Opinión: Lupita Nyong’o: ¿fea o bonita?
Eso de la belleza podría parecer un asunto frívolo cuando se mira desde la superficie. Ya saben. El mundo de la alta costura, las pasarelas y las portadas de revista son para muchos, de entrada, solo eso, pura frivolidad. Poco de contenido y mucho de culto al ego y a la autoimagen. Pero si se escarba un poco, más de uno concluirá que detrás de la supuesta banalidad se construyen discursos que pueden ser peligrosos.
Por eso, cuando la revista People designó a la actriz keniana Lupita Nyong’o como la “mujer más bella” y la puso en portada, revivió una vieja discusión sobre lo que es “bello” y lo que no lo es. Nociones que, a fin de cuentas, dictaminan para las masas revistas como esa.
Al conocer la noticia, la actriz ganadora del Óscar reaccionó con sorpresa. Después de todo, siempre se pensó poco atractiva e, irónicamente, lo hacía en gran medida gracias a medios de comunicación y publicaciones como la que hoy le otorga el título de la más bella. Nyong’o confirmó el poder que esa designación, de entrada frívola, tiene sobre las vidas de miles de personas comunes y corrientes. Personas que, como ella cuando niña, son ampliamente influenciadas por las imágenes promovidas desde el mainstream.
“Recibí una carta de una niña que decía: ‘Querida Lupita: creo que eres muy afortunada de ser tan negra, pero a la vez tan exitosa en Hollywood. Estaba a punto de comprar la crema Denicia’s Whitenicious para aclarar mi piel justo cuando apareciste en el mapa y me salvaste’”, leía emocionada la actriz en medio de una comparecencia pública. La niña no encontraba en ese universo fantástico de figuras creadas por el imaginario hollywoodense una persona con la que sentirse identificada. Lo mismo, confesaría Nyong’o, le sucedía a ella misma mientras crecía.
“Recuerdo cuando yo también me sentía fea. Ponía el televisor y solo veía allí gente de piel clara. Era objeto de burlas por mi piel oscura como la noche. Y mi plegaria constante a Dios, el hacedor de milagros, era que me levantara un día y mi piel fuera más clara (…). Todos los días experimentaba la misma desilusión al levantarme y verme igual de oscura que el día anterior”. Segun Nyong’o, su vida dio un vuelco al encender un día su televisor y toparse con la imagen de la supermodelo Alek Wek.
“Hasta Oprah (Winfrey) decía que era bonita. Y eso (que Oprah lo dijera) lo convertía en un hecho”, reflexionaba Nyong’o sobre la modelo sudanesa que en la década de 1990 revolucionó la pasarela internacional. Era negra, espigada, de labios anchos y pelo corto y ensortijado. No pretendía copiar la estética “caucásica” y, por lo mismo, inicialmente era considerada por los expertos en la moda de todo menos una “mujer bonita”.
Lo que para Lupita representó la aparición a nivel internacional de una figura como Alek Wek, sin duda se repetirá en las vidas de miles de jovencitas negras en todo el mundo con la selección de la actriz como portada de People. “¿Y cuál es el aporte?”, preguntará usted. Muy sencillo. La certeza de que lo que son es suficiente.
El probelma es que el poderoso mensaje detrás de cada figura que, como Nyong’o, alcanza notoriedad queda eclipsado por el hecho de que las revistas que hoy la celebran como el nuevo token de la belleza mundial son los mismos medios que el resto del año eclipsan la figura de la mujer y el hombre negros e insisten en invisibilizarla.
Es por ello que los íconos de la moda Iman y Naomi Campbell, quienes abrieron las puertas para que la mujer negra obtuviera visibilidad en el mundo de la alta costura, publicaron una poco frívola carta abierta en la que acusaron a casas de moda, como Prada, Louis Vuitton, Emporio Armani, Calvin Klein, Narciso Rodríguez, Valentino y decenas más, de promover (consciente o inconscientemente) la exclusión de modelos negras, hispanas o asiáticas de sus pasarelas. La controvertible carta provocó la crisis en un mundo poco acostumbrado a la fiscalización. Como consecuencia, algunas de las compañías comenzaron a ampliar la diversidad de los rostros de sus pasarelas.
A nivel local, la falta de diversidad en los medios de comunicación sigue siendo un asunto pendiente. Salvo contados casos, la presencia de rostros negros en la televisión es en gran medida anecdótica y muchas veces limitada al espacio de lo folclórico o forzadamente cómico. Tal vez sucede como con la niña de la carta o la propia Lupita. Es difícil pensar que es una posibilidad real acceder a posiciones de amplia visibilidad cuando, al mirarse en el espejo de la vida pública, miles de niños y niñas no encuentran allí su propio reflejo.
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