Yulín vs. hombres populares

Lea la opinión de Leo Aldridge

Por Leo Aldridge

Carmen Yulín va a ganar la candidatura a la gobernación si el panorama del Partido Popular Democrático (PPD) continúa como pinta hasta ahora.

Nunca ha habido una primaria a la gobernación dentro del PPD. Pero los líderes actuales sugieren que ya llegó el momento y que ello podría incluso revivir a una alicaída institución que se quedó sin el caballito principal de pelea —el ELA— y que ya no puede enarbolar aquello de “vergüenza contra dinero” sin que le griten a la distancia: “¡Anaudi! ¡Anaudi!”

Si en efecto se da esa primaria, y si los populares se dividen en bandos ideológicos (soberanistas vs. el-status-no-es-un-issue), Carmen Yulín Cruz, bajo el escenario actual, tiene todas las de ganar.

¿Por qué? Porque los tres hombres populares que se perfilan que van a aspirar a la gobernación por el PPD —Héctor Ferrer, Eduardo Bhatia y Roberto Prats– son de la misma orquesta y tocan la misma melodía, aunque con énfasis y matices distintos cada uno. Cada cual tiene su instrumento propio, pero es el mismo swing. Yulín, en cambio, tiene su propio show como solista.

Si los populares tradicionales se dividen entre Ferrer, Bhatia y Prats, Yulín saldrá triunfante. Y de ahí a la gobernación un paso es.

Héctor Ferrer ha arreciado su fiscalización y su presencia mediática. Eduardo Bhatia igualmente, resaltando con un discurso reciente en Princeton, que también puede ser efectivo en Washington y Nueva York, los verdaderos centros de poder sobre la isla. Y Roberto Prats ya pidió un “armisticio” sobre la cuestión del status y procura lucir “presidential” en cada comparecencia televisiva.

Esas tres ofertas pueden ser atractivas, pero son versiones tan parecidas que Yulín puede explotar esas similitudes para distinguirse y resaltar ella. Si en el menú hay arroz con pollo frito, arroz con pollo guisado o arroz con pollo a la plancha, una ensalada es totalmente novedosa y distinta. Aunque el 60 % quiera alguna modalidad de pollo, se dividen en cuál específicamente, y la pluralidad termina por la ensalada.

Si usted piensa que es descabellado que un político populista, antiestablishment, que ha confrontado su partido, triunfe en una primaria contenciosa —y luego gane el máximo puesto ejecutivo de su país— lo invito a que prenda CNN y recuerde quién es el presidente de Estados Unidos. Donald Trump derrotó a 16 contendientes en la primaria republicana y luego, en la carrera presidencial, sorprendió a la personificación del establishment porque la gente quería un cambio radical.

Aunque Carmen Yulín y Trump están en espectros políticos opuestos, se parecen bastante en otras cosas. Ambos son populistas que saben explotar las coyunturas y los vaivenes a su conveniencia. Son expertos transmitiendo mensajes simples que calan profundamente entre las masas. Y saben la importancia de la televisión. Ven una cámara y están en su hábitat. La cámara los adora.

Carmen Yulín parece percibir que el país quiere un cambio radical, quizás, incluso, dentro del tradicional y conservador PPD. Por eso, aunque, en ocasiones, ha moderado su discurso más estridente, procura continuar diferenciándose de los hombres populares de la misma orquesta.

Ella apuesta a su one-woman show y a que puede ser más popular que los hombres de la orquesta colorada.

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