El temporal que no termina
Lea aquí la columna del expresidente del PPD
Puerto Rico ha vivido demasiadas crisis: huracanes, terremotos, una pandemia, la quiebra gubernamental y el colapso de servicios esenciales. Sin embargo, nuestra mayor tragedia quizás no sea la frecuencia de las emergencias, sino la incapacidad de convertirlas en puntos de partida.
Las crisis destruyen, pero también obligan a decidir. Rompen inercias, concentran recursos y abren oportunidades para corregir lo que durante años se dejó deteriorar. Después del huracán María, Puerto Rico recibió acceso a una cantidad extraordinaria de fondos para reconstruir carreteras, escuelas, hospitales, viviendas, sistemas de agua y la red eléctrica. Era la oportunidad; dolorosa, pero histórica; de levantar un país más moderno y resistente.
Casi una década después, demasiadas obras siguen atrapadas entre diseños, permisos, revisiones, subastas, cambios de alcance y disputas administrativas. El dinero existe; lo que ha faltado es la capacidad de convertirlo en construcción terminada.
Los datos oficiales retratan esa realidad. Según el informe más reciente de COR3 al Congreso, a marzo de 2026 FEMA había obligado aproximadamente $35,600 millones de participación federal para la recuperación por María, pero solo se habían desembolsado cerca de $11,000 millones. En las obras permanentes, de aproximadamente $27,900 millones obligados, se habían desembolsado alrededor de $5,100 millones.
En el sistema eléctrico, la U.S. Government Accountability Office (GAO) informó que FEMA había obligado cerca de $11,100 millones desde 2017, mientras COR3 había desembolsado aproximadamente $2,700 millones. No son cifras para repartir culpas fáciles. Son la medida de la enorme distancia entre asignar, diseñar, contratar y finalmente construir.
Hay obstáculos reales: requisitos federales complejos, falta de trabajadores, inflación, escasez de materiales y limitada capacidad técnica. Pero después de tantos años, identificarlos ya no basta. Gobernar consiste precisamente en removerlos.
Cada proyecto que se retrasa cuesta más y rinde menos. Una escuela cerrada, una carretera vulnerable o una subestación sin reconstruir no son expedientes pendientes: son servicios que la ciudadanía continúa pagando sin recibir.
María duró horas. El temporal de la incapacidad de ejecución lleva casi una década. Puerto Rico consiguió algo extraordinariamente difícil: los recursos para reconstruirse. Lo imperdonable es que, teniendo el dinero y conociendo las necesidades, dejemos pasar también esta oportunidad.

