Opinión: “Me gradué y ahora qué hago"

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

18 jun 2014, 12:00 am 4 min de lectura

Esa es la pregunta de los 64,000 chavitos, como habría dicho el presentador Pedro Ferriz en su desaparecido programa televisivo de la década de los 70.

¿Saben ustedes cuántas veces me han hecho esa pregunta y he tratado de contestarla? No me molesta que me consulten. Al contrario, siento satisfacción cada vez que un estudiante o egresado me pide un consejo sobre qué es lo que más le conviene. Lo que sí me da pavor es que esa pregunta de “y ahora qué hago” venga acompañada de miedo.

Aunque pudiera ser legítimo ese sentimiento, los estudiantes deberían a estas alturas tener más claro su panorama profesional basado en la práctica de qué profesión tiene mayor salida en estos tiempos de crisis financiera mundial. Pero comprendo que el problema radica en que en muchas ocasiones no se les otorga a los universitarios los instrumentos para que puedan discernir cuál es la opción más adecuada. Además, el propio sistema gubernamental no propicia una cultura de educación continua y coloca dificultades en el sueño de muchos.

Lamentablemente, a los centros de formación del conocimiento han llegado las presiones externas de la política causando la merma de cursos, emigraciones forzosas de profesores y estudiantes,  endeudamiento y ahogamiento de las arcas y hasta la utilización de las famosas “palas” o influencias para lograr la aceptación a ciertos programas. Solo pregúnteles a los estudiantes de medicina que se han quedado sin los programas de internado de residencias médicas para sus especializaciones forzándolos a emigrar para luego entregarles su conocimiento a otras países cuando Puerto Rico necesita profesionales de la salud, ya que se está quedando sin especialistas.

¿Y qué hay de aquellos estudiantes que se tuvieron que graduar de otra especialización porque su centro de estudio canceló los cursos? Súmele la falta de dinero para pagar la clase, la no otorgación de ayudas financieras y la carencia de profesores para cursos especializados.

Si hablamos de los costos, son imparables los cuentos de horror, porque ahora los profesores tenemos que tomar en cuenta que casi el 100 % de los estudiantes tienen uno o dos trabajos parciales para poder sufragar los gastos, o sea que aquellos tiempos que disponíamos del cien por ciento de nuestro tiempo para los estudios no existe. Por todos esos sacrificios y sinsabores me parece que es meritorio que recibamos con orgullo y esperanza la graduación en las pasadas semanas de 27,000 estudiantes.
Si bien es cierto que no deja de preocuparnos su futuro en el mundo laboral debido a la situación crítica fiscal de Puerto Rico, es loable su entrega a la educación y que no optaran por la ignorancia. Igualmente, me parece sumamente importante que nos detengamos para reflexionar sobre qué podemos hacer para que todas esas mentes se queden en nuestra isla. He escuchado en un sinnúmero de ocasiones a los gobernantes y legisladores exteriorizar esa preocupación, pero las ideas para asegurar que ese conocimiento se quede en el país se quedan flotando sin rumbo. Puedo asegurar que en las aulas universitarias hay miles de mentes hambrientas, deseosas de aportar. No estamos en tiempos de permitirnos fallar. Permítame recordarles a los políticos que la mayoría de las personas que están emigrando a Estados Unidos son jóvenes en sus edades productivas y con grados universitarios superiores a los que se quedan en la Isla. En otras palabras, cada año estamos perdiendo más fuerza laboral joven, y nuestros viejos se quedan sin los servicios necesarios, empeorando su calidad de vida.

Es obvio que, si la población que se queda en la Isla es de la tercera edad con ingresos más bajos y un patrón de consumo mínimo, la economía no se recuperará. Por lo tanto, el Gobierno tiene que atender con urgencia las necesidades que tiene esa población de edad avanzada y retirada. Con igual premura asegurarse de que las mentes de edad productiva que se gradúan tengan opciones de empleo en el país.

Tengo esperanza. Quiero pensar que ese grupo de más de 27,000 egresados formará parte del motor profesional que renovará a Puerto Rico. Quisiera que cada diploma entregado se convierta en una propuesta sólida, libre de ataduras, encargos y deudas políticas. Que cada honor conferido se reciproque con  opciones laborales para que el conocimiento se quede en esta bendita isla.

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