Una nueva sesión. ¿Una nueva relación?
Lee aquí la columna del exrepresentante por el PPD, abogado y comunicador
El inicio de una nueva sesión legislativa suele venir acompañado de listas de proyectos pendientes, prioridades gubernamentales y debates sobre lo que podrá aprobarse antes de que termine el año. Esta vez, sin embargo, hay otra historia que merece igual atención: la relación entre el Senado y La Fortaleza.
La sesión comienza luego de la salida de Francisco Domenech de la Secretaría de la Gobernación, figura que, durante los pasados meses, estuvo en el centro de algunas de las controversias más intensas entre ambos poderes. Su salida, y la llegada de Norma Burgos a esa posición, crea la oportunidad para una especie de reinicio político.
La pregunta es si realmente ocurrirá.
Durante este cuatrienio, el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, ha asumido un rol poco común frente a una gobernadora de su propio partido. Lejos de convertirse en un aliado automático de La Fortaleza, ha sido uno de sus principales fiscalizadores. Investigaciones, requerimientos de información, cuestionamientos públicos y fuertes diferencias han caracterizado una relación que, por momentos, ha parecido más propia de un gobierno compartido entre partidos distintos.
Ahora comienza una etapa interesante.
Si con la salida de Domenech disminuyen las confrontaciones, podríamos descubrir que buena parte del conflicto respondía a aquella dinámica particular. Si, por el contrario, continúan con igual intensidad, quedará demostrado que las diferencias son mucho más profundas y que trascienden los nombres que ocupan posiciones en La Fortaleza.
Pero existe otro elemento imposible de ignorar: el futuro político de Rivera Schatz. Su nombre aparece cada vez más en la conversación sobre una posible candidatura a la gobernación en 2028. Eso provoca que cada diferencia con Jenniffer González pueda tener dos lecturas: la legítima fiscalización que corresponde al Poder Legislativo o el posicionamiento de quien eventualmente pudiera convertirse en su principal retador dentro del Partido Nuevo Progresista.
Ambas cosas, incluso, pueden coexistir.
Fiscalizar al Ejecutivo no debe interpretarse automáticamente como deslealtad política. La separación de poderes existe precisamente para evitar que compartir partido convierta a la Legislatura en una extensión de La Fortaleza.
Pero gobernar también exige construir consensos.
Por eso, más allá de los proyectos que finalmente apruebe el Senado, esta sesión contestará una pregunta mucho más interesante: ¿veremos el comienzo de una relación más estable entre ambos poderes o los primeros capítulos de la primaria de 2028?
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