Análisis: Medalla de bronce con mensaje de oro

El futuro del baloncesto puertorriqueño dio otro golpe en la mesa para que su participación sea tomado en cuenta

Por Víctor Torres Montalvo

Los cambios generacionales en el deporte son necesarios para mantener el nivel competitivo de un país. Si queremos que el Coliseo Roberto Clemente continúe llenándose a capacidad y los fanáticos también defiendan su casa, el desarrollo de nuestros jóvenes tiene que ser prioridad.

La histórica medalla de bronce que la selección Sub-17 de baloncesto se colgó al cuello este pasado domingo fue otro golpe en la mesa de un amplio grupo de jóvenes que está pidiendo su lugar en más eventos internacionales. Y es que no fue una hazaña pequeña.

Significa el fin de una sequía mundialista en el baloncesto boricua, que ganó su primera presea en el 1997 de la mano de la Sub-22. Estos se alzaron con la medalla de plata.

Omar González, dirigente de este equipo, lloró junto a los chamacos luego del juego frente a Canadá, que culminó 90-77. Y es como él dijo —"ustedes no saben lo que han hecho por su país".

Pero el país sí sabe lo que hicieron.

Según el último ranking juvenil de la FIBA, las cinco victorias de Puerto Rico (#15) fueron contra Canadá (#2), Turquía (#6), China (#12), Montenegro (#22) y República Dominicana (#23). Solo perdimos contra Australia (#9) por dos puntos y contra Francia (#7) por cinco. Es decir, nos medimos ante potencias mundiales y mostramos el nivel que tenemos.

Estos jóvenes, así como los de la Sub-18 que recientemente clasificaron a la Copa del Mundo Sub-19, merecen un programa dedicado como el que tenía Georgie Rosario cuando estaba encargado de la formación en la Federación de Baloncesto.

El desarrollo de André Curbelo, Tory San Antonio, Víctor Rosa, Jermaine Miranda y Phillip Wheeler tiene que estar guiado por una visión de futuro por una vez y por todas. Igualmente, el futuro de los colegiales como Iván Gandía, Arnaldo Toro, Leandro Allende y Georgie Pacheco —por mencionar algunos— dependen de un compromiso más allá del hablado.

Si eso no ocurre, los chamacos se desmotivarán y la selección será de poco interés en sus carreras profesionales. Muchos de estos jóvenes, y de la selección Sub-18 que recientemente clasificó para la Copa del Mundo Sub-19, tienen muy bien definido sus planes en las escuelas donde juegan y en las universidades donde ya les han ofrecido una posición en los equipos.

La Federación de Baloncesto tiene que hacer lo propio y darle seguimiento al viaje que Eddie Casiano y González realizaron en enero pasado para hacer contactos con los colegiales en Estados Unidos. Pero también buscar talento local y no despreciar los universitarios que la Liga Atlética Interuniversitaria (LAI) tiene. La contestación de Yum Ramos, presidente de la federación, cuestionando si los jugadores de la LAI querían representar a la isla preocupa muchísimo.

Hay que darles importancia y hay que motivarlos, pero hay que sacrificar y tener paciencia. Si lo hacemos, las medallas y el orgullo caerán por sí solas.

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