María dejó una costa más expuesta a futuros huracanes

Advierten sobre la erosión y el deterioro de barreras naturales, mientras plantean reducir el impacto de futuros fenómenos atmosféricos.

Por Paola N. Sierra Gelpí

17 sept, 3:00 am 4 min de lectura
María dejó una costa más expuesta a futuros huracanes
Suministrada.

A nueve años del paso del huracán María, el impacto sobre las costas de Puerto Rico no se quedó en lo que ocurrió aquel 20 de septiembre de 2017. En distintos municipios costeros, la pérdida de la orilla cambió el paisaje y acercó el mar a las comunidades y carreteras, y también provocó el colapso de estructuras cercanas al mar.

La playa Córcega, en Rincón, sufrió una grave erosión costera que provocó la pérdida de arena y el colapso de estructuras en áreas que solían ser utilizadas por los bañistas. Mientras algo similar ocurrió con el desplome del Paseo Lineal frente a Puerta de Tierra en San Juan.

Luego del catastrófico fenómeno, la lenta reconstrucción no se remonta únicamente a la crisis de servicios esenciales y de vivienda, sino que toda la zona costera ha sufrido el deterioro de las barreras naturales y la misma playa.

Para el activista ambiental y gerente de programas de Surfrider Foundation, Héctor “Tito” Varela, la geografía de la costa sin sus barreras naturales presenta una amenaza para las comunidades que viven cerca del litoral. Recordó que en la costa de Rincón, por ejemplo, se desplomaron más de 10 condominios y viviendas e impactaron el mar.

“La costa está sumamente erosionada y lo hemos visto del huracán para acá, y a mí honestamente me preocupa un montón un próximo huracán que venga de fuerte categoría, porque vamos a tener un Córcega en diferentes partes de Puerto Rico”, explicó el activista a Metro Puerto Rico.

Del mismo modo, señaló que el colapso del tramo del Paseo Lineal en Isabela “se cayó porque no tenía una barrera que lo protegiera”.

El secretario del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), Waldemar Quiles Pérez, en una entrevista por separado, también coincidió con los estragos que provocó María en las costas.

“Hubo pérdida de arena, la línea de costa retrocedió, las dunas se alteraron sustancialmente y otros sistemas costeros, todos víctimas de María. Sin lugar a dudas hubo un efecto grande. La costa se echó hacia atrás en algunos sitios, hubo mucha pérdida de arena en otros, y fue un evento fuerte, fuerte, bien fuerte”, recordó.

Varela, por su parte, recalcó que el huracán de categoría 5 evidenció la importancia de conservar los ecosistemas costeros frente al impacto de los fenómenos atmosféricos.

“Desde esa perspectiva, creo que el huracán ha sacado a la luz la necesidad de hablar de estas barreras naturales del Caribe (y) la importancia de ellas, porque sabemos que si se protegen, se preservan, se restauran y se cuidan, vamos a tener una costa más segura para poder recibir el embate de los huracanes”, explicó Varela quien también es parte de la iniciativa Jardín de Olas, un centro de investigación ecológica y restauración costera ubicado en el barrio Bajura en Isabela.

El gerente de programas de Surfrider Foundation explicó, además, que los arrecifes ayudan a retener la fuerza de las olas que van tierra adentro. Asimismo, explicó que las hierbas marinas, además de mejorar la calidad del agua y estabilizar el fondo marino, ayudan a retener las olas que vienen “embravecidas” desde el océano.

“Si estas barreras no están saludables, vamos a tener los efectos de la destrucción de la carretera, entre otros, en la región norte y en todo Puerto Rico”, señaló.

La erosión costera como resultado evitable

Aunque el secretario de DRNA indicó que la agencia trabaja para identificar estructuras que hayan colapsado y se encuentren en la orilla del mar, ya el municipio de Isabela junto con los miembros de la comunidad del barrio Jobos iniciaron, este lunes, la hazaña de remover estos escombros y limpiar las costas.

Por otro lado, el titular de DRNA explicó que, ante la erosión costera en Parcelas Suárez, Loíza, se evalúa el uso de estructuras blandas tipo trackbacks que pueden rellenarse con arena, piedra u hormigón. A diferencia de los revestimientos de roca, estas estructuras buscan disipar la energía de las olas en lugar de desviarla hacia otras zonas.

“Puedo poner los trackbacks y en la parte de atrás creo la duna, siembro vegetación de duna y esa duna se convierte en algo fuerte que protege la costa. Una vez tiras la piedra, te restringe mucho lo que puedas hacer allí. Así que pues estamos trabajando nosotros ahora con esto”, explicó Quiles Pérez.

Sobre esto, Varela opinó que la solución no debe centrarse en colocar barreras, debido a que las bolsas eventualmente se rompen y dispersan plástico. En cambio, planteó realizar un deslinde de la zona marítimo-terrestre (ZMT) con expertos objetivos, en colaboración con las organizaciones y comunidades, para establecer hasta dónde llegó el impacto del huracán y evitar nuevas construcciones en áreas de riesgo.

“A mi interpretación, aquí lo que hay que hacer es un deslinde de la zona terrestre que ya tenemos, a mi entender funciona, es simplemente poder concretarlo”, afirmó. Sin embargo, reconoció que la zona de Loíza es un área severamente impactada por lo que “es mínimo lo que vamos a poder en contra de la naturaleza y que impide que haya un crecimiento o desarrollo de sus barreras naturales”.

“Si nosotros utilizamos el deslinde, la zona marítimo terrestre para que sea un área de amortiguamiento; el arrecife, las hierbas marinas, las dunas y los manglares, se van a encargar de detener esta ola, se van a encargar de forma natural”, dijo Varela.

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