De la 936 al escenario actual

Lee aquí la columna del expresidente de la Asociación de Industriales.

Por Eric Santiago

22 may, 3:08 am 4 min de lectura
De la 936 al escenario actual
Eric Santiago

Cuando en el 1996, bajo la administración del presidente Bill Clinton, demócrata, se aprobó la legislación Small Business Job Protección Act que coloco en cuenta regresiva la muerte de la sección 936 al 31 de diciembre de 2005.

Dicha sección del Código de Rentas Internas había sido creada en 1976 para incentivar a corporaciones estadounidenses — especialmente farmacéuticas y manufactureras — a operar en Puerto Rico, con ventajas contributivas extraordinarias. El efecto fue positivamente extraordinario.

Para el mes de marzo del 1990, el nivel de empleo en la manufactura en Puerto Rico había crecido a unos 161,300 trabajadores. Hoy nos informa el Departamento del Trabajo y Recursos Humanos, que el nivel de empleos directos en la manufactura llega escasamente a la mitad: 80,300 trabajadores.

Si extraordinario y positivo era el impacto de la Sec. 936, demoledor ha sido el impacto de su eliminación. La intención fue el eliminar el “Corporate Welfare”.

El resultado fue que Puerto Rico incrementó su apetito insaciable a la dependencia del uso de fondos federales para su subsistencia cotidiana. Damos pena. Parecemos adictos al “fentanilo económico” de los fondos federales.

En el 2026, Puerto Rico enfrenta serios retos feroces en la competencia global por atraer las inversiones billonarias. La instalación de nuevas tecnologías y manufacturar productos innovadores, requiere infraestructura moderna, la cual no tenemos.

Intentamos maniobrar en dicho escenario con ventajosas tasas contributivas, junto a una base de capital humano que mitiguen nuestros costos. Gente altamente educada y bajos impuestos corporativos. Esa es nuestra formula al éxito.

Nada más lejos de la realidad. Veamos.

A principios del Siglo XXI, como Principal Oficial Financiero de operaciones en Puerto Rico, República Dominicana, Brasil y una planta en los Estados Unidos, celosamente observamos las diferencias estructurales y operativas de cada localización. Tuvimos la excelente oportunidad de evaluar un sinfín de inversiones en el sector de dispositivos médicos. Las comparaciones eran impecables e implacables.

En los años ’90, la decisión unánime siempre fue el invertir primero en Puerto Rico, y entonces identificar quienes eran el “Plan B”. En aquel momento, Puerto Rico disfrutaba de una tasa contributiva CERO sobre ingresos al gobierno federal.

Hoy, Puerto Rico tiene una tasa contributiva local que resulta estar muy por debajo a lo que países en Europa, y los Estados Unidos confiscan a las empresas. Esto es una ventaja, factor diferenciador, para empresas registradas en los Estados Unidos. Sin profundizar en las complicaciones e implicaciones del Impuesto Mínimo Global, para las empresas de capital europeo, es otro cantar. Con la implementación del Pilar II, hemos perdido dicha ventaja. Por eso resulta ordinario que no escuchamos anuncios de empresas europeas estableciéndose en Puerto Rico. No es casualidad. Es causalidad.

EL tener altos costos operaciones es un lastre.

Los salarios que devengan nuestros trabajadores son muy por encima a lo que Republica Dominicana, o Brasil pagan a los trabajadores de cuello azul. Y también nuestro Salario Mínimo Estatal es 45% más alto que el Salario Mínimo Federal.

Nuestro costo energético es inefectivo. La falta de agilidad en nuestro sistema de permisos nos asfixia. Se nos hace imposible competir por lugares nuevos, refrescantes, a construirse y derramar nuevas tecnologías.

Factores positivos como el acceso simple y directo al mercado norteamericano, la simplifica y similitud de nuestras leyes locales y la protección del sistema federal de justicia, nos brinda elementos muy positivos al momento de decidir a favor de Puerto Rico. Estos son los positivos para mitigar los grandes negativos.

Cuando ya las plantas existen y no tenemos que construir “desde cero”, que tan solo debemos expandir sobre un terreno y edificio existente, Puerto Rico reduce el impacto de dichos factores negativos. Y tiende a ganar.

Por eso vemos como CooperVision expande en Juana Diaz. De la misma forma Amgen en Juncos puede “incentivar” la derrama de $1,000 millones y sobre 700 empleos. Eli Lilly anuncia que expandirá su planta en Puerto Rico derramando más de $1,200 millones, pero tan solo proyectando crear 100 empleos permanentes.

Expansiones si, plantas nuevas, no.

Pero, en la República Dominicana, el escenario es otro.

El 19 de febrero de 2026, Google anuncia crear un “Puerto Digital” en suelo dominicano, conectando a Norte y Sur América. Esto será infraestructura regional de conectividad AI/Cloud. Se estima una inversión de $500 millones y potencial contratación de 2,000 trabajadores.

En octubre del 2025, la empresa de mayor valor bursátil, NVIDIA, había anunciado la creación de un centro de desarrollo de inteligencia artificial, con la creación de 1,000 empleos. Aunque la inversión es en los bajos $100 millones, la creación de empleos técnicos es impresionante.

Esto es justo a lo que aspiramos en Puerto Rico.

Los costos operacionales actuales nos lo impiden.