Opinión: El amor es ciego

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

28 may 2014, 12:00 am 3 min de lectura

Me imagino que usted ha escuchado el dicho “el amor es ciego”. Quizá la explicación a tal exclamación que usualmente sale de la boca de los que les gusta opinar de la vida de los demás se refiere a que una de las personas que conforman la pareja no es tan afortunada en las lides de la belleza. Pero déjeme decirle que esa opinión de lo que es o no es bello es puramente relativo y que el dicho popular mencionado tiene su explicación más allá de la simpleza y banalidad. Cuando nos enamoramos, todo se percibe distinto y parecemos flotar. Una vez leí que dicho comportamiento se debe a que nuestro cerebro se encarga de que no detectemos los defectos del otro por ser un rasgo evolutivo para preservar la especie. Esa explicación pudiera ser razonable. Pero me pregunto si todo el mundo a lo largo de su vida pasa por esa deliciosa experiencia de amar sin límites y sin condiciones. Yo pensaba que sí hasta que conocí a Katherine.

El día que la tuve de frente caminaba apresurada y me miró desafiante. Le pregunté si amaba a sus hijos,  pero no obtuve respuesta. En cambio, recibí un lenguaje corporal retador. Me pareció que no estaba arrepentida, y eso me entristeció, porque pensé que el amor de una madre por sus hijos era inquebrantable y eterno. Definitivamente, comprendí que el amor de Katherine por sus hijos no era ciego.

De seguro que usted también conoce a Katherine. Es la mujer protagonista del video en el que se le observa atacando salvajemente a sus dos hijos en un establecimiento comercial en Caguas. El pequeño de cinco años se llevó la peor parte luego de que su frágil cuerpo rebotara estrepitosamente contra el piso tras recibir un fuerte golpe de su madre. Mientras su padrastro trataba de apaciguar su miedo y llanto, la madre lo remataba. Su hermanito desesperado sin hacer nada también se llevó lo suyo. ¿Cuándo entenderán los padres que los niños son niños y que para que aprendan disciplina necesitan educación no una paliza?

Katherine Ivette Rodríguez Romero tendrá que defenderse por dos cargos de maltrato de menores en la modalidad grave. Tuvo que ocurrir la salvaje golpiza captada por las cámaras de seguridad del centro comercial y difundida por un valiente guardia para que las autoridades tomaran medidas. Fue don Nelson Fernández Blasco quien los libró de la cuna del maltrato. Ese humilde y experimentado guardia de seguridad que me contó cuán impactado quedó al observar cómo la mujer les asestaba duros golpes a los menores. Don Nelson difundió el video porque pensó en sus hijos y sus hermosos nietos. Consternado y con lágrimas en sus ojos me dijo: “Si eso fue en público, imagínese qué ocurrirá dentro de esa casa con esos niños”. Palabras sabias de don Nelson, quien rápidamente se puso a la disposición de la policía y el Departamento de la Familia. Don Nelson es ejemplo de ese amor ciego de los padres y de los abuelos para con sus hijos y nietos en el cual se dirigen las acciones al instinto básico de proteger a los más débiles.

Cuando la policía por fin arresta a Katherine, tampoco percibí que estuviera abatida por el sufrimiento de pegar a quienes dio vida. Por el contrario, quien caminó ese día por el largo pasillo policial fue la ironía. No sé si Katherine se dio cuenta o conocía el significado de la inscripción que tenía en su blusa, pero por lo menos a mí me retumbaba en el cerebro su colorido “Love is blind”. ¿Conocerá Katherine por qué el amor es ciego? ¿Sabrá que el amor de los padres a los hijos también es considerado ciego por su grandeza? Me encantaría que allí en la celda que habita le dieran este escrito para que por lo menos se enterara del repudio público por su reprochable acto. Espero que algún día pueda enmendar su gravísimo error y que por lo menos una vez en la vida pueda enamorarse verdaderamente y sentir ese amor ciego dispuesto a todo.