Opinión: Maripily no nos sacará de esta...
No sé tú, pero a mí se me “jincha la papa” cada vez que veo, escucho o leo algo del frustrado matrimonio de Maripily mientras Puerto Rico se debate entre la vida y la muerte por la grave crisis económica que enfrenta. Aunque mis primeros pasos fueron en el periodismo farandulero, es momento de enfocar los cañones pa’l mismo sitio. Si no, ¡nos chupa la bruja!
Es evidente que la actual crisis económica, aunque afecta a toda la sociedad, no incide en todos de la misma manera. Quizá por eso, mientras algunos intentan reinventarse para pagar los absurdos y elevados costos de luz, otros prefieren jugar Candy Crush mientras se tocan el ombligo esperando que caiga nieve en Puerto Rico. ¡¡Despierta, boricua!!
Ante un panorama tan “pintoresco” como el que narro, resulta una postura demasiado fácil y cómoda seguir echando culpas sobre los demás por las injusticias de hoy. Como diría la hermosa Saudy Rivera, “mire, mi hermano…”, en gran medida todos somos responsables de esta grave crisis: populares, penepés y pipiolos. Por lo tanto, la primera exigencia que debemos adoptar por el bien común es la conversión personal, y el primer paso para alcanzarla sería dejar de plantear alternativas tan fáciles como engañosas.
Aunque algunos piensen que lo que escribo es una nueva “cantaleta de cura”, lo urgente es que debemos crear una sólida conciencia social de que la raíz de la grave crisis económica es una gravísima crisis moral. Como declaran los obispos españoles en el documento “Crisis económica y responsabilidad moral”, la experiencia dice que toda crisis económica engendra problemas sociales y morales de difícil solución. Pero la realidad es que “todos ellos son verdaderos problemas humanos y morales, pues afectan a personas […] que tienen nombres y apellidos”. ¿Podrán los miembros del supuesto cartel del petróleo dormir tranquilos mientras familias enteras se derrumban porque el dinero que ganan (si es que trabajan) no les da para pagar?
Mis padres me enseñaron desde chiquito que robar es malo y que el dinero no lo es todo en la vida. ¿Les habrán enseñado lo mismo a los que se roban los chavos a costa del pueblo? Toda superación tiene sin duda elevados costos humanos y sociales que son precisos compartir justamente evitando que recaigan, una vez más, sobre los más débiles. Por eso es momento de que el Gobierno hable claro y sin miedo a perder su popularidad, porque solo lo que se asume se puede redimir.


