Opinión: Watergate: 40 años de conciencia periodística
Han transcurrido 40 años de lo que considero es una de las mejores investigaciones periodísticas de la historia del periodismo universal. Del caso Watergate los periodistas tienen que aprender y adueñarse del método de investigación para poder trascender eficientemente en esta profesión. En momentos en que cada medio de información hace cada vez menos trabajos investigativos por diversas consideraciones que no vienen al caso, podemos repasar lo que se entiende es la flor y la nata de las investigación.
El caso Watergate no solo sacudió la política estadounidense, sino más bien planteó la importancia del manejo adecuado de las fuentes informativas como referencia fundamental y esencial del periodismo responsable. La misteriosa fuente de información en el caso investigado por los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein del periódico The Washington Post nunca se conoció hasta que en el año 2005 la misma fuente informativa, apodada Garganta Profunda, decidió presentarse al mundo aquejado por el fantasma de la muerte. Así el mundo conoció a William Mark Felt, la garganta que ofreció la información confidencial a los dos periodistas del Post y que ellos conservando su ética guardaron celosamente su identidad y prometieron no revelarla hasta que Garganta falleciera. En el 2005 el propio Garganta confirmó lo que ya se considera el secreto periodístico mayor guardado de la historia.
El 17 de junio de 1972, Woodward y Bernstein se enteran de un misterioso robo en la sede del Comité Nacional Demócrata, en un edificio llamado Watergate, en Washington. Así empiezan a colocar piezas en ese rompecabezas que a todas luces no parecía un robo. Por dos años recibieron información privilegiada que involucraba directamente al presidente republicano Richard Nixon. Resulta que los cinco hombres detenidos por el supuesto robo estaban colocando micrófonos ocultos y buscaban documentos por orden del comité de reelección de Nixon. El 9 agosto de 1974, Nixon se convierte en el primer presidente estadounidense en verse obligado a renunciar. Escandalosas grabaciones telefónicas en el despacho del presidente Nixon en la Casa Blanca revelaron su conexión con la corrupción. Se probó la red criminal que había tejido él para destruir a sus adversarios políticos.
Si bien el caso periodístico de Watergate destapó uno de los peores escándalos de la política estadounidense, de cierta manera minó la confianza de los ciudadanos hacia sus ídolos políticos. Desde ese momento en adelante, por el bien de la democracia, los votantes comenzaron a cuestionar a sus dirigentes. Tanto Woodward como Bernstein han señalado en múltiples entrevistas que su investigación destapó un descarado y audaz asalto, liderado por un presidente, contra el corazón de la democracia estadounidense, es decir la Constitución. Entiendo que también minó la confianza de los votantes el hecho de que el sucesor de Nixon, Gerald Ford, lo perdonara enviando un inequívoco mensaje de conformidad ante la depravación, mientras que 43 asesores de la administración de Nixon fueron condenados.
Desde el punto de vista de investigación periodística, tanto Woodward como Bernstein lograron probar un hecho gracias a la información suministrada y confirmada por investigaciones de gran alcance debido a la fuente de información confiable. Se trata de una herramienta periodística transparente que 40 años más tarde le continúa otorgando prestigio a la profesión por la veracidad de los hechos. En ese momento, fíjese futuro periodista, no había redes sociales ni Internet como apoyo a la corroboración y se pudo hacer una investigación detallada y probada. Posiblemente si la investigación fuera hoy día, el resultado habría sido el mismo, pero quizá habría cambiado la rapidez de la publicación de la historia.
Hoy día el caso Watergate continúa siendo referencia obligada en los cursos de periodismo universitario relacionados con métodos de investigación. Con su metodología se aprende a reflexionar y destapar los lados oscuros ante la desenfadada acción de los políticos de continuar con la peligrosa manía del secretismo. Muchos actúan a espaldas del pueblo y sí se les cuestiona se ofenden como si preguntar fuera un pecado. Señores y señoras, preguntar es nuestro deber y el de ustedes es contestar a los votantes que por alguna razón confiaron en su presunta capacidad de administrar.


