Opinión: ¿Cómo quiero que me velen?

Por Dennise Y. Pérez @denniseypr

28 may 2014, 12:00 am 4 min de lectura

Este fenómeno de velar a la gente haciendo lo que más le gusta me está volviendo loca.
 
Y no me vuelve loca porque me disguste del todo. Pienso que cada cual tiene derecho a pedir sus últimos deseos y que se le cumplan. Si me preguntan a mí, en un mundo normal, todavía pediría que me cremaran. Pero este deseo es reciente. Hasta hace unos años me negaba a que me sometieran al fuego tan “cruelmente”.
 
Luego, crecí, reflexioné y entonces entré en la dicotomía de elegir entre que me comieran los gusanos o que me consumiera el fuego.  Opté por las cenizas, porque, después de toda una vida de esfuerzo y trabajo, el sistema digestivo de un gusano no me parece gran destino final. Al menos las cenizas se lanzan donde uno desee. Así que, aun después de la muerte, seguiría teniendo vela en mi propio entierro.
 
Pero cada vez que surge un nuevo caso de “un muerto parao” me entra como una confusión. No puedo evitar pensar en cómo me gustaría que me velaran si no tuviera otra alternativa que ser velada de manera tan “creativa”. Pará no podría ser, porque necesitaría mis plataformas; en motora tampoco, y sentada en mi mecedora, menos.
 
Y en el increíble mundo este que es mi cabeza me he creado estampas de cómo velaría a otra gente. Es claro que algunos deberían ser velados en pleno sofá y con el control remoto en la mano. Otros deberían ser velados tomando el sol y con una cervecita en la mano. Quizás otros optarían por el sol en una sillita y un librito o el periódico. A algunos los velarían de pie y fregando. A otros los velarían con el codo empinao.
 
Eso es hablando de las formas más honorables de que te velen, porque, si es cuestión de lo que más te guste, entre la cama y el baño todavía nos quedan opciones.
 
En mi caso, tengo alternativas tentadoras. Tirada en mi cama viendo Netflix es una, pero solo sería reflejo de una parte mínima de mis días, aunque es una de las que más me gustan. Otra alternativa es la silla de playa con un librito, pero eso también sería reflejo de una pequeña parte de mi vida cotidiana. Sería sin duda un dolor de cabeza logístico que me velen en un avión. Entonces queda descartado.
 
Así que se las voy a poner fácil. El día que yo me muera, si velar a alguien haciendo lo que más le gusta es la única alternativa posible, yo quiero que me velen en mi balcón, con las piernas trepadas y mis dos celulares. Quiero que me velen como si estuviera texteando y, por eso de ponerle un poco de sentimiento a la estampa, vélenme con una botellita de un buen tinto, con la radio prendida en la banda AM y muy muy importante con mi perro… mi perro disecado me imagino.
 
Comer es importante para mí, pero no me gustan las moscas, así que pueden evitarse el plato de comida.
 
Pero hay algo fundamental que les pido desde ya. Me tienen que velar con espejuelos. Y no es que me los pongan en la caja. Es que me los pongan en los ojos. No quiero bajo ningún concepto que se me pierdan en la caja, como si fueran mis llaves en la cartera, y que de repente llegue al cielo y no los encuentre. Guardo muchas esperanzas de vivir una buena vida, merecedora de llegar al cielo. Y estaría del carajo que, después de que me haya sacrificado tanto, no pueda ver el camino hacia san Pedro o que estando allá arriba no pueda identificar a mis abuelos.
 Quiero descartar el infierno, pero aún si usted cree que me lo merezco, ¡póngame los espejuelos! Y, por favor, no me ponga laca en el pelo. Uno nunca sabe si me bajo del viaje y ¡boom! me coge fuego.
 
La verdad es que esta creativa manera de velar muertos aquí nos ha llevado al estrellato mundial en maneras que no me gustan nada. La verdad también es que uno es dueño de su cuerpo y de su voluntad, y, qué rayos, puede elegir hasta el último segundo de partida.
 
Pero nunca voy a superar esta locura.  ¿Hasta dónde llega la voluntad y pasa la línea de la sensatez? Nadie tiene derecho a juzgar, cierto, pero es que a veces nos las ponen bien difícil. Mañana va a venir uno que quiera ser velado ñangotao en el baño. Otro quizás quiera que lo velen con un cañón en la mano mirando pa la Baldorioty. Ese sería el colmo. Por eso yo me voy a tirar la clásica. Pero eso sí, con espejuelos.