Opinión: Empezó "la calor"
No ha comenzado el mes de mayo y ya las temperaturas están bastante altas y calurosas en el archipiélago borincano.
Ya sé que deberíamos estar acostumbrados, porque este maravilloso trópico nos regala calor todo el año, pero las estaciones sí se sienten un poco, aunque no sea de manera dramática. Especialmente en nuestro invierno, aunque aún puedas ir a la playa y coger tremendo suntan, siempre hace más fresquito; el clima es más agradable, y el calor es más llevadero. Confieso que, cuando empieza a subir la temperatura, yo empiezo a sentir escalofríos. Sé que la gente va a empezar a torturarme diciendo “la calor”. Y ahí te digo que, aunque la temperatura esté a 95 con índice de calor en los 110, se me paran los pelos.
Los últimos días en Puerto Rico han sido días brillantes, lindos, pero calurosos. Y entrar a Facebook se ha convertido en una pesadilla personal. Bueno, entrar a Facebook puede ser una pesadilla en cualquier época del año para alguien a quien su madre le prohibió decir “juegar” cuando era chiquita. En mi casa no había mucho margen para hablar o escribir mal. Porque mi madre era una intolerante a los errores de todo tipo. Y en esta área tengo que admitir que le estoy sumamente agradecida.
Podría escribir una columna entera de los horrores ortográficos que la gente publica en las redes, con una autoridad y una paz espiritual realmente impactantes. Y no me refiero a las abreviaciones del tipo “¿k has hecho con tu vida, loca?”, sino del tipo “¿k haz echo cn tu vida, loka?”. Me dan ganas de mandarlos al infierno, aunque sea con h, por joder, a ver si se le mueve una tripa al menos y le estimulo la curiosidad. Las redes se han convertido en verdaderos espejos sociales. Y el reflejo es, sin duda, una sociedad bastante despreocupada por la corrección.
No quiero ser más papista que el papa y no juré un pacto de sangre con la Real Academia Española, aunque estoy, dicho sea de paso, un poco espantada con la flexibilidad con la que se desempeña actualmente. Me perdonan, pero jamás podré decir “murciégalo” sin que se me revuelque el “estógamo”.
En serio, RAE, en estas dos se pasaron. Tantos pellizcones que me hubiera evitado de chiquita si las hubieran aceptado entonces. Después que me los comí toditos, les dio con beber en exceso un día y me cambiaron las palabritas. Porque en esa deliberación tiene que haber corrido alcohol, por mi madre.
Siento miedo de despertar algún día y que la Real Academia Española haya aceptado “la calor”. No hay manera de que eso sea femenino. Fastidia bastante. ¡TIENE que ser masculino! De ahí en adelante, solo faltaría que les dieran permiso a los caribeños para regionalizarlo como “la calol” desde Cuba a Dominicana y luego hasta Puerto Rico.
Imagínense el diccionario: “calor. (sustantivo). Sensación térmica”; “calol. El calor que siente toda América Latina, excepto en el Caribe, donde se siente en femenino, porque es un calor más heavy”. ¿Qué, quééé?
Me estoy asustando y con razón. El otro día leí un blog en el que justificaban la utilización de “la calor” argumentando que es una palabra ambigua. ¿Ambigua de qué? El cerebro tuyo es el ambiguo. Me tranquilizó que más adelante el mismo bloguero defendía como igualmente aceptable el “¿qué hora son?” No, compay. La hora es una, singular, no es plural ni aunque sean las doce. No invente. Se dice “son las doce”, pero se pregunta “¿qué hora es?”.
Y ahí sí que te digo que no me importa si lo dice Topy, Titi Chagua, RAE o el papa Francisco.
Lo digo en chiste, pero bien en serio. Los padres tienen un rol bien importante en la formación de sus hijos, y sería bueno que del mismo modo que los miman y los consienten se esforzaran por asegurarse de que hablen y escriban correctamente. Hay pocas cosas más visibles y más determinantes en la socialización cotidiana que la percepción que se recibe al hablar y al escribir bien. Ayuda a que tomen a uno más en serio. No es un fenómeno para aceptar o echar a menos. Hay que corregirlo.
Quedan casi dos meses para que inicie el verano y el calor ya es insoportable. Haga el intento. Si no le sale “el calor”, dedique cinco minutos en la mañana frente al espejo, con el aire apagado, a repetirlo: “el calor, el calor, el calor… Vivo en este condenado calor”. ¿Ve? Es masculino.
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