Opinión de Alejandro Figueroa: La Corrupción que nos hunde

Lee la columna de opinión del abogado estadista, Alejandro Figueroa.

Por Alejandro Figueroa

Para nuestra desgracia, los periódicos, los telediarios y todos los medios noticiosos que accedemos por medio de la internet nos inundan nuevamente con otro caso más de corrupción gubernamental. En esta ocasión, se trata del saliente alcalde de Cataño, Félix “Cano” Delgado Montalvo, quién se declaró culpable en el foro federal por conspiración y “kickbacks”, con relación a la otorgación de contratos millonarios del Municipio de Cataño para el recogido de desperdicios sólidos y colocación de asfalto.

Tal y como he comentado en este espacio previamente, entiendo que es la corrupción rampante el mal que mayor disgusto genera en una gran parte de los puertorriqueños y, a su vez, ha dado pie a la revuelta social que vivimos en el Verano del 2019 y a los resultados de las primarias y las elecciones generales del 2020.

La corrupción es un problema que ha generado distorsión y molestia en todos los ámbitos de la vida en sociedad. Esta distorsión afecta nuestra sociedad, generando procesos de descomposición social, política y económica. La corrupción es el abuso del poder para el beneficio propio o de grupos reducidos en perjuicio de los demás. Otro concepto sería la utilización de las funciones o medios de los que posee una persona –o grupo– para su provecho, muchas veces exuberante, tal y como se ha revelado que ocurrió en el caso del Municipio de Cataño.

El tema es complejo por la cantidad de modalidades que puede presentar: tráfico de influencias, contrabando, soborno, el uso privado de bienes públicos, la persecución y el castigo al inocente, y el premio a quien no lo merece, entre otros. La corrupción es y, debería considerarse alarmante porque representa la destrucción de la vida institucional, el desprecio por la legalidad y el triunfo de la ilegitimidad. Un gobierno y una sociedad corruptos no pueden aspirar a ser otra cosa más que un conjunto en putrefacción que con el pasar del tiempo hunde a un pueblo entero.

El concepto principal y sus consecuencias queda ilustrado con una metáfora sencilla que utiliza José Octavio López Presca, académico mejicano estudioso del tema – "la situación asemejaría la de unas polillas devorando una embarcación en medio del océano: cada uno de los insectos se beneficia hasta que la nave colapsa, y la totalidad de las polillas muere ahogada".

Ahora bien, ¿qué podemos decir sobre la corrupción en Puerto Rico? Sabemos que la lista de casos de corrupción es enorme, cada vez más graves y recurrentes. No ocuparé líneas en mencionarlos porque, seguramente, el lector recordará muchos hechos pasados y presentes de este grave problema. Pero sí podemos decir, sin temor a equivocarnos, que la corrupción se ha convertido en gran riqueza de pocos, conservación de los puestos e intereses de algunos que protegen a los primeros y el modo de proceder que aquellos que sin merecerlo pretenden trascender. Y trascender, como sea y a costa de lo que sea, con el menor esfuerzo y mérito posible, es un costo muy alto que muchas personas están asumiendo hoy, mediante la consigna: “el dinero huele bien venga de donde venga”, sin darse cuenta que lo fácil nunca se valora y nunca es sostenible, pero sí causa grandes vicios, placer efímero y superficialidades.

Es hora de atender este mal canceroso que carcome nuestra sociedad y nuestra estructura de gobierno convirtiéndola de un mecanismo creado para promover el bienestar social y la convivencia a un aparato mediante el cual se sirven unos pocos a costa de los demás. Es hora de que entendamos que hasta tanto no se atienda este mal y se extirpe de raíz, no lograremos restablecer la confianza de nuestra gente en sus funcionarios públicos y en su gobierno.

Nos toca a todos denunciar y atajar la corrupción. Desde los ciudadanos que forman parte del sector privado y ven cómo la corrupción trastoca los procesos de contratación gubernamental hasta los funcionarios públicos que ven como la corrupción trasciende en sus agencias, gobiernos municipales, corporaciones publicas, etc. Desde los candidatos y funcionarios electos hasta los partidos como parte de la evaluación de los hombres y mujeres a quienes se les concede el privilegio de aparecer en una papeleta bajo la insignia de la colectividad. Hasta tanto no entendamos que nos toca a todos atender este mal que nos carcome no comenzaremos a erradicarla. Hasta tanto no empecemos a erradicarla, no progresaremos y nos auto declararemos incapaces de brindarle un mejor futuro a los nuestros.

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