimiento a los sobrevivientes. Judith también se encuentra en remisión desde hace un año, y Marla, desde hace tres.

Para las tres, el mensaje principal a otras mujeres es que estén atentas a su salud y se practiquen, al menos, el autoexamen para detectar síntomas del cáncer de seno, sin importar la edad, así como la mamografía y sonomamografía, especialmente a partir de los 40 años.

“El cuerpo te habla, te envía mensajes”, reiteró Gloria.

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