El verdadero examen comienza fuera del salón
Lee aquí la columna del exrepresentante por el PPD, abogado y comunicador
Miles de estudiantes puertorriqueños regresan esta semana a las aulas con mochilas nuevas, uniformes planchados y la ilusión que siempre acompaña el inicio de un nuevo año escolar. Como cada agosto, la conversación pública gira alrededor del estado de las escuelas, el transporte escolar, los comedores y el reclutamiento de maestros. Todos son asuntos importantes. Pero quizás estamos dejando fuera la pregunta más trascendental: ¿estamos preparando a nuestros estudiantes para el mundo en el que les tocará trabajar?
El mercado laboral que encontrarán dentro de diez o 15 años será muy distinto al que conocemos hoy. La inteligencia artificial está transformando profesiones completas. La automatización redefine industrias. La ciberseguridad, el análisis de datos, la robótica, la biotecnología y las energías renovables generan nuevas oportunidades mientras otras ocupaciones desaparecen o cambian radicalmente.
Ante esa realidad, la educación pública debe verse como mucho más que un sistema para transmitir conocimientos. Debe convertirse en la principal estrategia de desarrollo económico del país. Ninguna reforma contributiva, ningún incentivo económico y ningún proyecto de infraestructura tendrá un impacto duradero si Puerto Rico no desarrolla el talento que demandará la economía del futuro.
Eso no significa abandonar las materias tradicionales. Al contrario. Significa fortalecerlas mientras incorporamos competencias que serán indispensables: pensamiento crítico, resolución de problemas, alfabetización digital, uso responsable de la inteligencia artificial, programación, emprendimiento, idiomas y educación financiera. También implica estrechar la relación entre las escuelas, las universidades y el sector productivo para que la formación académica responda a las necesidades reales del mercado.
La discusión educativa no puede limitarse a cuántas escuelas abren ni a cuántos estudiantes se matriculan. Debe centrarse en cuántos jóvenes estarán preparados para competir con profesionales de cualquier parte del mundo sin tener que abandonar Puerto Rico para alcanzar sus metas.
Cada nuevo año escolar representa una oportunidad para construir el futuro del país después de la quiebra y de PROMESA. El verdadero éxito del sistema educativo no se medirá cuando suene el último timbre de mayo. Se medirá cuando esos estudiantes puedan construir una economía más fuerte, innovadora y competitiva desde Puerto Rico.
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