¿Cómo se mide una sesión legislativa?

Lee aquí la columna del exrepresentante por el PPD, abogado y comunicador

Por Jesús Manuel Ortiz

2 jul, 4:00 am 2 min de lectura
¿Cómo se mide una sesión legislativa?
Jesús Manuel Ortiz + columnista

Con el cierre de una nueva sesión legislativa, volverán los balances de rigor. Escucharemos cuántos proyectos se radicaron, cuántos fueron aprobados, cuántos se convirtieron en ley y cuáles quedaron pendientes. Es el lenguaje habitual de la política. Sin embargo, esas cifras, aunque útiles para documentar el trabajo legislativo, dicen muy poco sobre su verdadero impacto.

Una sesión legislativa no debería medirse por la cantidad de leyes aprobadas, sino por la calidad de los cambios que produce.

La primera pregunta debería ser si el país quedó en mejores condiciones para crecer económicamente. ¿Se aprobaron medidas que impulsen la inversión, la innovación, la creación de empleos, la competitividad; o incluso medidas que impacten de verdad de los servicios más básicos que la gente recibe? Sin desarrollo económico sostenido y sin calidad de vida, cualquier avance será temporal.

La segunda evaluación debe centrarse en el funcionamiento del gobierno. Cada ley debería contribuir a un estado más ágil, menos burocrático y más eficiente. Cuando los procesos siguen siendo lentos y complejos, las reformas pierden gran parte de su valor.

También corresponde preguntarse si la Asamblea Legislativa fortaleció las instituciones públicas. La confianza ciudadana no se construye con discursos, sino con normas que promuevan la transparencia, la rendición de cuentas y un mejor desempeño gubernamental.

Igualmente importante es determinar si la agenda legislativa atendió los problemas estructurales que impiden el desarrollo del país o si se concentró únicamente en responder a las controversias del momento. Puerto Rico continúa enfrentando desafíos profundos en desarrollo económico, energía, infraestructura y productividad. Las decisiones legislativas deberían acercarnos a resolver esas realidades, no simplemente administrar la coyuntura. Finalmente, a partir de 2017, toda sesión debería evaluarse con una pregunta de largo plazo: ¿el país quedó mejor preparado para no repetir los errores que desembocaron en la crisis fiscal y la supervisión impuesta por PROMESA? Esa es, probablemente, la prueba más importante de todas.

En esta sesión legislativa, como en casi todas, se aprobaron medidas de impacto positivo; decir lo contrario sería mezquindad. Pero no hay medidas de alto impacto como una reforma contributiva, cambios significativos en el sistema de permisos, o reformas estructurales que cambien el funcionamiento gubernamental luego de PROMESA.

En fin, las leyes son herramientas, no objetivos. El éxito de una Asamblea Legislativa no se mide por el número de estatutos aprobados, sino por su capacidad para transformar positivamente la realidad del país. Al final, la mejor legislación no es la que más titulares genera, sino la que produce resultados que los ciudadanos pueden percibir mucho después de concluida la sesión.

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