Pacientes con VIH enfrentan deterioro cognitivo a edades más tempranas que población general
Un informe del registro de demencias del Departamento de Salud destacó un patrón de diagnósticos de deterioro cognitivo entre los 55 y 74 años, mientras que otras demencias se detectan después de los 75 años
El registro de demencias del Departamento de Salud (DS) revela una mayor concentración de diagnósticos de desórdenes cognitivos asociados al virus de inmunodeficiencia humana (VIH), conocidos en inglés como HAND, a edades más tempranas que otras demencias asociadas a edad, como la enfermedad de Alzheimer.
De 42 diagnósticos identificados desde 2022, cuando el Registro de Casos de la Enfermedad de Alzheimer, Enfermedad de Huntington y Otras Demencias comenzó a contabilizar este tipo de desorden, 25 casos (60 %) comprendieron entre las edades de 55 y 74 años contra nueve registros (21 %) entre 75 y 89 años, destacó un informe entregado a Metro Puerto Rico.
En comparación con las demás demencias, los casos registrados entre 55 y 74 años representan el 18 %, mientras que, de 75 en adelante, alcanza el 80 %, de 74,877 en total. El registro, sin embargo, es “pasivo”, describió el coordinador del esfuerzo, Alex Cabera Serrano, porque depende de que hospitales, aseguradoras y otras instalaciones refieran los casos.
La demencia se refiere a la pérdida de memoria y otras habilidades motoras que impiden la actividad del diario vivir; mientras, el deterioro cognitivo implica que no ha habido pérdida de autonomía, aunque haya rendimiento cognitivo bajo en comparación con la población general.
Tras que los pacientes con VIH se consideran geriátricos a partir de los 50 años, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés), esta población padece mayores comorbilidades o determinantes sociales que pueden incidir en la enfermedad, planteó la neuróloga Valerie Wojna Muñiz.
“Eso (HAND) va a estar aumentado en estos pacientes. Va a ocurrir más temprano, van a tener más incidencia de demencia, debido a todas las otras comorbilidades que tienen por tanto tiempo, y van a tener una disminución de calidad de vida más temprano que la población en general”, expresó la doctora, quien investiga esta condición desde 2001, en llamada con este medio.
El HAND se subdivide en tres categorías de acuerdo con la severidad de la condición: deterioro neurocognitivo asintomático, trastorno neurocognitivo leve y demencia asociada al VIH.
Esos niveles se determinan con al menos dos pruebas neuropsicológicas, administradas por un especialista de salud cognitiva, que evalúan dominio verbal, atención, abstracción, memoria, velocidad de procesamiento de información, percepción sensorial y habilidades motoras.
Su desempeño dependerá de cuánto el deterioro afecta las actividades del diario vivir, aportó la neuróloga, y luego se compara con la ejecutoria de una población similar al paciente evaluado. “Si el paciente tiene un deterioro neurocognitivo por las pruebas neuropsicológicas, pero está ejecutando bien, trabaja, hace sus cosas, no tiene ningún problema socializando, se llama asintomático. Si el paciente, sí tiene algún deterioro porque tiene dificultad en su trabajo, se le hace difícil hacer múltiples cosas a la vez, ya eso se llama leve”, explicó.
Wojna Muñiz señaló que los trastornos asintomáticos y leves son los más comunes —casi 50 % para ambos— tras el desarrollo de medicamentos antirretrovirales que reducen la carga viral a niveles indetectables, mientras que la demencia severa apenas alcanza entre 1 a 2 % de los casos.
El coordinador del registro sostuvo que también se realizan exámenes de resolución de problemas de aprendizaje, de estado de ánimo y de capacidad física de movimiento, así como imágenes de resonancia magnética (MRI, en inglés) para detectar qué área está afectada en el cerebro.
Cada demencia, dijo, afecta una zona en particular, lo que permite diferenciar entre trastornos.
El doctor Manuel Delgado Vélez, investigador del Centro de Investigación y Ciencias Moleculares de la Universidad de Puerto Rico (UPR), ilustró que el VIH suelta proteínas con carga viral en la sangre que alcanzan gran parte del sistema nervioso en el cráneo, en la masa encefálica. Una vez infiltradas, interactúan con las neuronas y provoca una encefalitis, una inflamación de las membranas cerebrales y la columna vertebral. “Estas proteínas destruyen neuronas y, cuando se destruyen, son cuando están ubicadas en estructuras cerebrales donde se forman la memoria (el hipocampo y el sistema límbico) y comienza a desarrollar demencia asociada a VIH”, describió.
