Opinión: La Comay es su mamá
Todo estaba bien. A las 5:55 p.m. me sentaba a ver programas de “periodismo investigativo”. Los disfrutaba hasta hace dos semanas cuando Kobbo Santarrosa, como el que no quiere la cosa, apareció en televisión.
Su aparición me recordó que todo era mejor cuando La Comay existía. Desde ese momento, ya no puedo ver los programas de ese horario sin compararlos con su mamá. Porque sí, La Comay es su mamá (esto para que mi columna encaje con el fin de semana de las madres).
Mi familia siempre ha sido… ¿cuál es la palabra? pintoresca. Recuerdo que cuando nena mi abuela tenía el número de teléfono de La Comay anotado en la parte de arriba de su libreta de teléfonos. Ella me mandaba a llamar porque temía que ya reconocieran su voz. Aunque no recuerdo exactamente las cosas que me mandaba a decir, sí recuerdo que eventualmente bloquearon el número de mi abuela.
En esa misma línea, nunca se me va a olvidar cuando una joya cercana a mi familia hizo un papelón bailando durante la sección de La Comay, cuando estaba en el Show de Las 12. No hay duda de que esa marioneta marcó mi familia.
Asimismo, La Comay se hizo sentir en muchas de las familias del país. Era un momento de unión familiar en el cual era aceptable juzgar y sacar del corazón esa espina que, casi siempre sin razón alguna, tenemos en contra de algún famoso. El país tenía una hora para botar un poquito de ese odio que todos tenemos dentro.
Por otra parte, y esto es mucho más importante que ese morbo que nos daba La Comay, con el tiempo ese espacio se convirtió en uno que el país comenzó a usar para dar a conocer situaciones. Eran muchos los que se sentían más seguros dándole información a la producción del programa que a la policía. No los culpo.
La verdad, y lo saben, no importa cuanto usted haya odiado a dicho personaje, saben que nunca habrá un programa como SuperXclusivo. “Nadie” lo veía, pero todos sabían lo que se dijo ese día.
Esa producción fue una inigualable y punto. Se ve en los número de los ratings, se ve en las encuestas y se ve en el manejo de información, porque la verdad es que, antes de entrar al set, Kobbo guardaba el miedo en la gaveta y le metía “dembow” como nadie lo haría ahora mismo. Tomó muchos riesgos hasta el día que personas ofendidas por sus comentarios —cosa que es totalmente aceptable— se dieron cuenta que en Facebook se pueden crear páginas de boicot. Sin embargo, tengo que decir que recientemente se han dicho cosas tan “malas” como las que dijo La Comay y no he visto páginas de boicot. Pero seguimos…
De todas formas, esa página de boicot a La Comay, abrió una caja de Pandora. Destruyó una mafia que hace falta.
Esto es bien fácil de entender, (y esta teoría salió de una conversación bien profunda con un amigo): Cuando se muere el dueño de un punto (no sé si aquí puedo usar la palabra bichote), todos los que trabajaban para él se salen de control e intentan crear su propio negocio. Al final, o se matan entre ellos o el material que venden no es de tan buena calidad. Eso mismo pasó el día que se fue La Comay. Ahora tenemos unas diez personas haciendo el trabajo que hacía una (porque Héctor Travieso lo que hacía era bailar y esas cosas). Además, la mitad de la información que se está difundiendo, ya fue publicada horas antes a través de las redes sociales.
Antes existía cierto control del bochinche (porque sí, mis pequeños saltamontes, esto es bochinche). Yo quiero ese control de vuelta. Así que, si me preguntan que si quiero que La Comay vuelva, sí, quiero tener los pelos de puntas a las 6:00 p.m. esperando a ver qué va a decir La Comay.
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