Opinión: Alejandrito, mi alacena no da para cuarenta personas
Esta columna refleja solo la opinión de su autor.
Hace unos meses organicé la reunión de mi clase graduanda. Bebimos “chichaítos”, brindamos por las metas y dos o tres se dieron esos besitos que se querían dar desde la escuela. Fue en una barra y todo el mundo se pagó lo que se bebió.
Esta semana, nuestro gobernador –que no es el más inteligente, pero sí el más bonito- reunió a sus amiguis de la misma manera que lo hice yo. ¿Diferencia? Ah, que su pachanga se llevó a cabo en uno de los lugares más respetados del país. En la Fortaleza.
Cuando vi las fotos lo primero que pensé fue: “Adiós, mira al gobe con todas esas mujeres”. Pero no fue hasta que leí la noticia que entendí que ese caballero invitó a sus panas para un lugar que se mantiene con nuestro dinero. Sí, es su casa, pero nosotros mantenemos al gobernador y ni usted y yo podemos entrar ahí.
En mi análisis exhaustivo de las fotos, me di cuenta que en ninguna de las imágenes está la primera dama. Pienso que ella le dijo que esa fiesta era una estupidez y que no sería parte de la misma. Es más, me la imagino enviándole mensajes de texto diciendo “acaben temprano” o “dile que no se tomen fotos”; o quizás fue más inteligente y cada vez que veía una cámara corría para su huerto casero.
La palabra “fotos” me lleva a otra cosa. ¿Por qué hay una dama, con una sonrisa auspiciada por vino espumoso, sentada en el escritorio del gobernador? ¿Tan fácil es llegar a esa silla?
Entonces, si ya pusiste las nalgas en el mismo lugar donde el gobe las pone para firmar unas cuantas de esas leyes que nos tienen almorzando Ramen Noodles, ¿qué te poseyó y te hizo pensar que era una buena idea subir esas fotos a las redes sociales? Amiga, ¿en serio pensaste que esa era una buena idea? Solo para que entiendas, la idea de subir las fotos fue tan buena como la de “El Amolao” cuando se le ocurrió colocar en Cataño la estatua de Colón.
A las reuniones de las clases graduandas se va a dos cosas: alardear de lo que se tiene y de lo que se ha hecho. ¿No podían hacer eso en un restaurante privado? No, el Alejandrito quería tirarle en la cara a sus panas que él es el gobernador de esta joya caribeña. Tenía que reunirse en La Fortaleza, hacer un papelón y tirarnos en la cara que, en efecto, con el dinero del país se puede hacer cualquier cosa.
Por otra parte, y para terminar, quiero mencionar una de las cosas que dijo ese prócer cuando intentó aclarar lo de la actividad:
“No se hizo ningún gasto más allá de lo que había ya en La Fortaleza… No hubo una compra para esta actividad. Es como cuando usted invita a su casa a alguien y usa lo que tiene en la alacena”.
Mi querido y flamante primer mandatario, yo no puedo invitar cuarenta personas a mi casa sin hacer compra antes. Mi alacena nunca tiene comida suficiente para esa cantidad de personas. La economía del país no me permite hacer compras tan grandes… Así que considérese afortunado.
Finalmente, a mi hermosa clase de María Auxiliadora, saben que la próxima reunión será en La Fortaleza y habrá refrigerios. Si ellos pueden, nosotros también.


