Opinión: Me encanta el olor del café

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

9 jul 2014, 12:00 am 4 min de lectura

Y antes me tomaba uno cada vez que me lo ofrecían hasta que hice un esfuerzo por limitarlo a dos veces al día o tres, máximo.
 
Mi amor por el grano negro es tanto que a veces me acuesto en las noches deseando que sea la mañana para poder disfrutarme una buena taza. Ya cuando amanece mi rutina es la misma. Me levanto y voy directo a la cafetera, a comenzar la preparación antes de meterme a la ducha.
 
Dependiendo de la dieta que esté haciendo, el café tendrá leche, crema, azúcar o será puya. Pero siempre hay café. Y no hay estudio revelado recientemente sobre el café que yo no lea. Ya los leo para reírme, no porque me preocupe mucho por mi salud o porque necesite saber si el nuevo estudio reveló que el café evita o estimula el cáncer. He leído los estudios más locos sobre el café, como uno que indica que es un estimulante sexual, solo para leer un par de días más tarde que “en realidad” desestimula el sexo.
 
Las “verdades” sobre el café son tan variadas como las de los endulzantes artificiales, sea de la marca que sea, y varían de acuerdo con quién lo encomienda. Así que no les hago caso. Si uno se pusiera a evitar comer algo “porque da cáncer”, quizás optaría por solo comer lechuga hasta que surja el estudio de “la lechuga y el cáncer”.
 
El otro día, en medio de las conversaciones locas que surgen en las interminables esperas de los consultorios médicos, a alguien le dio con los estudios relacionados con el vino tinto y hasta ahí llegué. Le hice par de preguntas a la preocupada mujer solo para determinar que puede que muera antes que yo porque se toma un botellón diario de una popular marca de refresco. No sé si ese estudio existe, pero como hay de todos los estudios, me lo saqué de la manga y después que le hice el cuento le dije que estaba bromeando, que no me hiciera caso, que no sé si moriría de cáncer, pero sí apuesto a que piedra en el riñón tendría seguro.
 
Pero volviendo al café, quizá ante la amenaza del cáncer es que han surgido toda clase de cafés fancy. Antes uno pedía un colao, un cortao o un expreso. Ahora uno pide un latte, un mocha o un macchiato. La primera vez que papi me vio pidiendo uno de esos me miró extraño. Él es vendedor, así que se toma como 10 puyas al día. Y no me lo puedo imaginar haciendo inventos de puya con whipped cream o puya amaretto o puya frapuccino.
 
La cantidad loca de combinaciones es culpa de la tienda fancy de cafés que debe estar por destronar a los McDonald’s como la franquicia más omnipresente del planeta. Me gusta ir, jugar con las combinaciones y ver cómo se trastorna la cara de los empleados cada vez que pido un frapuccino de café con leche sin grasa pero con whipped cream. Una vez me dijeron que si le ponían whipped cream ya no era de dieta, y yo le dije que no se preocupara, que no estaba a dieta. Entonces me dijo que entonces mejor lo pidiera con leche regular, y yo le dije que estaba mejor sin grasa para ahorrarme la grasa que de todos modos consumiría en el whipped cream. Al sol de hoy ni yo me entiendo, pero es problema de ellos por no servir simplemente café. A mi abuela no le pasaba.

Encima salimos todos bien contentos porque comprar ahí te da como un estatus social inmediato, aunque con lo que hayas pagado por el café pudieras tomarte ocho diarios en un lugar regular. Ahhh, pero el wifi es gratis. ¡Como si no lo hubieras pagado tres veces en tu vida ya con lo que cuesta el café!
 
El otro día tuve que hacer una pausa ante una persona porque argumentó que no podía hacer equis cosa porque estaba “pelá”. Tenía el café más grande, con el agua más grande y las galletas fancy adicionales de la tienda. ¡Obvio que estaba pelá!
 
Y los negocios de café que no son parte de la famosa cadena tampoco se hacen la vida más simple. Ahora el tan sencillo café viene con espumas o sin espumas, con florecitas, corazoncitos, estrellitas, palmitas.  Fíjese bien. Todos los días hay un café en Instagram.
 
No importa la mala reputación que intenten darle al café o el extremo calor que se vive en el trópico…  ¡Siempre seré cafetera!