Opinión: Un domingo en Madrid

Por Mariliana Torres @MarilianaTorres

21 may 2014, 12:00 am 4 min de lectura

Madrid. Una fría mañana de un domingo de invierno caminaba la céntrica y transitada calle San Jerónimo de Madrid cuando me entregué a la idea de dedicar todo el día a los misterios y bellezas de los espectaculares museos de la ciudad. La oferta era grande, libre de costo; podía visitar más de 50 muestras. Debía decidir entre exposiciones de Rubens, Goya, Velázquez, los secretos de Pompeya o la exhibición más impresionante de las colecciones del afamado modisto Jean Paul Gaultier. Me decidí por comenzar la escapada en el conocido Museo del Prado, el cual visito cada vez que estoy por esos lares. Para mí es como una especie de rito o tradición sentarme en el piso de la sala de uno de los máximos exponentes de la pintura española don Diego Velázquez para observar pasmada su obra maestra: Las meninas. El juego de las líneas trazadas por Velázquez para lograr la profundidad me chifla, como diría un español. Al mismo tiempo, trato de interpretar su mensaje en los rostros de cada uno de los protagonistas de la obra incluyéndose la propia figura de Velázquez en la pintura. Le invito a observar esa obra maestra con detenimiento para que pueda recibir el estímulo que ayuda a humanizarnos y enternecernos. Como periodista es indispensable tener esos encuentros con la creatividad de otros, porque el periodismo también pertenece a una rama de las artes. Esa aproximación con el artista reafirma la capacidad que tienen los grandes maestros para divulgar conocimiento sin emitir una palabra.

Pronto en la sala de mi amigo Velázquez había una aglomeración de espectadores, así que era tiempo de partir a otro espacio donde pudiera nuevamente sucumbir en los brazos de un virtuoso. De repente una pareja de jóvenes de Portugal preguntó al velador de sala que dónde se encontraba la obra invitada de Puerto Rico. ¿De Puerto Rico? Seguí a la pareja. Con gran orgullo mis ojos recibieron la belleza del Sol ardiente de junio, o mejor conocida por su nombre en inglés Flaming June. Escuché que para la joven uno de sus sueños era observar la hermosa pintura residente en el Museo de Arte de Ponce. Comprendí exactamente que su pasión por lo bello se asemejaba a mi idilio con Las meninas, pues hechizada por la bella durmiente decidió dedicarle unas letras. Era una incipiente escritora que evidentemente se inspiraba al observar obras tan espectaculares como Sol ardiente de junio. Entonces reafirmé que para una persona con indudables intereses en la escritura y el periodismo era imprescindible tener ese tipo de encuentro a solas con el arte y la creatividad de otros. Así como yo encontré en Las meninas pasión, gracia, amor y arrogancia, la joven de Portugal, ha juzgar por su rostro, descubrió los elementos que constituyeron su fuente de inspiración.

Este pasado fin de semana amanecí recordando mi visita al Prado luego de leer la buena noticia de que una vez más 35,000 museos de 143 países se unieron para celebrar sus colecciones y entregarlas en bandeja de oro al ojo del espectador. Tan sencillo como que abrieron sus puertas de forma gratuita, y sus salas se atestaron de público sediento de arte y cultura.  Entonces, pensé en que muchos de nuestros museos no pueden darse ese lujo de abrir sin cobrar, porque a penas les da su presupuesto para contratar a los conocedores del arte y restaurar las colecciones. Su lucha por sobrevivir ha llegado al punto de que hasta sus instalaciones son alquiladas para festejos. Sin duda debe ser todo un lujo y un honor casarse entre obras maestras como las de Lorenzo Homar, Myrna Báez, Carmelo Sobrino y otros grandes. Pero a lo que voy es que las rimbombantes fiestas tendrían otros lugares si estos albergues de creatividad, arte y conocimiento tuvieran el apoyo de todos. Las habituales filas que se forman en los centros comerciales deberían ser iguales en nuestros museos, tal como ocurre en Madrid o en París. Hay que enseñarles a los niños a respetar y amar las expresiones artísticas, porque van de la mano en todas las profesiones. Son espacios importantes para divulgar el conocimiento y promover el estudio. Ojalá que no sea muy tarde para comprenderlo.