Opinión: “Juqueá” al mundial y sin equipo

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

25 jun 2014, 12:00 am 4 min de lectura

Estamos todos “juqueaos” con el Mundial. Y me incluyo.

No tenemos ni equipo, pero estamos todos pegaos y cuadrando agendas alrededor del itinerario de juegos.

Estamos en Puerto Rico en momentos duros, álgidos y controversiales, pero de pronto el Mundial nos ha dado como un suspiro. No me extrañaría que el crimen haya bajado.

Y lo bueno de no tener equipo es que todos tienen un favorito diferente, así que Puerto Rico se convierte en un gran party por cuatro semanas. Lo que hay que buscar es el restaurante del país favorito o el grupo de amigos que vayan todos a todos, y listo. Y si pierde el favorito inicial, sin mayor problema le vamos a otro en 30 segundos. No nos salen lágrimas ni dejamos de comer una semana. Nuestra “lealtad” ya está con el próximo.

Nos pasa en este Mundial, que a juzgar por Facebook le iban todos a España. No hizo más que perder el primer juego y ya se nos iba olvidando la “madre patria” y el rey Felipe nos recordaba a tan solo un brandy barato. El pobre Felipe, que comenzó su reinado con el primer cuestionamiento serio y generalizado sobre la monarquía, con un equipo de fútbol derrotado y con Shakira llorando en Instagram por el Mundial. Todo esto en una semana.

En el segundo partido de España, por ahí por el minuto 46, ya no sabíamos quién era Cristóbal Colón y al minuto 80 recordamos que también tenemos raíces africanas y gritamos “¡Ghana!”.

Por alguna razón muchísimos puertorriqueños le van a Brasil, y me parece que es porque vemos en ellos gente muy similar a nosotros. Negros, rumberos, alegres, gritones, calientes, ¡felices!

A mí también me gustan, pero por razones diferentes. Mi equipo es Argentina. Pude elegir otros, pero estoy casada con un bonaerense. Y yo puedo ir contra Argentina en encuentros de unas horas, como, por ejemplo, Cotto versus Maravilla, porque esa es una rivalidad que me dura poco. Y me arriesgo a que esa noche en particular no me echen la patita. Pero en un Mundial de cuatro semanas créanme que yo le voy a Argentina. Cualquier cosa menos boba.

Antes no sabía nada de fútbol. Ahora sé un chin. Y lo que más me impresiona es la pasión del fanático. Solo estuve una vez en una cancha de fútbol. La de River, en Argentina. No puedo olvidar esas caras. Era un juego regular, determinante de poco y de nada. Sin embargo, en cada rostro pude ver una pasión difícil de explicar. Eran caras de amor, de entrega, de profunda preocupación, de profunda alegría, lágrimas incluidas, de vida o muerte. (Ojo, el alcohol está prohibido en las canchas argentinas, así que la pasión es sin aditivos). Las emociones eran las mismas en grandes y en pequeños.

Tampoco he escuchado tantas malas palabras juntas en tan poco tiempo… y yo soy periodista.

Así que por un mes soy gaucha. Voy donde sea que me inviten a ver el juego que sea. Pero cuando juega Argentina me encierro en casa como si tuviera problemas emocionales. Y la planificación comienza típicamente el día antes. Hago empanadas argentinas, me suplo de vinito Malbec o de cerveza Quilmes, me aseguro de que la camiseta argentina esté limpia y preparo hasta el outfit de mi perro, con su bola de fútbol. Y me siento en la misma esquina de siempre a comerme las uñas.

Creo que estoy demasiado influenciada. Los argentinos no tienen el mínimo cuidado en medir sus palabras en medio de un juego de fútbol. Yo tampoco. Aunque hay quien podría argumentar razonablemente que eso lo aprendí criándome en Caguas y viviendo en la frontera con Carolina.

Y grito como loca. Y me da taquicardia. Y “puteo” al árbitro. (Puteo, término argentino para “insultar”). Y también puteo a los narradores de una cadena nacional hispana, que desde que tengo uso de razón detestan a Argentina. El sábado pasado por poco infarto de coraje, porque, ante el milagroso y salvador gol de La Pulga, los tipos gritaban “¡No, no, no, no merecen ganar!”. Carajooooo, ¡cántame el freaking goooooool!”.

Y todo esto pasa mientras Puerto Rico baila en una irremediable debacle económica y entre amenazas de huelga. Se me parece a Argentina, que, al comenzar el Mundial, cogió un golpe brutal con respecto a su deuda.

No me atrevo a predecir quién ganará. Pero gracias al fútbol por sacarnos del mierdero…, aunque sea por cuatro semanas.