Opinión: Brasil: entre goles y protestas
Cuando el mediocampista español Andrés Iniesta metió el gol de la victoria en la final de la Copa Mundial de la FIFA Sudáfrica 2010, hasta los catalanes cantaron el himno nacional español, y los vascos se lanzaron a las calles a bailar sevillana. No se esperaba menos, pues era la primera vez que España ganaba la codiciada Copa Mundial, evento que fue seguido por más de 760 millones de televidentes alrededor del mundo. Yo era uno de esos millones pegaos a la tele desde un pueblito de Toledo que, cuando sonó el silbato último, nos lazamos a la calle a celebrar, como cuando Félix Tito Trinidad derrotó a Oscar de la Hoya en septiembre de 1999 en Las Vegas, Nevada.
Desde que anunciaron que Brasil sería la sede de la Copa Mundial de la FIFA 2014, la protestas populares no han cesado. Estas se recrudecieron a mediados de 2013, criticando el estado vetusto de las infraestructuras de transporte, los servicios públicos, el mal estado del sistema educativo, el costo de vida y los gastos millonarios para el Mundial de Fútbol. Tengamos en consideración que solo para el número de apertura de JLo y Pitbull se gastaron $8 millones. No podemos negar que eventos como estos tienen dos caras: la maravillosa que nos muestran los medios de comunicación y la que se vive entre las favelas y barrios de Brasil.
Las protestas han evidenciado la nefasta brecha que existe entre ricos y pobres en la nación que ostenta la sexta economía mundial. Esta desigualdad social fue criticada ferozmente por el papa Francisco en su visita a Río de Janeiro el año pasado, ante la presencia de la misma presidenta Dilma Roussef. Brasil tiene 40 millones de personas en situación de pobreza extrema, a pesar del repunte económico que vivió en los pasados 10 años. Algunos economistas afirman que la celebración de la Copa Mundial de Fútbol en Brasil, no necesariamente fortalecerá su economía, más bien todo lo contrario. Cuando preguntaron a Iniesta su opinión sobre las protestas, sorprendido dijo: “Solo digo que es algo que me suena raro”. Claro, mientras unos luchan por comer en Brasil, Iniesta goza de un contrato hasta el 2015 de 200 millones de euros. ¿Es justo?
Pero el balón ya está rodando en tierra brasileña. El fútbol, como todo deporte, transmite valores que van más allá del campo de juego, como espíritu de equipo, juego limpio, respeto al oponente y solidaridad. Humildemente recomiendo que nos quedemos con lo bueno y disfrutemos al máximo este magno evento fraternal. ¿A quién le vas tú? Por mi parte, espero que España revalide como campeón. ¡Que viva la Roja!


