Opinión: Éramos muchos y llegó el Chickungunya

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

23 jul 2014, 12:00 am 4 min de lectura

Debe ser bien malo con ese nombre. Me puse a buscar el otro día, y aunque por estas costas el virus es relativamente nuevo, su existencia se remonta a la década de los 50, por allá por Tanzania. Mucho tardó en volar.
 
El origen de la palabra me causa  mucha curiosidad. Ustedes ya saben que me hago una novela de cualquier dato, así que le he llamado “chimpuncallao”, “chicken pots”, “chicken pot pie”. O simplemente “chick”. Me ha dado trabajo darle la bienvenida. Es como querer saludar a un nuevo visitante y que se llame Schwarzenegger. Cuesta en un principio, aunque te acostumbres después.
 
Lo más curioso es la definición. “Chickungunya” significa “become contorted”, en otras palabras: “quedar doblao”. Y es precisamente eso lo que hace. Te deja doblao, jorobao, chavao.
 
Cuando mi esposo llegó de Argentina a Puerto Rico, no sabía por qué le llamábamos “monga” a la influenza. Hasta que le dio una. Todavía al día de hoy asegura que eso no da en su país, que la monga es una enfermedad caribeña que te rompe los huesos, te da una pela, te hace pasar un camión por encima y te deja boludo por un par de días. Hace sentido. Te la deja monga… la vida.
 
Por lo que veo, el chickungunya es una monga, versión extendida. Leí que tarda muchos más días en el cuerpo y que los dolores tipo artríticos pueden permanecer en tus coyunturas tanto como hasta por un año, en el peor de los casos.
 
Tengo una amiga con chickungunya, irónicamente una periodista que antes de ser diagnosticada escribió “ríos de tinta”, como dice ella, sobre el tema. Ella no lo sabe, pero en este momento yo quisiera estar cuidándola y llevarla al médico y al laboratorio. Por solidaridad, sí, pero también por presentamiento.
 
Me cuenta que ella cree que son muchos más casos de los que las autoridades de salud admiten o reconocen públicamente. Que estando en el hospital y en el laboratorio se ha encontrado con mucha gente doblá, compartiendo experiencias de cómo le comenzó a cada cual, y descifrando varitas mágicas y ungüentos alegadamente curativos. Y con lo que hay que esperar aquí en Puerto Rico en salas médicas, supongo que dará tiempo para escuchar cuentos reales y cuentos fantasiosos, de gente sensata y de gente con guille de Amós Morales, para cada suspiro un comentario. Te interrumpen hasta la angustia para comentar.
 
No le he preguntado muchos detalles porque está de madre estar enfermo y que te estén entrevistando, pero por el tono de sus mensajes estimo que no la está pasando bien. Solo logré sacarle que, al parecer vivió, toda una aventura tratando de conseguir “malagueta”, algo que se supone que lo cure. “Malagueta mata chickungunya”… qué titular más malo.
 
Otra cosa que me da curiosidad es que estamos en una sequía que nos tiene amenazados de racionamiento. O sea, no está lloviendo. Entonces,  ¿dónde se está criando este mosquito? Porque, si es como el dengue, debe estar como en un lugar empozado y se supone que no hay agua ni en pozo ni fuera de pozo.
 
Las recomendaciones también están fuertes de seguir. “Use mangas largas, medias y pantalones”. Ehhh, a ver. Estamos en verano, hace un calor de madre y hay sequía. No puede ser que el chickungunya nos mantenga todo el verano sancochaos.
 
Ha llegado el mosquito este en un momento inoportuno.
 
Es más, me pongo a pensar y me temo que ya convivía entre nosotros antes de anunciarlo. He visto muchos doblaos en mi vida. No sé si son vagos o tenían chickungunya. Ahora me han puesto a pensar.
 
Lo que sí es cierto y serio es que esta cosa tenía que llegarnos porque, cuando no llueve, empapa. Como dice mi madre, al pobre le llega todo junto. Y, aunque dentro del poco conocimiento que tengo del tema me parecería que llegó a Puerto Rico en circunstancias atípicas, el mosquito voló desde Tanzania y tenía que llegar a picar ahora.
 
Se ha convertido en tema de chistes, como lo fue el chupacabras en su momento. Se lo gufea todo el mundo, hasta que se lo encuentra de frente.
 
Yo le pido a Dios que no me dé la cosa esa. Porque siempre me he reído cuando me duele algo y le digo a la gente que es que padezco de las coyunturas. Y la gente me mira como diciendo: “¿pero tan joven?”. Si me da de verdad, entonces ya no me causará risa el chickungunya.