Opinión: Me niego a comer pasto
En preparación para el verano uno empieza a ver el espejo como diferente, sobre todo si nunca hizo ni el aguaje de cumplir con la resolución de Año Nuevo.
Pasadas unas semanas de las Navidades más largas del mundo, mucha gente empieza a ignorar que el espejo existe o eligen uno pequeño que solo muestre la cara, y, cuando va apretando el calor como anticipo a la llegada del verano, no queda otra que mirarse en el espejo bien porque ya hay que comprar el outfit veraniego. Y ahí descubre que ya vamos a mitad de año, no caminamos ni media milla y definitivamente se nos fue la mano con el pan.
A estas alturas del año, ya hay tres dietas para las que me preparé, pero nunca comencé. Todos los días me levanto, y las batidas me miran desde el counter, ahí como dándome los buenos días. Y las gotitas reductoras… y las pastillas supresoras del apetito. Bellas. Intactas.
Es duro. Confieso que nunca como light y que me provoca una especie de depresión saber que no voy a comer rico. Debe ser mentalidad gorda, como le llaman por ahí. Reconozco que todos debemos comer saludable y no promovería otra cosa, pero nunca me han atraído los yerbajos. Y, cuando como, necesito que sea algo caliente. Sorry, no soy del club de la lechuga, y créame que lo he intentado.
Además, ¿se ha fijado usted en lo caro que es comer light? ¡Es un asalto! Porque una mixta la encuentras donde sea a $5.95 más refresco, pero ve a comprar una ensalada con tres cosas y llegaste fácil a los $9 sin refresco. Y si te pones creativo y a la lechuga le añades semillitas más quesitos, más alfalfa, más unos granitos por aquello de la fibra, agotaste el presupuesto de la semana.
No todo el mundo piensa lo mismo. Hay gente a la que esas ensaladitas y los wraps le parecen lo más cool. Y su rostro pinta bonito y natural cuando lo comen. Bien por ellos. Yo no le veo lo sexy. Además, ¿cuándo usted ha visto un mazo del alfalfa en Instagram? Nunca.
Cuando yo estudiaba en la IUPI, había al lado de la Facultad de Educación un área donde vendían cosas saludables y naturales. Unos yogures con no sé qué cosa, mieles naturales y servilletas recicladas, arroz integral, no sé qué cosas orgánicas, jugos naturales y de ajonjolí. A mí me parecía lo más lindo, y en el ambiente universitario era bien visto y bien cool almorzar ahí. Pero por el costo de aquello natural yo no tenía más alternativa que no salir del centro de estudiantes, porque en aquella época todavía existían los combos por $2.99. Es verdad que elegía entre “pollo” —por fe digo que era pollo— y carne de suela de zapato, pero era lo que había. Con todo y la beca que tenía, comer light no era alternativa.
Y ahora la moda es comer yogur en vez de helado, y todos se sienten que hacen la gran cosa. De nuevo, el mantecado es más barato y más rico. Juro que estos yogures nuevos tienen oro escondido. He caído en esa moda. Te compras el mediano, y entonces le echas no sé cuántas frutitas y jodienditas dizque naturales y, cuando vienes a ver, pagaste el yogur a diez pesos, el límber glorificado con granola más caro del universo. Ahhhh, pero tiene acai y no tiene azúcar, tiene agave. Y antioxidantes y antienvejecientes y un montón de otros antis que pueden muy bien ser una cogida de zoquete. ¿Qué, quééé?
En los restaurantes tampoco ayudan. Como ahora, que me acabo de sentar a pedir almuerzo, y en un ataque de conciencia pedí que en lugar de tostones me sirvieran vegetales. Pues, guess what? Los vegetales “tienen un costo adicional”. Me revienta bastante esa frase. ¿Vale la pena el mal rato por un brócoli? Para nada. ¡Que vengan los tostones!
Otra cosa. Soy pizzera, familia directa de los ninja turtles. Podría vivir comiendo pizza todos los días de mi vida. Pero trate de comerse una pizza saludable, es decir, masa fina, integral y vegetales. Ya te cobraron las setas como si fuera jamón serrano importado. Y, ¿qué es más rico? Puessss, que venga el jamón.
Ya yo me miré en el espejo. Es obvio que le he tirado bomba a la dieta y que he elegido el bacon sobre la albahaca. La alternativa no es que le pongan un impuesto al bacon para que yo no engorde. La alternativa es que me coma la mitad del bacon y camine un par de millas.
Sorry, me niego a comer pasto. Fooooo.
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