Sabrosía

Sigue la tendencia del matcha

En Puerto Rico, el matcha no llegó a desplazar la cultura cafetera; llegó a convivir con ella.

Lo puedes hacer en casa
Lo puedes hacer en casa (Freepik)

El matcha llegó a Puerto Rico primero como curiosidad, una bebida verde bonita, distinta, con aire de tendencia. Pero lo que empezó como “algo para probar” se convirtió en costumbre.

Hoy el matcha aparece en menús de coffee shops, barras de bebidas frías y espacios de brunch, y se pide con naturalidad, como si siempre hubiera estado ahí.

Incluso se volvió común escuchar “café matcha”, esa versión híbrida que mezcla matcha con un shot de espresso y que muchos conocen como dirty matcha.

Parte de la fiebre tiene que ver con cómo se siente.

El café, para mucha gente, es un impulso rápido, te despierta, te acelera y a veces te deja con el cuerpo en modo “demasiado”.

El matcha, en cambio, se percibe más gradual y parejo. No necesariamente porque sea “más suave” en cafeína, sino porque la experiencia suele sentirse distinta, energía más estable, enfoque sin tanta intensidad y menos altibajos durante el día. En un ritmo de vida donde el estrés, la agenda apretada y el cansancio son parte del panorama, esa idea de energía sin choque resulta tentadora.

También está el factor bienestar, pero no desde la rigidez, sino desde la intención. El matcha encaja en una forma moderna de cuidarse, pequeños gestos diarios que suman. Se asocia con rutinas de self-care, con decisiones “más livianas” y con el deseo de sentirte bien sin renunciar al gusto. Eso sí, todo depende de cómo se pida, porque un matcha cargado de azúcar puede convertirse en un postre líquido; aun así, la percepción de “me estoy cuidando” hace que muchas personas lo elijan frente a otras bebidas más pesadas.

Otro motivo clave es que el matcha se deja personalizar. Funciona como base y se adapta a estilos distintos con leche de avena o almendra, con espuma fría, con vainilla, coco, lavanda, fresa, canela; frío para el calor del trópico o caliente cuando se busca algo reconfortante. Esa versatilidad lo volvió ideal tanto para quienes quieren una bebida a su medida como para los negocios que buscan crear opciones distintivas más allá del latte tradicional.

Y entonces llega el “café matcha”, que explica buena parte del boom. El dirty matcha es el puente perfecto para los amantes del café que no quieren escoger entre lo conocido y lo nuevo. Mantiene el carácter del espresso y suma el perfil vegetal y cremoso del matcha. Para algunos es una transición; para otros, se vuelve la orden fija. Además, es una bebida que se conversa: se recomienda, se compara, se prueba “así” o “asá”, y eso alimenta su popularidad.

La estética, por supuesto, también empuja. El verde vibrante, las capas en vasos transparentes y el contraste cuando entra el espresso son un imán para fotos y reels. Pero la estética no sostiene una tendencia por sí sola. Lo que la sostiene es que la gente vuelve, porque le gusta el sabor, porque le cae bien, porque se siente diferente, porque funciona como refresco de tarde o como arranque de mañana.

En Puerto Rico, el matcha no llegó a desplazar la cultura cafetera; llegó a convivir con ella. Y en una generación que busca balance, entre energía y calma, entre gusto y bienestar, el matcha se ganó un lugar propio.

Si lo que buscas es empezar sin fallar, una regla simple ayuda, si vienes del café, prueba el matcha con un solo shot de espresso; si prefieres algo más ligero, pide matcha latte con poco dulce. El resto es descubrir tu versión.

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