Opinión: ¿Qué hago con el gánster que tengo dentro?
Hoy intento una columna que salga sin mucha vuelta filosófica. Hoy quiero hacer una columna que hable claro. Tengo una íntima amiga que se llama Nicolaza que siempre me dice: “¿Qué hago con el gánster que tengo dentro?”. Nos reímos y, luego, yo le contesto: “Sácalo a pasear, pero solo en tu silencio”. Ayer, mirando el partido de Argentina contra Holanda, las emociones más profundas se me acumularon en la garganta y en el estómago; es ahí cuando recordé a Nicolaza y nuestra comparación del fútbol con tres deportes y el silencio.
Me parece que, para ella, tener un gánster dentro es como tener cierto conocimiento extra de la naturaleza humana, naturaleza que puede compartir o no los mismos códigos. Los códigos, como esos antiguos valores de lo esencial para vivir creciendo: la familia, el respeto, el trabajo digno, la tolerancia, el amor por la tierra, entre otros. Desde que entro a mi cuenta de Facebook hasta cuando me hipnotizo con la televisión y el Mundial, veo expresiones de todo tipo; algunas sin código y otras con código.
¿En qué naturaleza humana es correcto alegrarse por la desgracia ajena? ¿Cómo puede haber fanáticos de otros países comentando su felicidad porque el héroe brasileño Neymar se rompió vértebras? Ese es un ejemplo de lo turbio que puede transformarse el código humano. A mi amiga Nicolaza, por razones que merecen otra columna, le tocó ser el blanco de esa turbia naturaleza. Es por eso que ella afirma: “Un gánster habita en mi interior”. El “gánster” (en su diccionario) es quien conoce lo turbio que podemos ser como jugadores, lo poco claros y lo violentos. Entre las dos llegamos a una conclusión: el fútbol, el boxeo, el tiro al blanco y el ajedrez están finamente ligados por los códigos y por el silencio.
Sacar a pasear el gánster en el silencio es como jugar esos cuatro deportes a la vez.
En primer lugar, hay que descubrir de dónde viene el golpe, como en el boxeo, midiéndote de frente sin redes ni distancias, con la cara pelá y pararlo. Nunca tires primero, piensa, calla. Después de pensar, desarrolla tu estrategia. Como en el ajedrez, de tus movimientos muchas piezas son afectadas, cuidado. Con la estrategia armada, entendiendo los cinco pasos próximos del atacante, respira. Llena los pulmones y tu cabeza de aire y ponle precisión al dardo, como en el tiro al blanco. No desperdicies tu energía, el viento o el momento. Por último, entra a la cancha de tu vida como Messi, siempre elegante: pocas palabras, siempre las correctas y mete un gol de media cancha. Un gol con una pelota silenciosa, no pretenciosa, pero sí correcta, fuerte, precisa y clara. El gánster que mi amiga Nicolaza tiene dentro es uno que compartimos todos. Todos hemos sentido lo turbio de la naturaleza humana. Sin embargo, los códigos no siempre son los mismos. En ese caso, el silencio es la mejor arma.


