Opinión: Embargo periodístico

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

16 jul 2014, 12:00 am 3 min de lectura

Seguramente María Inés Torres Santiago estaba viviendo un calvario. A sus 24 años se convirtió en la víctima más reciente de violencia de género en nuestro país.

Como tantas otras mujeres que han pasado por esa desgraciada situación con sus parejas, María Inés consiguió una orden de protección. Pero cometió el error de contestar una vez más la llamada de su victimario. La joven madre de dos hijos fue asesinada y, luego, se quitó la vida su agresor Jesús Sánchez Bermúdez. Esa triste escena pone de manifiesto el lenguaje de la violencia en la pareja. En esa selección de palabras que tiene un impacto mayúsculo en el convencimiento y que nos pone a reflexionar sobre qué podemos hacer como comunicadores para evitar tragedias.

Precisamente en el lugar del crimen la Policía pidió a la prensa no divulgar los nombres de los involucrados hasta que notificaran a los familiares. Llamo la atención sobre ese llamamiento policial que redunda en la ética periodística porque hubo quien se atrevió a divulgar por las redes sociales los nombres de los perjudicados cuando todavía estaba vigente el embargo periodístico. Con esto de las redes sociales y la competencia de quién lo dice primero se cometen muchos errores. Los periodistas divulgamos lo ocurrido porque es parte de nuestro deber, pero hay que tirar una raya sobre qué decir y qué no. Es muy vergonzoso y lastimoso para uno como periodista que la familia de las víctimas se entere por nuestro léxico que su pariente falleció de la peor manera.

El embargo periodístico es la prohibición de sacar información antes de una fecha fijada por el proveedor de dicha información. Lo mismo ocurre, por ejemplo, cuando el gobernador nos divulga con antelación su mensaje de estado de situación del país. La importancia de respetar ese embargo periodístico es fundamental en todos los medios informativos y ahora en las redes sociales.

Periodistas que no han respetado el embargo periodístico a lo largo de la historia han perdido su credibilidad y, lo peor de todo, su trabajo. Quizá el caso más notorio fue el del periodista norteamericano y corresponsal de guerra Edward Kennedy, quien no respetó un embargo informativo. Los manuales de ética periodística señalan este caso porque le tomó 70 años a la agencia para la cual trabajaba librar la falta ética. Fue en mayo de 1945 cuando el periodista Kennedy cometió la imprudencia de divulgar la rendición alemana, aun cuando las autoridades militares, por consideraciones de política internacional, embargaron la información. Kennedy perdió su trabajo y sus credenciales.

Un caso reciente de violación a la ética del embargo periodístico ocurrió en el Vaticano cuando el papa Francisco presentó su primera encíclica. La Oficina de Prensa del Vaticano envió electrónicamente la encíclica bajo embargo para que los periodistas pudieran ir redactando. El Vaticano fue preciso en que no se divulgara hasta la conferencia de prensa. Pero decenas de medios de comunicación en el afán de saborear la palabra “exclusivo” publicaron el texto. Al no respetar el pacto, el Vaticano advirtió que se acabarían los anticipos y así pagamos la falta ética todos.

Los periodistas que continúan cometiendo la imprudencia ética parece que no se enteran de que dicho acto afecta nuestra relación con las fuentes informativas fundamentales para poder lograr verdaderas exclusivas. Es importante que no se confunda el concepto embargo periodístico con el de coartar el derecho de la libertad de expresión. Si los periodistas que utilizan las redes sociales para divulgar información no entienden de embargos periodístico, como una de las leyes fundamentales de la profesión periodística, están en graves problemas.

El embargo periodístico es una estrategia de comunicación que, bien utilizada, otorga credibilidad y respeto al medio de comunicación y al periodista. Sin embargo, el hecho de que no se tenga un control sobre lo publicado por millones en las redes abre el debate de su utilización.

Además, los medios de comunicación tienen que lidiar con personas ajenas al periodismo que colocan en sus muros sociales información no confirmada. Es deber de las instituciones educativas promover el actuar moral del quehacer informativo en los estudiantes de periodismo y comunicación con una profunda capacidad de discernimiento entre el decir y el actuar.