Difícil de diagnosticar
Cabrera Serrano, quien también dirige la Sección de Prevención y Control de Enfermedades Crónicas del DS, reconoció que, tanto en el registro como a nivel mundial, se contemplan retos: diagnósticos realizados por médicos primarios, en vez de neurólogos; especialistas que trabajen con demencias; síntomas parecidos entre enfermedades; y falta de consenso entre pruebas para arrojar una determinación, entre otras.
En cuanto a los datos, una de las limitaciones que observó Wojna Muñiz al apreciar el registro es que los hospitales son las fuentes de información primarias. En un hospital, indicó, el paciente podría estar en un estado “agudo y crítico” y experimentar una multiplicidad de síntomas que impidan una evaluación acertada.
“Hacer ese diagnóstico en el hospital es bien difícil porque quiere decir que ese paciente, lo más seguro, llegó al hospital sin tratamiento, sin saber que tenía VIH, donde se le hace el diagnóstico por primera vez, donde el contagio viral estaba súper alto y es posible que tuviera una encefalopatía, en vez de un daño neurológico [...] Yo tengo que esperar que ese paciente salga del hospital”, contrarrestó la médica.
Notó también que los nombres de las clasificaciones en el registro oficial, como daño neurocognitivo “mayor con alteraciones conductuales” y “mayor sin alteraciones conductuales”, no van alineados con HAND. Cabrera Serrano aclaró que esa inconsistencia se debe a que el registro utiliza los códigos de facturación, que son de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades.
Para validar esos casos, el personal del registro los parea con las reclamaciones de las aseguradoras. “A veces, encontramos que el diagnóstico ha cambiado, y eso es normal en las demencias”, dijo porque los síntomas son similares, pueden evolucionar o un paciente puede padecer dos simultáneamente. También realizan referencias cruzadas con registros de defunciones del Registro Demográfico como proceso de validación.
Otro desvío que apuntó el propio coordinador es que tienen más registros de hombres con esta demencia que mujeres, aunque estas tienden a ser las más afectadas por la enfermedad, y lo atribuyó a que más hombres padecen de VIH. Según el sistema de vigilancia del virus del DS, para diciembre de 2025, hubo 9,411 hombres y 3,381 mujeres viviendo con VIH.
Wojna Muñiz ha liderado por décadas un cohorte longitudinal de mujeres con VIH para analizar el desarrollo de esta demencia en esa población y recientemente incluyó a hombres en el estudio. “Hemos visto que nuestras mujeres ejecutan peor, especialmente las mujeres hispanas tienen una mayor prevalencia de deterioro neurocognitivo”, lamentó.
Riesgo de adquirir demencias asociadas a edad
Si bien la terapia antirretroviral minimiza el riesgo de que estos pacientes desarrollen una demencia franca relacionada a VIH, esa prolongada expectativa de vida también los expone a otras demencias asociadas a edad, conocidas en inglés como AAD. La neuróloga amplió que las comorbilidades de esta población, que aglomera 16,875 personas, según datos del DS, aumentan esa amenaza.
“Estamos viendo un paciente que está envejeciendo más rápido, expuesto por mucho tiempo a un virus que entra al cerebro, a medicinas que son tóxicas y a comorbilidades que se asocian con demencia. Con estos tratamientos más prolongados, [en] un paciente que está viviendo entre los 60, 70 y hasta los 80 años de edad, esperamos ver una mezcla: una comorbilidad de las demencias asociadas a la edad en un paciente de VIH”, advirtió.
Conforme al registro del DS, al menos tres casos identificados tienen dos diagnósticos de demencia, mientras que los 39 restantes solo cuentan con un diagnóstico de VIH. De esos tres casos, los otros diagnósticos eran alzhéimer, parkinson y uno sin especificar.
Un estudio de la Universidad Johns Hopkins proyectó que un 22 % de hombres de 60 años con VIH y un 16 % de mujeres en las mismas circunstancias desarrollarían AAD a sus 80 años, mientras que, en la población general, el porcentaje se reduce a 16 % en hombres y 13 % en mujeres.
Una práctica preventiva y costo efectiva que menciona el informe es reducir factores de riesgo vasculares, como hipertensión, y otras comorbilidades para evitar el desarrollo de tanto HAND como AAD. Asimismo, Delgado Vélez, facultativo de Ciencias Farmacéuticas en la Escuela de Farmacia del Recinto de Ciencias Médicas de la UPR, apostó a una intervención temprana con los antirretrovirales para una mayor calidad de vida sin pérdida cognitiva.
Los casos registrados de HAND que mantiene Salud representan menos del 1 % de todos los casos de demencia hallados, que, a la entrega del reporte, son 74,877 —mayormente de Alzheimer— desde que el registro empezó a recopilar información en 2008.


