Opinión

Martin Luther King y el movimiento obrero

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Rev. Juan Ángel Gutiérrez Rodríguez

Martin Luther King, Jr. no fue asesinado en una marcha por la desegregación de los espacios públicos, ni en una protesta por el derecho al voto. Fue asesinado cuando apoyaba la huelga de los trabajadores de la basura en la ciudad de Memphis, Tennesse. A pesar de la negativa de su círculo íntimo, King opto por ser solidario con la clase trabajadora. Vio la huelga como “el punto de partida en el cual la primera fase del movimiento por la igualdad política y los derechos constitucionales seguiría como la fase dos de la igualdad económica”.

La relación de King con el movimiento obrero y sindical empezó en diciembre del 1955 cuando se reunió con A. Philip Randolph de la “Brotherhood of Sleeping Car Porters” en busca de apoyo para el iniciado boicot a los autobuses en la ciudad de Montgomery. En septiembre del 1962, un año antes de la Marcha a Washington, ante el Distrito 65, de la “Retail, Wholesale and Department Store Union” en la ciudad de Nueva York, unión compuesta casi en su totalidad por trabajadores/as negros/as y puertorriqueños/as, presentó un primer esbozo de uno de sus más importantes discursos donde señala la interseccionalidad del racismo, el militarismo y la pobreza no sólo en la sociedad estadounidense sino en el mundo. Discurso que será la línea política y teológica que definirá su pensamiento hasta su asesinato.

Un elemento importante que señalar en este discurso es su afirmación de que “nos hemos dado cuenta de que, si queremos ser libre, nosotros debemos hacer algo para eso”. El descontento ante nuestra realidad de explotación y empobrecimiento debe llevarnos a la acción y al reconocimiento de que somos nosotros los artífices de nuestra libertad. Ni el estado ni el gobierno son capaces de transformar nuestra sociedad para el beneficio de las mayorías. Somos nosotros de forma organizada quienes iniciaremos las profundas transformaciones que son necesarias para una vida plena y abundante.

Es importante señalar que la famosa Marcha a Washington de agosto del 1963 llevaba como título “La Marcha por la Libertad y el Trabajo”. El movimiento de derechos civiles estaba muy claro sobre la relación que existía entre las políticas segregacionistas y racistas y el empobrecimiento de la comunidad negra y de otras minorías étnicas. No era suficiente luchar por la igualdad legal o constitucional de la diversidad existente en nuestra sociedad. Es fundamental exigir la igualdad y la seguridad económica.

Algunas ideas de King que creo siguen siendo vigentes para nosotros hoy. Primero, reconoce que ante la crisis del capitalismo el movimiento obrero fue “la respuesta inspiradora a esta intolerable y deshumanizada existencia”. Nunca debe olvidarse la historia de la contribución de la lucha obrera y sindical al mejoramiento de las condiciones de vida no sólo para la clase trabajadora sino también para la sociedad en general. Lucha en la cual las mujeres han jugado un rol protagónico y esencial.

Segundo, señala que “… nosotros sabemos que si no hay una organización simultanea de nuestras fuerzas, no tendremos los medios para movernos hacia adelante”. Una de las propuestas más importantes y peligrosas de King era su insistencia en crear un movimiento social y político que estuviera por encima de las diferencias raciales y culturales. En este momento crucial en el que vivimos no podemos darnos el lujo de seguir con nuestro tribalismo y nuestros sectarismos. Si deseamos mejorar las condiciones materiales y espirituales de la clase trabajadora y del pueblo, es necesario y urgente una unidad de principios en medio de la diversidad de métodos.

King estaba claro de que si un grupo cae el otro también cae. Esta lucha no es de un sector o un grupo particular. La unidad de los opresores es clara. Contra esa unidad de opresión y explotación, discrimen y exclusión, tiene y debe existir una unidad que luche desde distintos frentes por la creación de una nueva sociedad.

Tercero, afirma que “… los sindicatos tendrán que intervenir en la vida política de la nación para marcar el curso que distribuye la abundancia para todos en vez de la concentración para unos pocos”. King estaba claro del potencial político de la organización de la clase trabajadora. Son las uniones y los sindicatos, junto a las organizaciones comunitarias, quienes deben señalar el curso en la construcción de una sociedad basada en la justicia y la solidaridad.

Hoy cuando celebramos el Día Internacional de la Clase Trabajadora es fundamental que las instituciones religiosas, más allá de la diversidad y de las diferencias existentes en lo teológico, doctrinal o práctico, crear un frente ecuménico y plurireligoso para apoyar las luchas del movimiento obrero-sindical y las luchas comunitarias en nuestra nación. Esta unidad será el germen de una profunda transformación.

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