Opinión: Cacería de curas de justicia
Indignantes, irresponsables y decepcionantes las expresiones del secretario de Justicia de Puerto Rico, César Miranda, y de la jefa interina de los fiscales, Marie Christine Amy, con relación al caso del sacerdote Ovidio Pérez Pérez. Luego de que la fiscal Mivary Rivera ordenara cerrar el caso declarando a la parte supuestamente perjudicada “no hábil”, ahora, porque sí, estos personajes desdicen a Rivera y echan la culpa a la policía. Ahora sí afirmo con toda libertad de conciencia que en este país existe una verdadera cacería de curas. ¡Sálvese quien pueda!
No cabe duda de que vivimos en el reino de la arbitrariedad. La actitud de Amy me sorprende, pues conoce bien la persecución que sufren los sacerdotes de Arecibo. En el año 2007 defendió con uñas y dientes a otro sacerdote quien fuera víctima de Luis Jaume Andújar, primo del actual obispo. Usted sabe a lo que me refiero, ¿verdad? Ya no se sabe en quién creer ni en qué estructura ampararse. En este caso, hay gato encerrado, y Miranda y Amy están cayendo en la trampa.
Ante la presión pública que subyacía sobre la diócesis de Arecibo en febrero pasado, el caso del padre Ovidio les vino de perlas. Aparentemente presionado por la directora del Colegio La Sagrada Familia de Corozal, el pasado 19 de febrero un joven de cuarto año de escuela superior presenta una queja sobre Pérez Pérez ante el vicario general, Luis Colón. Quejas que ni son inmorales ni mucho menos delitos.
Ni cortos ni perezosos, el 21 de febrero los abogados de la diócesis de Arecibo despepitan a la prensa haberla recibido y referido a las autoridades civiles, saltándose las exigencias del derecho canónico y del procedimiento de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña (CEP) para los casos de presunta conducta impropia por parte de clérigos. En ambos documentos, con fuerza de ley, se obliga a los obispos a realizar una minuciosa investigación previa para verificar la veracidad de tales alegaciones, evitando “que por esta investigación se ponga en peligro la buena fama de alguien” (CIC c. 1717), así como el contacto con los medios de comunicación masiva.
El año pasado en EE. UU., de 936 alegaciones de supuesta conducta impropia por sacerdotes, solo 27 de ellas resultaron sustanciales, según las autoridades civiles. Allá los fiscales no tienen el complejo “socialistoide” anticlerical que tienen aquí. Y saben cerrar un caso cuando hay que hacerlo, haciendo justicia a sacerdotes falsamente acusados por intereses ocultos y mezquinos. Pido la renuncia de Miranda y de Amy, porque hoy cazan a sacerdotes, pero mañana podrían cazarlo a usted.


