Opinión: Las Kardashians: La noticia como espectáculo
“Dicen que no tengo talento… ¡Traten de balancear una copa de champán en su trasero!”. Ese fue el Twitter que publicó Kim Kardashian en respuesta a los miles…
Por Mariliana Torres @MarilianaTorres
“Dicen que no tengo talento… ¡Traten de balancear una copa de champán en su trasero!”. Ese fue el Twitter que publicó Kim Kardashian en respuesta a los miles de insultos y mofas que ha recibido desde que se publicaron las fotografías donde dejaba expuesto para el espectáculo de masas sus masas.
Para quien no conozca a Kim Kardashian, les digo que es una joven madre no exenta de cirugías estéticas, miembro del clan Kardashian que se dedica a vender su imagen. Ella ha convertido su vida íntima en un espectáculo para el consumo de una audiencia que entiende que esa es la vida perfecta. Como es evidente, Kardashian rinde culto a su cuerpo, que a su juicio es perfecto, pero para sus críticos es deforme debido al excesivo volumén en las nalgas. Dicen por ahí que su voluptuosidad no es natural, o sea, que la cirugía estética es su mejor amiga. Cuando su imagen aparece en los medios de comunicación ocurre un fenómeno de cultivo televiso. Durante ese ir y venir se le observa disfrutar con placer de las miradas y la idolatría que le rinde la cultura pop. Sin embargo, la Kim es una verdadera hija de todos los medios que acogieron su vulgaridad y la venden hasta la saciedad. Es un claro ejemplo del poder que ejercen los medios de comunicación para formar gustos y domesticar a las personas.
Para aquellos que les gusta observar, estudiar e investigar el comportamiento de las audiencias, el clan Kardashian es un suculento plato por su poder de influencia a largo plazo en el individuo. El problema es que muchos y muchas piensan que su estilo de vida es un modelo a seguir. Ese control social se basa en que las personas reaccionan al ambiente que se les ofrece como referencia. Me parece igual de atractivo el estudio de su visión empresarial. Las imágenes de alcoba enriquecieron y cimentaron el imperio que hoy goza ella y su familia. Es decir, ella vive del que dirán porque los medios de comunicación le compraron su contenido, el cual divulgaron hasta la saciedad ocasionando en la audiencia una costumbre desenfrenada. Quizá, ella nunca se imaginó el cultivo televisivo que ocasionaría la publicación de su llamada realidad social como noticia. Las características peculiares de su vida la hacen más persuasiva que toda la demás información. Ese fenómeno consiste en que mientras más la audiencia absorbe esos contenidos simplistas más se produce una aculturación de esas representaciones. Esto es muy peligroso en una sociedad donde hoy día los pequeños están expuestos a todo tipo de información sin filtros.
Como ven, en ese acto casi enfermizo de adorar a los Kardashians tienen mucha culpa los medios de comunicación que le otorgaron valor de entretenimiento a su mensaje, provocando una desvaloración de la formación crítica de la audiencia. En otras palabras, las personas optaron por la superficialidad de la noticia versus la noticia de fuerte contenido informativo que nutre la inteligencia del ser humano. Nuevamente observamos cómo resurge el debate de si los medios transmiten lo que la audiencia quiere ver o si por el contrario las personas consumen lo que los medios imponen. Destaco que uno de los objetivos de los medios de comunicación es el entretenimiento, por lo cual no es defectuoso trabajar ese contenido noticioso pero lo que sí constituye un problema es tratar la información como un asunto trivial.
¿Sabía usted que las fotos del trasero de la Kardashian como bandeja de champán es una representación de otra fotografía que se realizó hace 38 años? ¿Sabía usted que el fotógrafo del trasero de la Kardashian, Jean Paul Gouden, tiene fascinación por las espaldas de las mujeres porque le recuerdan los traseros de los caballos? Hay que preguntarle a la Kardashian si lo sabía.
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