Por: Doreen Colondres
En algunas regiones de España, agricultores regenerativos están retomando una práctica tradicional que durante generaciones formó parte del paisaje rural: sembrar hierbas aromáticas entre los cultivos. Lejos de ser un gesto meramente estético, el regreso de plantas como el tomillo, el romero, la lavanda y la salvia responde a una mirada más amplia sobre la agricultura, la salud del suelo y la relación entre los alimentos y el bienestar.
Entre olivares, viñedos y almendros, estas hierbas vuelven a crecer como aliadas del ecosistema agrícola. Además de perfumar el entorno, atraen polinizadores, ayudan a proteger la tierra, fomentan la biodiversidad y contribuyen a la recuperación de suelos que han sido explotados por años.
Entre todas, el tomillo ocupa un lugar especial. Esta pequeña hierba aromática ha sido durante siglos protagonista de la cocina mediterránea y también uno de los remedios naturales más comunes en muchos hogares. Se le atribuyen compuestos como el timol, reconocido por sus propiedades antibacterianas y antiinflamatorias, razón por la que durante generaciones se utilizó en infusiones para aliviar resfriados o problemas digestivos.
Su valor también se extiende a la cocina diaria. Una sola ramita fresca puede transformar preparaciones sencillas, aportando aroma y profundidad a guisos, carnes, pescados, pollo, papas asadas, aceites de oliva y platos de verduras.
Más allá de su uso culinario, algunos agricultores han observado que cuando cultivos como los olivares conviven con hierbas aromáticas como el tomillo o el romero, los aceites producidos en esos entornos pueden presentar niveles más altos de polifenoles. Estos compuestos antioxidantes se relacionan con la reducción de la inflamación, el apoyo a la salud cardiovascular y la protección frente a ciertas enfermedades neurodegenerativas.
La observación refuerza una idea cada vez más relevante: el paisaje también influye en la química de los alimentos, y esa química puede tener efectos sobre nuestra salud.
La buena noticia es que no hace falta vivir en el campo para reconectar con estas tradiciones. Una maceta en la ventana o un pequeño balcón puede ser suficiente para sembrar tomillo o romero en casa. Con la llegada de la primavera, la temporada invita a cultivar, cuidar y devolverle espacio a esos aromas que durante generaciones han formado parte de la cocina y de la memoria familiar.
Quizás por eso tantas abuelas mantenían una planta aromática cerca. Antes de que se hablara de sostenibilidad o bienestar integral, ellas ya entendían algo esencial: que la tierra, el sabor y la salud siempre han estado conectados.
Volver a estas plantas no es un gesto de nostalgia, sino de sabiduría.
Doreen Colondres es autora, chef, instructora de vinos, creadora delacocinanomuerde.comy fundadora devitishouse.com. Síguela en @doreencolondres





