Hay gente en las papas después de María

Lea la opinión de Dennise Pérez

Hay gente en las papas después de María

No es cierto que todo el mundo está quebra’o tras María.

Hay una gente que está en las papas. Pobre gente. Yo quisiera llamarles “pobres” literales, por eso de darle algo de novelesco a esta columna, pero el punto es precisamente lo opuesto. De pobre tienen muy poco, y yo, la verdad, me alegro, que no es justo ni recomendable para una sociedad que ha sufrido tanto económicamente, que andemos todos cojeando de la misma pata.

Algún regocijado debe haber. Hay gente que debe tener menos problemas en enfrentar y pagar todas las vicisitudes que María ha causado.
A ver:

-Los gomeros – Esta semana Metro sacó en portada que los gomeros estaban haciendo su agosto. Y es verdad. Solo que pienso que este es un sector que jamás sufre en Puerto Rico. Quizás ahora están haciendo más, mucho más. Vivo en un área donde las gomeras 24/7 abundan y es cierto. Están empaquetás. María terminó de agravar el problema de los hoyos en las carreteras. Y no, usted no está loco por sentir que vive en la Luna o en un parque temático de Disney.
Digamos que, si usted vive haciendo maromas en las calles, buscando parches o inyecciones, cualifica como terrícola puertorricensis. Los gomeros se jartan todo el año.

– Los hojalateros – Estos son el equivalente a mis “amigos del alma”. En esta emergencia nada más, yo creo que entre mi esposo y yo ya le pagamos college al hijo del hojalatero. Las carreteras siguen siendo un gran al garete. Mucho oficial de ley y orden —local y de EE. UU.— trabajando a sol y hambre en el tráfico, pero no son suficientes.
Cuando se inventaron la ley de “sálvese quien pueda”, no contaron con que un boricua ya se había inventado la del “o yo o nadie”. Es una dificultad intrínseca de dar paso, de permitirse ser amable.

Les conté hace unas semanas que, después de que me robaran la guagua de mi esposo, fui a comprarme una en un intento de convertir una desgracia en una oportunidad. La gran nueva oportunidad me duró ocho días antes de que me metieran un cantazo que me cambió de carril, me puso contra el tránsito y dejó a Siri del sistema Iphone como sicótica preguntando vía bluetooth ante mis pedido de “grúa”, “grúa”: “¿Quiere decir ‘bruja’? No hemos encontrado bruja en un radio cercano”. Y yo ahí, cerca, cerquísima.

-Las aseguradoras – Las filas que he hecho se parecen a las que he visto en los CDT. Son increíbles. Son lentas. Requieren que hayas tomado café antes de llegar, que lleves lonchera con merienda y quizás un Parchís. Y tienes que ir físicamente porque llamar es la peor experiencia. Hasta en Energía Eléctrica te contestan antes. Y asegúrese de llevarse audífonos, o escuchará todos los ringtones y todas las conversaciones telefónicas a boca de jarro en plena sala de espera.

-Vendedores de plantas eléctricas – Los legales y los que no, porque un poco antes de la emergencia ya estaban todos actuando como Christmas in July, y lógicamente, la gente, ante la necesidad, hacía más fila que en el Angel Ice Plant después de Irma y de María. Claramente, el peor temor en una emergencia atmosférica es la energía eléctrica. Hoy en día, de hecho, ya usted no tiene que construir una piscina en su patio para darle el gran valor de alquiler o de venta a su propiedad. Ponga un anuncio que diga: “Casa modesta con planta bestial y cisterna de tres pares”. Y listo.

-Gasolineros – Me contengo por si acaso, pero nunca faltó. La histeria era comprensible. Cualquier persona con dos dedos de frente teme la escasez y el alza en precios. No es fácil enfrentarse a la situación de que todas las circunstancias pueden clavarte y de que, encima, con esta no vas a poder moverte. Nunca se justificó. Todos hicieron chavos.

Esta es gente que hizo dinero. Pero ojo, que no por eso son ladrones. Hay circunstancias y hay circunstancias. En pleno invierno no se vende tanto límber.

Lo que no es correcto es poner a todos los renglones económicos en picada. Por espacio, se me quedan muchos, de los obvios, vendedores de agua, de hielo, etcétera.

Estoy pensando ahora mismo en qué lado me ubico. ¡Qué cómico! Soy una trabajadora eterna, pero también casi un accidente de María. Quizás si no hubiera sido por esa situación no existiría hoy en @UnivisionPR en un programa como Jugando pelota dura, enfocado en la reconstrucción de nuestra isla. ¡No, no! Eso no me pone al lado ni de gomeros, ni de hojalateros. Mucho menos de aseguradoras. Me pone al mismo lado de los que nos doblamos la espalda y de los que nos encargamos de que la vida, aunque dura, nos funcione en la cotidianidad.

¡Es la vida, la dura vida! No desde María, desde siempre.