Opinión: Violencia que indigna

Lea la opinión de Mariliana Torres

Por Mariliana Torres

La violencia de género es un problema social que no está siendo atendido como debería. No es hasta que nos toca de cerca cuando entonces entendemos la raíz y la consecuencia. En ocasiones, ese entendimiento llega muy tarde. La prensa también debe hacer valer uno de sus propósitos fundamentales, que es educar. Unirse a campañas puede ser efectivo, pero también hay que publicar cada uno de los casos, independientemente si la víctima es hombre o mujer, siempre preservando la integridad y la dignidad de la víctima.

Los casos de hombres maltratados también van en aumento. Lo que sucede es que se divulgan menos, e incluso, en ocasiones, se sacan de las estadísticas. El mismo machismo conduce a burlas en grupo, mofas de quienes atienden esos casos, y la vergüenza de la víctima que está siendo objeto de burla por parte de sus pares y hasta de familiares. Es realmente muy penoso cuando solo se denuncia a un solo género, y sumamente vergonzoso tener agencias y tribunales que le dan la espalda o no lo quieren admitir.

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Hace unos días, observamos cómo mujeres eran golpeadas mientras intentaban hacerse escuchar frente a La Fortaleza. Entonces, hay que recurrir a las redes sociales para poder identificar a los que dan palos. Cuán valiosos son los videos captados por los móviles en estos días para mostrar quién dijo e hizo. Cabe señalar que todas las imágenes publicadas fueron grabadas en una vía pública. Ello lo menciono por si se le ocurre a algún funcionario aseverar falsamente que grabar a los oficiales del orden público es una violación de ley. Entonces, luego de la publicación que alborotó las redes sociales procedimos a leer los comentarios tanto de mujeres como de hombres sobre el incidente. Tristeza, indignación y lamento por comentarios tan violentos y desacertados como las imágenes que causaron la opinión pública. Sería bueno que la Oficina de la Procuradora de las Mujeres (que sugiero cambie su nombre) leyera el catálogo de comentarios para que pudiera identificar dónde es que está el problema y procurar ser más visible, como establece una de sus funciones. Incluso, atender la violencia de género es un asunto urgente y pertinente, porque va más allá de agresiones de todo tipo. El miedo a denunciar lo incorrecto es uno de los problemas. Es necesario también que se escuchen otras voces con posturas que debatan preocupaciones, como, por ejemplo, la pérdida de libertades sociales.

El hecho de que se juzgue y se señale sin contar con todas las pruebas es muy peligroso también para la sociedad, pues se asesinan reputaciones. La prensa no debe prestarse para ello. Las manipulaciones de personas influyentes involucradas añaden desasosiego en la ruta para atender a las víctimas.  El debate que se ha generado es necesario porque sensibiliza a la sociedad y reitera a los medios de comunicación la importancia de la pertinencia, así como su función de educación. Hay que ser cauteloso y malicioso a la hora de publicar, pues el tratamiento del escrito relacionado con estos temas que tocan sensibilidades podría, en lugar de educar, provocar dominación sexista y  agresiones. El fin debería ser que con la información publicada usted pudiera emitir una opinión sensata y que se educara sobre la importancia de la igualdad. La información necesita los llamamientos a la conciencia crítica colectiva y a la referencia justa de que, tanto hombres como mujeres, han sufrido iguales atrocidades. La discriminación y la violencia contra la mujer y el hombre son acciones repudiables que atentan contra los derechos humanos. No hay un error más repudiable que recurrir al morbo para causar interés social. Tampoco debemos normalizar los casos, pues coloca la información en un grado de inferioridad y minimiza el acto. Mantener los incidentes en el foro público ocasionará que las agencias pertinentes los atiendan.

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