Segunda vuelta presidencial brasileña, ¿la última reinvención de Lula?

La contienda entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flavio Bolsonaro definirá no solo la presidencia de Brasil, sino también el rumbo institucional y político del país, en una elección con profundas implicaciones para la democracia brasileña

Segunda vuelta presidencial brasileña, ¿la última reinvención de Lula?
El presidente de Brasil y candidato a la reelección, Luiz Inácio Lula da Silva. EFE/ Sebastião Moreira

Metro Puerto Rico publica este artículo como parte de una colaboración con Latinoamérica21, una plataforma de opinión que reúne a una red plural de intelectuales y expertos de diversos países de América Latina.

La victoria del candidato de ultraderecha Flavio Bolsonaro en la primera ronda tomó por sorpresa a Lula, quien esperaba ganar la elección en primera vuelta. Todavía es difícil comprender cuál fue el sustento de estas expectativas.

Las encuestadoras reflejaban que la mayoría de los brasileños desaprobaba su gestión. De hecho, en las dos únicas ocasiones en que los petistas triunfaron en primera vuelta, 2006 y 2010, lo lograron arropados por la alta aprobación de su ejecutivo de turno, el propio Lula.

En Brasil, desde el retorno de la democracia, ningún candidato presidencial oficialista cuyo partido contaba con una percepción ciudadana negativa consiguió a la postre emerger victorioso. Y es que quien mejor impulsa la reelección de un presidente es el índice de aprobación.

La excesiva confianza podría haber resultado anecdótica de no haber seguramente contribuido al triunfo de Flavio Bolsonaro y el de su partido (Liberal) en ambas cámaras. Con el respaldo de sus aliados de derecha (Partido Progresista y Republicanos) los bolsonaristas pueden llegar a controlar el 59% de las cámaras con la opción incluso de cambiar a su favor la correlación de fuerzas dentro del Supremo Tribunal Federal.

Para colmo, la coalición ganadora de la primera ronda obtuvo también las gubernaturas de los estados más poblados y ricos. Según la politóloga brasileña Rivera Hoyos, el bolsonarismo ganó las condiciones para transformar un cambio de partido en un cambio de régimen.

Flavio Bolsonaro aún no tiene asegurado el poder ejecutivo. Pero los candidatos que ocuparon del tercero al quinto puesto en la primera vuelta, el psiquiatra y popular autor de libros de autoayuda Augusto Cury y los exgobernadores Ronaldo Caiado y Romeu Zema, anunciaron su respaldo al ultraderechista de cara a la segunda vuelta. Los antecedentes también parecen favorecer a Bolsonaro. En Brasil, ningún candidato presidencial que ha perdido la primera vuelta ha logrado revertir ese resultado en la segunda.

La elección presidencial no está decidida

El guion que siguen los acontecimientos en Brasil no necesariamente se ajusta al de la crónica de una muerte anunciada. Para la coalición de gobierno, algunos indicios son favorables.

La experiencia comparada muestra que cuando un presidente contiende por su reelección sucesiva su aprobación no tiende a quedar estancada o a retroceder sino a ascender significativamente. Con ello también crece su caudal de votación.

Rumbo a la segunda ronda de las elecciones presidenciales de 2014 en Colombia y Brasil la aprobación de los presidentes Juan Manuel Santos y Dilma Rousseff, respectivamente, subió varios puntos porcentuales contribuyendo al triunfo electoral de ambos.

Una tendencia similar se registró en los comicios presidenciales de 2019 en Argentina y 2022 en Brasil con los expresidentes Mauricio Macri y Jair Bolsonaro, pese a que ninguno de los dos le alcanzó para imponerse.

Gracias a una importante revaloración de su gestión desde las primarias hasta la primera vuelta, Macri logró evitar la debacle que auguraban los resultados preliminares obtenidos antes de la primera ronda.

Por su parte, la aprobación de Jair Bolsonaro pasó de ser inequívocamente negativa antes de la campaña a prácticamente ubicarse al mismo nivel que su desaprobación. Esta situación le permitió vender cara su derrota ante su adversario Lula al perder por una diferencia mínima.

En las tres semanas posteriores a la primera ronda en Brasil, en mayor o menor medida, las principales encuestadoras han comenzado a registrar un movimiento ascendente de la aprobación de Lula. De acuerdo con Datafolha, el 15 de octubre la medición reflejaba un empate técnico.

La gestión de Lula todavía no alcanzó una evaluación positiva, pero logró abandonar la zona de desaprobación. Lo interesante es que la medición es previa a la aprobación de la reforma constitucional que fija dos días de descanso por semana sin recorte salarial, una bandera central de la campaña de Lula. Un beneficio que alcanzará a 14 millones de brasileños.

Por otra parte, el experto Rovira Kaltwasser subrayó como una de las condiciones principales del ascenso al poder de la ultraderecha en la región el castigo de los votantes a los gobiernos, particularmente de izquierda. Ciertamente, en 2023 el kirchnerismo recibió un fuerte castigo capitalizado por Javier Milei.

En 2025 en Chile el gobernante Frente Amplio y su candidata Jeannette Jara resultaron apabullados por José Antonio Kast y el Partido Republicano. En cambio, en la primera vuelta presidencial brasileña, Lula y el PT perdieron por una diferencia menor a los dos puntos porcentuales. Este resultado muestra una derrota parcial extremadamente reñida en la que no percibimos necesariamente un castigo de los votantes.

Más que una elección

El significado de la segunda vuelta del próximo domingo posiblemente tenga un alcance superior al de cualquier otra elección. Dado el enorme poder institucional acumulado tras la primera ronda por el bolsonarismo, en caso de que también pasara a controlar el poder ejecutivo tendría la oportunidad de avanzar hacia el sometimiento de los contrapesos institucionales y la instauración de un régimen populista de derecha.

No hay que olvidar que hacia el final del mandato transcurrido entre 2018 y 2022 el bolsonarismo mostró su faceta más autoritaria llegando a amagar con desconocer los resultados electorales cuando le resultaron adversos. Y a la semana de la investidura de Lula en enero de 2023 el bolsonarismo orquestó un inédito ataque multitudinario contra los principales poderes del Estado.

A punto de cumplir 81 años de edad, el resultado de la segunda ronda podría terminar por perfilar los contornos del legado político de Lula. El final importa. La imagen de Lula entregando la banda presidencial al hijo de Jair Bolsonaro estaría lejos de resultar el mejor colofón. Casi 18 años de lulismo y petismo en el poder concluirían con la entrega de la máxima investidura justamente a su antítesis, el clan Bolsonaro.

A lo largo de su carrera política, Lula se vio obligado a reinventarse en múltiples ocasiones. Ganó por primera vez la presidencia en 2002 después de tres derrotas sucesivas.

En su primer gobierno consiguió que sus políticas sociales tuvieran luz verde logrando salir ileso del escándalo de corrupción “Mensalao”, que arrastró a la cárcel al ministro de la Presidencia José Dirceu, pero también al de Comunicación Luiz Gushiken, al de Transporte Anderson Adauto y a una docena de diputados.

Lula se las ingenió luego para, una vez concluidos sus dos mandatos, dejar como sucesora a la primera mujer en la historia en ocupar la presidencia de Brasil. En 2018 fue a la cárcel y tras año y medio logró la liberación para, en calidad de candidato presidencial, arrebatarle la presidencia a un mandatario de ultraderecha en funciones.

Ahora, a decir del periodista y politólogo Giancarlo Summa, Luiz Inácio Lula da Silva está ante su última y más difícil prueba de supervivencia. ¿Quedará margen para una última reinvención?

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