Brasil: ¿el final de una carrera económica sin precedentes?

Análisis. El repunte económico del país de la samba que comenzó en 1994 podría estar llegando a su fin.

Por Johan Öberg/ Especial para Metro

12 may 2014, 12:00 am 4 min de lectura

Con el mayor evento deportivo del mundo a tan solo unas semanas, a Brasil lo espera un mes emocionante. Pero la gigantesca nación necesita mantener sus ojos en otro campo menos divertido que va en la dirección equivocada: la economía.

Durante los últimos años, Brasil, la séptima economía del mundo, ha pasado de ser una economía de crecimiento por excelencia a experimentar graves reveses en temas fundamentales. El producto interno bruto del país (PIB) no aumentó según lo esperado. La inflación es alta, oscilando el 6 %, y, a pesar de los esfuerzos para frenarla, la tasa de interés se ha elevado a 11 %, por lo que es más costoso pedir dinero prestado. La productividad aún es demasiado baja, y proyectos cruciales de infraestructura han sido desguazados, retrasados o en el camino han sufrido atropellos en el presupuesto.

El espectacular repunte económico de Brasil se remonta a 1994 cuando se introdujo una nueva moneda, el real, para frenar la hiperinflación. Desde entonces, el desarrollo ha sido notable. La pobreza se ha reducido en más del 60 %, y la mitad de la población, de unos 200 millones de habitantes, se considera clase media. En la última década, el 10 % más pobre ha duplicado sus ingresos.

El auge global de materias primas desempeñó un papel importante, haciendo que, por ejemplo, la exportación de hierro fuera clave para el crecimiento. Poco a poco la industria de Brasil se ha sofisticado más. Hoy producen desde automóviles y aeronaves hasta computadoras y productos petroquímicos. Paradójicamente, los problemas que actualmente encara el país fueron presentándose gradualmente durante las dos prósperas décadas previas.

Los impulsores de las leyes y la política brasileña son culpados de adoptar un enfoque demasiado conservador con miras al desarrollo económico en lugar de invertir para el futuro. Proyectos cruciales de infraestructura han sido desechados, retrasados o el presupuesto fue atropellado en el camino, causando severos embotellamientos en las principales ciudades. Cientos de miles de nuevos coches ruedan por las carreteras cada año solamente para atascarse en el tráfico. El tráfico aéreo se ha duplicado durante la última década, pero se ha hecho muy poco para ampliar los aeropuertos.

El Gobierno brasileño está siendo atacado por no tomar las medidas necesarias para enfrentar el déficit presupuestario, que se aproxima al 4 %. La deuda bruta del país continúa subiendo a niveles preocupantes y actualmente asciende a aproximadamente el 60 % del PIB total. La imposibilidad del Gobierno para enfrentar los déficits empieza a dañar seriamente la credibilidad cuando se trata de política fiscal. Los mercados no han olvidado la hiperinflación de Brasil en los años 80 y principios de los 90. Hay poco espacio para un resbalo fiscal.

“El 2015 va a ser el gran año del ajuste”, dijo a la agencia Reuters Marcelo Salomon, economista jefe de Brasil para Barclays Nueva York. “Tiene que ocurrir un shock de credibilidad para que el Gobierno demuestre que no está pensando en el corto plazo”.

Sin embargo, con las elecciones en otoño se espera que las políticas de corto plazo continúen este año. Es probable que la presidenta Dilma Rousseff tome las medidas dolorosas antes de las elecciones, lo que a su vez obligaría a cortes más profundos en el presupuesto del año que viene.

Para la generación más joven de clase media, las políticas de apretarse el cinturón serán un bautismo de fuego. Es probable que de repente los brasileños tengan que lidiar con impuestos más elevados, así como con precios más altos de gasolina y tarifas de autobús más caras, que anteriormente se habían mantenido en bajos niveles en un intento para dominar la inflación.

La izquierdista Dilma Rousseff está en la carrera por la reelección y parece tener una sólida ventaja sobre sus contrincantes, el senador Aecio Neves y el gobernador Eduardo Campos. “No importa quién gane (las elecciones), será un año difícil, peor que lo que muchos creen”, dijo a Reuters, refiriéndose al 2015, el expresidente Fernando Henrique Cardoso.

Ninguna otra empresa por sí sola ha simbolizado más el desarrollo de Brasil que Petrobras, la gigante de los aceites. Unos años atrás, los administradores de la empresa especulaban con que Petrobras podría desafiar a Apple como la empresa más valiosa del mundo. En cambio, se ha convertido en la compañía más endeudada del planeta; la producción de petróleo está estancada y tiene graves investigaciones de corrupción. Uno de sus exejecutivos fue detenido recientemente. Como resultado, el precio de las acciones de la compañía se ha desplomado en más del 80 % respecto a su nivel más alto, registrado en mayo de 2008.

Los costos del Mundial también están excediendo el presupuesto, que sobrepasa los cuatro mil millones de dólares y se han invertido siete mil millones adicionales para infraestructura.

Las empresas de apuestas sostienen que los anfitriones son los favoritos para ganar la Copa del Mundo, con Argentina y Alemania como fuertes aspirantes al título. Las apuestas también giran en torno a la economía brasileña. ¿Acaba la gigantesca nación de golpear un badén o es el final de una carrera económica sin precedentes?

Datos Crecimiento del PIB de Brasil por año: 2004. 5.8 % 2005. 2.6 % 2006. 3.9 % 2007. 6.0 % 2008. 5.2 % 2009. -0.3 % 2010. 7.5 % 2011. 2.7 % 2012. 0.9 % 2013. 2.3 %