Cierres barbáricos

Lea la opinión de Rafael Lenín López

Cierres barbáricos

Esta semana, ha ocupado nuestra atención la nueva ola de cierres de escuelas públicas bajo el argumento de que no son costo-efectivas para el estado y que el estudiante se beneficiará más al estar en planteles reforzados.  Causalmente (no casualmente, ya en eso no creo), también en estos días, Metro publicaba la primera lista de organizaciones privadas interesadas en operar escuelas  bajo el modelo chárter. Se destacaban entre estas un número considerable de grupos religiosos fundamentalistas.

Al llegar al Departamento de Educación, a la secretaria Julia Keleher se le vio con escepticismo. Poco a poco, fue ganando una gran fanaticada que incluyó a la presidenta del sindicato oficial de la agencia. La primera ola de cierre de escuelas la digerimos todos en el país como un mal necesario ante la gran baja poblacional y la crisis fiscal. Sin embargo, esta nueva ronda de consolidaciones escolares se ha dado con una enorme torpeza que ha validado el escepticismo con el que se recibió a la funcionaria cuando fue nombrada poco después de resultar electo Ricardo Rosselló.

Estos cierres han carecido de transparencia y explicaciones coherentes. El proceso ha estado lleno de misterios que solo tienden a alimentar sospechas de aquellos que piensan que ocurre algo más.  Uno de ellos es el alcalde de Ciales —del PNP—, Luis Maldonado, que piensa que todo esto se está dando para hacerle más próspero el negocio a quienes se lleven los contratos para las operaciones de las escuelas que comiencen a trabajar bajo el modelo chárter.  La teoría no es descabellada, pues bajo el modelo chárter, cuantos más estudiantes haya, más dinero reciben las operadoras.  Estos nuevos cierres se han dado a la prisa, y ya se anuncia que las primeras chárteres comenzarán en el año académico próximo.

Hace una semana, la Junta de Control Fiscal aprobó los planes fiscales que regirán la agenda gubernamental por los próximos cinco años. Mientras no sean revocados, los planes suponen serios recortes para el bolsillo de los trabajadores y retirados. Los economistas anticipan que la cosa se pondrá peor. La propia Ana Matosantos, al votar en contra del plan que presentaron sus compañeros en la Junta, dijo que este va a provocar dolor sin un futuro prometedor. La Junta alega que el plan es la zapata para un futuro económico sostenible.

Si realmente la Junta y el Gobierno piensan en un final repunte económico, no es posible lograrlo desmantelando el sistema educativo. Necesitamos más escuelas, no menos. Necesitamos maestros atendiendo, aunque sea a un estudiante por salón. Necesitamos ver a cada niño y joven como un activo para el país, no como un lastre al que movemos de salón en salón porque necesitamos llenar pupitres. El Gobierno enfrenta una crisis fiscal, es cierto. Pero el Gobierno, al tiempo que atiende sus finanzas, no puede olvidar su fin: atender las necesidades de sus ciudadanos, sin pensar necesariamente en su ganancia monetaria.  Si el Gobierno quiere abdicar a su responsabilidad en otras áreas, como en proveer luz a la gente, operar el principal terminal aéreo del país o entregar los puertos marítimos a la empresa privada, pues lo tragamos, aun con lo irrazonable que suene ser. Pero cerrar escuelas para ahorrar minucia es absurdo para un país que dice encaminarse a un gran desarrollo socioeconómico. Es todo lo que en el resto del mundo no se hace: cerrar escuelas provoca deserción, y esto, a su vez, estimula otros tantos problemas que luego nos cuestan millones largos.

Los cierres planteados son una barbaridad. En Facebook, llamaba la atención una amiga escribiendo que “hasta la mafia protege a los niños y a los viejos”. Suena duro, pero tiene razón.