Hora de hablar y reclamar trato igual en el deporte

Metro habló con Yanira Liceaga y Michelle González sobre los retos de la mujer deportista.

Por José Encarnación Martínez

En el escenario deportivo de Puerto Rico la noción de una carrera profesional es bastante difusa. Los atletas de alto nivel, en su mayoría, terminan siendo padres y madres de familia que, más allá del deporte y sus habilidades, se ven en la necesidad de abrirse camino en otros espacios laborales, pues en la sociedad puertorriqueña todavía se hace muy cuesta arriba vivir de los sacrificios y las metas deportivas como si se tratara de cualquier otro trabajo.

Y cuando se habla de deporte en dicho contexto vale la pena destacar que esas limitaciones, que muchas veces condenan a la pobreza a muchos atletas del patio, no se limitan a una generalización donde las realidades de los deportistas varones son las mismas que las de las atletas femeninas.

En un aparte con Metro, así lo aseguraron la excanastera nacional y actual vicepresidenta de la Federación de Baloncesto de Puerto Rico (FBPUR), Yanira Liceaga, y la armadora del combinado patrio, Michelle González. Ambas abogadas hablaron de los retos de la mujer deportista, del baloncesto nacional y la trasformación del paradigma femenino, donde los retos competitivos también son una oportunidad para empoderar a la mujer en tiempos difíciles.

“Desde muy pequeña jugué baloncesto y pasé mucho discrimen por ser mujer. Y comencé a jugar baloncesto porque mi hermano jugaba y no nos dejaban a las nenas jugar. Entonces, mi papá puso la condición de que ‘o juega Yanira o nadie juega’. Y en ese sentido hubo un acercamiento con el discrimen bien al comienzo de mi carrera deportiva. Eso me ayudó a crecer y a formar una perspectiva mucho más completa de lo que representaba ser una atleta femenina en este país”, dijo la licenciada, para quien uno de los asuntos más inquietantes en cuanto a lo femenino en el deporte es la imposición de una cultura machista que limite las capacidades de las féminas.

Para Liceaga es importante reconocer el trabajo femenino de la misma forma que se reconocen las ejecutorias del deporte masculino.

“Uno de los asuntos que más me llama la atención ahora y que estoy trabajando directamente con el equipo adulto, es que muchas veces quieren que las muchachas asuman ciertos roles femeninos, ya sea para fotos o para cualquier promoción. Ese es uno de los asuntos que no se toca, que no se habla nunca. Yo no tengo que proyectar a las muchachas de ninguna forma. Ellas son atletas, son deportistas, baloncelistas y las tengo que respetar desde donde ellas se asuman. Hay muchísimo discrimen, porque ven el prototipo de la baloncelista como uno que no cumple con unos cánones de belleza y hasta se resisten a ir a la cancha porque no se juega con unos pantalones más cortitos. ¿Que existe mucha inequidad? Sí. Y por eso hay que seguir rompiendo esquemas”, señaló.

Michelle González también se fue en güira con ese balón social. 

“La mujer como modelo siempre ha estado. La situación distinta en este caso es que sea atleta y más en el baloncesto, que es un deporte que se reconoce como masculino. Yo he recibido rechazo desde pequeña, porque jugaba con varones. Y lo más que me dolía era que ese rechazo no venía de los compañeros, sino de los padres. El problema más grande eran los padres, que no entendían por qué una nena jugaba con los nenes. Pero mi mamá siempre me enseñó que dentro de la cancha yo era una jugadora más. Y entendí que hay ciertas cosas que no se tratan con una vara de género”, manifestó la integrante del combinado clasificado al Mundial y que recientemente se colgó medalla de oro en el Centrobasquet.

Para González es momento de hablar y reclamar igualdad de trato. 

“Cada foro nos ayuda adelantar, por el hecho de que tenemos la oportunidad de romper con unas barreras para demostrar que esto no se trata de ser hombre o mujer, sino de seres humanos, de retarnos unos a otros y de respetar el deporte. Aprendí eso una vez terminé la universidad, que regresé a Puerto Rico a jugar con la selección y comenzó el empujón de mi mamá de que tenía que terminar una carrera. En ese momento estaba más que claro que el deporte no sería para siempre. Y más en el deporte femenino, donde hay tantas limitaciones. Por eso digo, gracias a esas experiencias negativas que me marcaron, estudié derecho y lo logré. En ese sentido, todo ha sido gracias a esos valores que aprendí en el baloncesto”, destacó.

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Tanto para Liceaga como para González, lo vivido en las líneas y en la cultura deportiva de Puerto Rico se ha traducido en un aprendizaje que bien sirve como herramienta para formar un futuro más prometedor para las que se aventuren ha continuar la historia femenina en el baloncesto. Ambas abogadas visualizan el deporte como un área de oportunidad y como un especio lleno de posibilidades.

“Yo miro para atrás y reconozco que nos queda una labor educativa de frente. Hay que ir a las comunidades y crear conciencia en los pequeños, pero también en sus padres. Es muy importante educar a los mayores por eso mismo que señala Michelle, porque son ellos los que muchas veces reproducen esa mentalidad negativa hacia las niñas y las mujeres. Y es hora de que nos pensemos desde otros ángulos, que trasformemos eso con educación”, añadió Liceaga. 

Finalmente, González aprovechó para cerrar con un canastazo en el clutch de la discusión. 

“No hay deportes femeninos ni masculinos. El deporte no se trata de eso, se trata de crear seres humanos preparados para la vida, para el mundo y para las profesiones que cada vez se ponen más fuertes. Se trata de formar seres humano de bien para la sociedad. Y no es fácil. Yo puedo decir que al deporte le agradezco todo lo que soy ahora y le digo a los jóvenes lo que ha sido mi oración todos los días: sean la mejor versión atléticamente, pero también pueden ser la mejor versión profesional y académicamente”, sentenció la jugadora nacional. 

Las abogadas afirmaron, además, que ante ese panorama descrito no es momento de atentar contra las estructuras académico-deportivas que sirven para formar profesionales del deporte y desde el deporte. Por el contrario, reconocieron que es momento de utilizar las universidades del país para atender los retos y las deudas que se tienen con el deporte femenino que tanto le ha dado a Puerto Rico.

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