Sabrosía

Tabla de quesos y charcutería: cómo armarla fácil y que se vea espectacular

Aquí, las claves para lograr balance, sabor y una presentación bonita.

Archivo ​Tabla de charcutería (Dreamstime)

Las tablas de quesos y los platos de charcutería, esa mezcla tentadora de carnes curadas, quesos y “picaderas” bien pensadasson de esas ideas sencillas que siempre se sienten especiales. Funcionan igual para una noche de vino en casa como para una reunión con burbujas y buena conversación, porque invitan a compartir sin complicaciones y con mucho sabor.

La clave está en armar un balance que se vea bonito y se disfrute mejor: jugar con texturas, contrastes de sabores y colores. No tiene que ser perfecto ni costoso; lo importante es que haya variedad y que responda a lo que a ti (y a tus invitados) les gusta. Piensa en esta bandeja como un “mapa” de sabores, algo cremoso, algo firme, algo salado, algo dulce y un toque ácido para refrescar el paladar.

Una forma práctica de empezar es escoger un “estilo” para guiarte. Por ejemplo, una bandeja vegana puede incluir montaditos sin carne, hummus, nueces, frutos secos y frutas frescas. Si prefieres la versión clásica, entonces dale protagonismo a los quesos y los embutidos, y deja que los acompañamientos hagan el resto del trabajo.

En los quesos, lo ideal es mezclar por tipo para que haya de todo un poco. Puedes incluir asiago o manchego; cremosos como brie o camembert; azules como stilton o gorgonzola; y frescos, como un queso del país o requesón. Esa combinación asegura contraste en boca, desde lo firme y salado, hasta lo untuoso y suave. Si quieres llevarlo un paso más allá, deja los quesos a temperatura ambiente unos minutos antes de servir para que expresen mejor su aroma y textura.

Para las carnes y embutidos, una selección variada suele ser suficiente: salami, chorizo tipo cantimpalo, prosciutto, sopressata, bresaola y hasta un buen paté si quieres subir el nivel. Con dos o tres opciones ya logras un plato completo; con cuatro o cinco, creas una experiencia. El truco está en alternar intensidades: una carne más delicada (prosciutto), una más especiada (sopressata) y una curada con carácter (salami o bresaola).

Luego vienen los “extras” que redondean la bandeja y la convierten en algo memorable: nueces, aceitunas, mermeladas, miel, galletas de agua o tostaditas de pan. Y si quieres un toque más mediterráneo, añade aceite de oliva y un chorrito de vinagre balsámico para jugar con la acidez. La miel, por ejemplo, se lleva de maravilla con quesos cremosos; mientras que una mermelada o chutney puede resaltar quesos curados. Las aceitunas aportan ese punto salino que equilibra lo dulce.

En la presentación, deja que la creatividad sea tu guía: alterna colores, coloca algunos elementos en montoncitos (en lugar de todo alineado) y deja espacios para que el plato “respire”. Puedes doblar el prosciutto en ondas, enrollar algunas lonjas, colocar galletas y frutos secos en pequeños “picos” alrededor. Visualmente, eso hace que la bandeja se vea abundante y apetecible sin necesidad de llenar cada esquina.

Y si vas a prepararla fuera de casa, ojo con la seguridad de alimentos: muchos de estos productos tienen lácteos y no deben estar expuestos a altas temperaturas por mucho tiempo. Lleva hielo o un “cold pack” y mantén los quesos y embutidos frescos hasta el momento de servir, especialmente si estarás al aire libre o en un lugar caluroso, para evitar malestares gastrointestinales. Cuando llegue el momento, monta la bandeja y sirve de inmediato para disfrutarla en su mejor punto.

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