Opinión: ¿Es el "doble paso" el nuevo amor?

Ayer una buena amiga, una amiga de la época de los parties de marquesina, me mostró un video del “doble paso”. ¿Doble paso? Casi tiene el nombre de un baile de salón, solo que parece una especie de ritual de apareamiento, un ritual parecido al de un caballo. En la época de los parties de marquesina, los boleritos, un reggae que otro, que nos diera esa sensación de portarse “mal”, pero en la sana idea de gozarlo, era con lo que uno imagina el amor. Creo que uno puede bailar como lo sienta, siguiendo el ritmo de la música y dejando que las palpitaciones del corazón hagan mover el cuerpo. Al moverse, que se haga sin medidas y con el único gesto de acariciarlo mientras se baila.

Desde culturas ancestrales, bailar mirando el cielo y alrededor de una fogata era considerado como una sanación. Bailar para agradecer a la vida era gozar, sentir el viento, el movimiento de otros seres alrededor en un espacio compartido, un espacio compartido en una emoción en común: la música. Al mirar el video, mis ojos no se dirigieron a la música; mi corazón no palpitó para moverme, sino para preguntarme: “¿Qué es lo que hoy significa el amor?”.

En esos parties de marquesina, uno iba con la bonita “ilusión” de tener un amigo-vio, no una jeva, un jevo, una yal, un princeso y no sé cuántos otros términos que desatan un corte en la ilusión de querer ser parte de la vida de alguien, de soñar con amar  a alguien, a muchos, a todos. El amor está medido, entonces, en llegar a una playa a la luz del día, prender las bocinas y comenzar a golpear con nuestros miembros genitales a otro ser humano en sus miembros genitales como proceso previo, post o, en ocasiones, durante el sexo.

A mí me gustan los hombres que prefieren el escote, los hombres que prefieren imaginar, que prefieren lograr una conquista, no los que pasan el mínimo esfuerzo por llegar a un punto egoísta y desenamorado que solo se reduce a un acto, un acto que ya no puede ni siquiera llamarse sexo, sino un casi ritual de apareamiento.

A mí me gustan los boleritos apretados y bailarlo con el hombre que yo quiero, paso a paso, a mi ritmo y a un ritmo compartido.  A mí me gusta el hombre a quien le importo y, sobre todo, que me quiera.  He tenido el beneficio de haber crecido rodeada de hombres, hombres buenos a los que he amado y amo profundamente. Viendo el  “doble paso” me pregunto: “¿Dónde quedó ese bolerito apretado, esos hombres a los que uno les importa y a ti te importan?”. En realidad va más allá de los hombres: ¿qué pasó con EL SER HUMANO y soñar con el amor?

Cuando Poe empiece a bailar, quiero que baile al son de la emoción musical y que, cuando quiera compartirlo con alguien sintiendo la respiración del otro en el cuello y la mano en la espalda, poco a poco, paso a paso, como en la música, que lo haga deseosa de imaginar lo que GUARDA el amor.

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