Opinión

La nueva derecha puertorriqueña

Lee la primera columna en el espacio semanal “Desde otro prisma” escrita por académicos de las Ciencias Sociales con énfasis en Ciencias Políticas.

Luz del Alba Acevedo

La noción de una nueva derecha política trasciende el proyecto neoliberal de políticas de ajuste fiscal, liberalización económica y reducción de la intervención del estado en la economía y la sociedad. A partir de la segunda década del siglo veintiuno, la agenda de la “nueva derecha” va más allá del fundamentalismo de mercado y el “laissez faire”.

En Europa y Estados Unidos la nueva derecha se caracteriza como nacionalista, antiglobalista, negacionista del cambio climático, racista, xenofóbica, antidemocrática, autoritaria, populista y anti-establishment. En América Latina comparten algunas de estas visiones, pero se privilegian las posiciones de fundamentalismo religioso, la oposición al aborto, el rechazo a las vacunas, rechazo de matrimonios del mismo sexo y la oposición a la perspectiva de género en la educación. A partir de las elecciones del 2020, aparece una nueva derecha conservadora en el panorama electoral puertorriqueño.

Tradicionalmente la política puertorriqueña define posiciones de derecha, centro e izquierda con respecto a las preferencias de estatus político. El anexionismo es la derecha, el estadolibrismo es el centro y la independencia la izquierda. En las elecciones de 2020 los dos nuevos partidos que accedieron a la legislatura—Proyecto Dignidad (PD), y el Movimiento Victoria Ciudadana (MVC)—no se sitúan de forma tradicional en el espectro de la política de estatus. La ausencia de una clara mayoría en las elecciones de 2020 viabilizó que las minorías de derecha y centro-izquierda, PD y MVC ganaran seis escaños legislativos y desplazaran los ejes del conflicto político a asuntos sobre los derechos democráticos de las mujeres y las minorías sexuales.

La crisis creada por el modelo de gobernanza neoliberal se convirtió en el caldo de cultivo para el surgimiento de la nueva derecha como alternativa político-partidista. En un ambiente de desasosiego económico y frustración social el PD emerge como alternativa al desarraigo cultural y político que experimentan los puertorriqueños y sus familias. Es el momento oportuno para capturar el imaginario político apelando al individuo, a la familia, a la buena gobernanza y a las libertades del mercado que posibiliten cambios en la debilitada democracia colonial.

El PD aglutina sectores sociales conservadores de diversas ideologías religiosas principalmente pentecostales, neopentecostales y católicos. Convoca principalmente conservadores anexionistas y “estadolibristas” desafectos del Partido Nuevo Progresista y el Partido Popular Democrático. Su base social está enraizada en diversos grupos religiosos que se han organizado a través del tiempo para denunciar y promover sus visiones en torno a la sexualidad y la familia como ente fundamental de la sociedad. Parte del liderato de organizaciones religiosas fundamentalistas fungieron como asesores de política pública de la Administración de Pedro Rosselló participando en los llamados desayunos ecuménicos.

De la relación clientelista entre la gobernación de Pedro Roselló y líderes fundamentalistas surgieron medidas de política pública que les favorecieron: la orden ejecutiva para establecer la práctica de los 5 minutos de meditación en las escuelas públicas y la venta de terrenos públicos a las iglesias por un dólar. En 2012 el gobierno de Luis Fortuño aprobó la creación de la Oficina de Base de Fe y Comunitaria en los municipios. Siguiendo los pasos de su padre, el gobernador Ricardo Rosello creó la Oficina del Tercer Sector y Base de Fe adscrita a la Fortaleza en 2018.

La derecha fundamentalista religiosa experimentó contradicciones con los gobiernos PNP sobre medidas como la distribución de métodos contraceptivos a estudiantes de escuela superior. No obstante, mantuvo su apoyo a éstos a pesar los problemas de mala gobernanza y corrupción.

El distanciamiento entre la nueva derecha y el PNP que lleva a la creación del PD inicia en 2017 cuando el gobernador Ricardo Rosselló crea el Consejo Asesor de Asuntos LGBTT mediante orden ejecutiva. El conflicto sobre las medidas haciendo compulsorios el uso de mascarillas y la vacunación contra la COVID19, parecen haber sido el punto de ruptura final.

El PD se consolida en medio de la pandemia. Como movimiento de “nueva derecha” se diferencia de los partidos tradicionales usando un discurso populista de nuevo cuño en torno a la vida, la familia y la niñez mientras se distancia de la discusión del estatus para posicionarse como un movimiento político competitivo y legítimo desde el punto de vista democrático.

La estrategia de la nueva derecha ha sido iniciar una batalla de ideas presentadas como verdades científicas pero cuyo propósito es afianzar la moralidad religiosa en el terreno de la política y la cultura. Esta guerra de posiciones no incide únicamente en el plano electoral, sino que penetra la cotidianidad sociopolítica de los individuos encaminada a cambiar percepciones, afectos y visiones del mundo. Se trata de “naturalizar” una política conservadora con el propósito de facilitar cambios en la política pública, las normas y el derecho. La nueva derecha propone desreglamentar la economía y reglamentar la sociedad mediante la erosión de los derechos adquiridos por los individuos. Esto constituye un asecho a la “democracia” colonial y un ataque político al feminismo y a los derechos de las mujeres y las minorías sexuales.

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