25 de julio: la próxima transformación de Puerto Rico
Lee aquí la columna del exrepresentante por el PPD, abogado y comunicador
Hay fechas que pertenecen al pasado. Otras, en cambio, nunca terminan de irse. El 25 de julio es una de ellas.
Para unos, representa el inicio de una nueva relación política con Estados Unidos tras el desembarco de 1898. Para otros, simboliza la Constitución del Estado Libre Asociado aprobada en 1952. También, es una fecha asociada al debate sobre el estatus político y la identidad nacional.
Pocas fechas concentran tanta historia, tantas interpretaciones y tantas emociones como esta.
Sin embargo, mientras seguimos discutiendo lo que ocurrió hace más de un siglo o hace más de siete décadas, el mundo avanza a una velocidad sin precedentes.
La inteligencia artificial está transformando economías. La competencia global por atraer inversión es cada vez más intensa. La ciberseguridad se ha convertido en un asunto de seguridad nacional. Los cambios demográficos amenazan la sostenibilidad fiscal, y el talento joven continúa emigrando. A ello, se suma que Puerto Rico todavía enfrenta las consecuencias de su quiebra, una crisis persistente en servicios esenciales como la energía, el agua, la salud y la infraestructura, mientras el mundo atraviesa profundas transformaciones geopolíticas que están redefiniendo el comercio, las cadenas de suministro, la inversión y las prioridades de seguridad nacional. Ninguno de esos desafíos espera a que Puerto Rico resuelva sus diferencias políticas.
Eso no significa que el debate sobre el estatus carezca de importancia. Por el contrario; la definición de nuestra relación política con Estados Unidos tiene implicaciones jurídicas, económicas y sociales profundas. Pero también es cierto que cualquiera que sea la visión de futuro de cada ciudadano, el país necesita construir, desde ahora, las capacidades que le permitan competir y prosperar en el nuevo escenario global.
El 25 de julio de 1952 marcó un antes y un después en la historia institucional de Puerto Rico. Más allá de las distintas posturas sobre el Estado Libre Asociado, aquel momento representó una decisión de transformar la forma en que el país se organizaba para enfrentar los retos de su época.
Quizás esa sea la lección más valiosa que nos deja esta fecha. Los pueblos avanzan cuando tienen la capacidad de reinventarse frente a los grandes desafíos de su tiempo.
Hoy, Puerto Rico necesita otro punto de inflexión. No necesariamente uno definido por el debate del estatus, sino por una estrategia clara de desarrollo económico, innovación, modernización gubernamental y fortalecimiento de los servicios esenciales. Necesitamos un país que facilite la inversión, forme y retenga talento, incorpore la inteligencia artificial con gobernanza y responsabilidad, fortalezca su infraestructura crítica y recupere la confianza de sus ciudadanos en las instituciones públicas.
Porque llegará el momento en que las generaciones futuras juzgarán menos nuestras discusiones sobre el pasado y mucho más si fuimos capaces de aprovechar este momento para construir un Puerto Rico más competitivo, resiliente y preparado para el futuro.
Más columnas por Jesús Manuel Ortiz:
- La inteligencia artificial no esperará por Puerto Rico
- La inversión que no se ve
- ¿Cómo se mide una sesión legislativa?
Las opiniones expresadas aquí no son responsabilidad de VISION NEWS MEDIA, LLC.


