Opinión: ¿Qué se siente ser Héctor Pesquera?

Lea la opinión de Armando Valdés

Por Armando Valdés

Hace unos años, la periodista Millie Gil, le preguntó al convicto federal por corrupción y exlegislador del Partido Nuevo Progresista, Freddy Valentín “¿qué se siente ser una rata?” Me vino a la mente esta pregunta cuando pensaba en la actitud deleznable de Héctor Pesquera, la cual me rehúso a comparar con el comportamiento de animal inocente alguno. No, la visión de mundo del señor Pesquera es enteramente humana; solo otro miembro de nuestra especie se comportaría con tal frialdad hacia su prójimo. Es por eso que me pregunto hoy, ¿qué se siente ser Héctor Pesquera?

¿Qué se siente haberle dicho a CNN que cualquier insinuación respecto a que el conteo de muertes vinculadas a María se estaba manteniendo intencionalmente bajo era “horseshit”, o sea, mierda de caballo? La admisión esta semana por parte del Gobierno de que el número de muertes fue de, al menos, 2,975 personas, solo nos puede llevar a concluir que hubo un esfuerzo concertado por encubrir 2,911 muertes. La diferencia entre la cifra que hasta esta semana era la oficial — 64 — y la que ahora se admite como cierta, es tan abismal, que no es posible achacarlo a un error humano.

Queda claro que el Gobierno federal, el presidente Donald Trump, el gobernador Ricardo Rosselló y el secretario de seguridad pública se confabularon para mantener la cifra artificialmente baja. El propio gobernador le dijo al primer mandatario estadounidense, el 3 de octubre de 2017 durante su visita a Puerto Rico, que la cifra era “dieciséis, certificado”. Trump repitió este número y lo comparó con los miles que murieron durante Katrina para minimizar el paso de María, indicando que no había sido “una catástrofe real”. Solo horas después, al ya haber despegado Air Force One, el Gobierno aumentó a 34 la cifra oficial de muertes.

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Recordemos, además, que para esa fecha, es más, desde el 28 de septiembre, ya se habían publicado reportajes — el primero, de Omaya Sosa Pascual para el Centro de Periodismo Investigativo— cuestionando las cifras oficiales de decesos.

¿Qué se siente ser tan obtuso como para cuestionar en WKAQ “dónde está el estudio para cuantificar las vidas que se salvaron”? ¿Acaso está pidiendo que le celebremos sus logros? Su desliz retórico comprueba que Pesquera continúa minimizando el desastre que comenzó con el embate del huracán aquel 20 de septiembre. Ningún ser humano sensible se atrevería a expresar con tanta candidez su menosprecio para el dolor de cerca de tres mil familias que perdieron seres queridos.

¿Qué se siente ser tan testarudo que no puede admitir su cuota de responsabilidad? Rosselló, al menos de la boca pa’ fuera, dijo sobre la cifra revisada de muertes: “Soy el gobernador y asumo la responsabilidad”. Pesquera, en cambio, le dijo a Carmen Jovet en Notiuno que no era responsable siquiera de una fatalidad. “¿Que soy responsable de una sola muerte? Eso sí que no. Eso no se lo acepto a nadie”, expresó airado. Irónicamente, en la entrevista con WKAQ había dicho previamente: “Tenemos que ser sinceros y admitir nuestras fallas, ya el gobernador lo hizo y todo el mundo tiene que hacer lo mismo”. Parecería, entonces, que él no se dio por aludido por sus propias palabras, o se considera de otro mundo.

¿Qué se siente haber firmado un documento admitiendo que en octubre de 2017 inició un proceso para comprar la lujosa guagua de $250,000 para el gobernador Rosselló? Así mismo. En medio de la peor etapa de la crisis poshuracán, Pesquera comenzó el análisis de alternativas para comprarle un vehículo blindado al primer mandatario. Que esta fuera la prioridad de Pesquera, cuando todavía estaban muriendo personas en hospitales desprovistos de combustible, me hace pensar que sí debería responsabilizarse por algo, que fue negligente, que vivía en una burbuja dentro del Centro de Convenciones que lleva el nombre del padre del actual gobernador.

¿Qué se siente haber gastado millones en escoltas mientras morían personas en Puerto Rico? Como si fuera poco, El Vocero reveló esta semana que, en apenas 10 meses, de julio de 2017 a abril de 2018, el Gobierno gastó $2.9 millones solo en las horas extras de los escoltas que protegen a 20 funcionarios. Entre ellos, cinco exgobernadores, cuya complicidad en este gasto es inexcusable, pero, además, funcionarios tan desconocidos como Christian Sobrino, Ramón Rosario, Gerardo Portela y José Iván Marrero. ¿Podrá usted, estimado lector, identificar los puestos de estos patriotas?

Finalmente, ¿cómo se sentirá Ricardo Rosselló? ¿Cómo se siente haber asumido responsabilidad ante el país y ver que el principal oficial de Seguridad Pública en Puerto Rico, empleado suyo, no asume similar actitud? ¿Cómo se sentirá asumiendo responsabilidad de palabra, pero no de obra, por los pensamientos y omisiones de Pesquera? ¿Cómo se sentirá cada día que deja en su puesto y hace suyas las culpas de un funcionario incompetente e insensible?

¿Qué se siente ser Héctor Pesquera? Por lo visto, se siente bien, protegido y bien pago.

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