La prevención del dengue pediátrico debe comenzar antes de los meses de mayor riesgo, lo que cobra mayor importancia tras epidemias en Puerto Rico, donde la acumulación de agua puede convertirse en criaderos de mosquitos.
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Aunque el dengue suele aumentar entre septiembre y noviembre, la orientación a las familias debe adelantarse a ese repunte, recomendó el pediatra Diego Sainz de la Peña, quien participa desde hace más de ocho años en estudios de vigilancia de esta enfermedad viral transmitida por el mosquito Aedes aegypti, en colaboración con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés).
El director médico del Hospital Auxilio Pediátrico indicó que, para prevenir epidemias de dengue, “hay que dejarle saber a la población con mucha antelación lo que estamos viendo”, al destacar la importancia de la vigilancia temprana.
“Nosotros en Auxilio Mutuo tenemos un estudio, en conjunto con los CDC, en el que estamos mirando el dengue desde hace más de ocho años. Estamos interesados en mirar esta enfermedad como un problema serio en el mundo”, añadió.
Aunque actualmente predominan otros cuadros como influenza tipo B y condiciones respiratorias asociadas a altos niveles de alérgenos, el dengue requiere atención preventiva desde antes de que comiencen a observarse aumentos sostenidos en los casos.
“Cuando empieza a subir la cantidad de casos es que vamos a tener problemas y eso se le puede dejar saber a la población desde el punto de vista de salubridad. La experiencia clínica y la vigilancia epidemiológica permiten identificar tendencias antes de que el aumento de casos represente una mayor carga para las familias y los servicios de salud”, aseguró.
Como parte de las medidas de prevención, el pediatra recomendó a los padres eliminar agua acumulada en tiestos, gomas, cubos, neveras y otros recipientes; revisar patios, balcones y alrededores de la vivienda; usar repelente adecuado según la edad del menor; vestir a los niños con ropa que reduzca la exposición a picaduras; y acudir al médico si presentan fiebre alta, dolor de cabeza, dolor detrás de los ojos, dolor muscular, sarpullido, vómitos, decaimiento marcado o señales de deshidratación.





