Opinión: Ser mujer cansa

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

2 jul 2014, 12:00 am 4 min de lectura

No estoy cansada de ser mujer. Pero ser mujer cansa.

 El otro día me preguntó un amigo cómo estaba y le dije que estaba “explotá”. Y me dijo con gran tranquilidad lo siguiente: “Se te nota”.

 “¡Pero qué lindo!”, dije yo. Y no lo culpo. En ese momento específico debía notarse bastante para que él no dudara en echarme la flor. Me preguntó por qué estaba tan cansada y sin pensar mucho le respondí: “Será porque soy mujer”.

Luego, ya de regreso a casa, me puse a pensar en esa respuesta y recordé que hacía unas semanas una cajera en Estados Unidos me había preguntado con solo mirarme si había tenido un día duro. Y yo le clavé la mirada con cierta sorpresa. Para ella también era evidente que estaba cansada. Y le dije: “Una semana dura… De hecho, un mes duro… Bah, un año duro”.

Reflexionando bien me di cuenta de que no es que la vida me maltrate, porque Dios sabe que no. Soy cero víctima. Tengo una vida trabajada a pulmón, un buen trabajo, una buena familia, un hombre que me ama, un perro que me lame… Pero dentro de lo dura que es la vida, para una mujer, a veces por elección, lo es más.

La naturaleza hizo multitasker a la mujer. No se me ofenda ningún hombre. Pero no he visto a nadie que pueda hablar por teléfono, hacer el desayuno, planificar su día, organizar los niños, planificarle la vida a la humanidad, administrar la casa, administrar la oficina, ocuparse del perro, bregar con los imprevistos y estar fuera de la casa ya a las ocho de la mañana.

Piénselo bien. Con toda esa agenda, ya a las ocho de la mañana la mayoría de las mujeres han cumplido su cuota de arduo esfuerzo. No digo que los hombres no. Generalizar no es buena práctica a veces. Pero las mujeres dominan en ese arte sin duda. Las he visto funcionales en la misma lucha cotidiana y con catarro. Sin la mitad de la lucha y con catarro muchos hombres se vuelven ñoños e inoperantes.

Ya antes me han acusado de feminista en este espacio. Y yo, viéndolo como crítica constructiva, me pongo a pensar y me convenzo de que no lo soy. Lo que pasa es que no soy ni admito el machismo. Lo veo como la máxima expresión del retroceso social. Y estoy convencida de que en alguna medida todos contribuimos a eso.

Es como si las mujeres naciéramos con el chip de ser salvadoras de la humanidad, de resolverlo todo. Claro que hay mujeres vagas que no dan ni un tajo. De que las hay, las hay. No me cruzo con muchas, debo decir.

Yo, que me casé con el hombre menos machista del mundo y que se rompe el lomo sin límite de horas y de sol a sol, estoy convencida de que el cansancio que sufrimos muchas mujeres es autoimpuesto. La gran mayoría de las mujeres trabajadoras que conozco no solo son jefas de sus vidas, sino jefas literales de su hogar y, en ocasiones, jefas en sus empleos. Resuelven fuera, resuelven adentro y hasta cuando se acuestan piensan en cómo seguir resolviendo.

Y dada la tendencia de que las mujeres obtengan grados universitarios en mayor proporción que los hombres, no me extrañaría que cada vez más la mujer mantenga y asuma más responsabilidades.

 Ya no se trata de los tiempos de mi abuela. Cuando yo crecía al lado de ella, me daba unos buenos sermones de cómo ser una buena mujer. ¡Y ella lo era! Pero para ella ser buena mujer incluía tenerle los zapatos a abuelo al lado de la ducha para que se los pusiera al salir justo antes de que ella le sirviera la comida. Ojo, que ella lo hacía con un amor brutal. Y el tiempo le daba.

 Hoy en día, si mi esposo esperara por mí para ponerse zapatos después de salir de la ducha, tendría callos. No por falta de amor, sino porque la mujer de hoy día no tiene tiempo para tantas delicadezas. Aparte, aun si me sobrara todo el tiempo del mundo, prefiero demostrarle mi amor de otras formas.

 Lo ideal en una relación sería distribuir las cargas de manera equitativa, cierto, pero a veces eso no es tan posible, y otras veces es más fácil asumir el rol y ya. Las razones varían de persona en persona. Los horarios son locos; el tiempo es poco, y las responsabilidades son muchas.

 No hay que ser feminista ni machista para concluir que ser mujer cansa.