Opinión

Cuando el río suena…

Lee la columna de opinión del reverendo Carlos Negrón Sánchez

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Rvdo. Carlos Negrón Sánchez

En la comunidad de Puerto Nuevo en el Municipio de San Juan se escuchan nuevos ruidos, particularmente en las cercanías del puente que cruza la Ave. Roosevelt, frente al Cuartel General de la Policía de PR. Estos disturbios escandalosos, cuando suenan, han superado por mucho los frecuentes sonidos citadinos de la zona; el paso de los vehículos de motor, la música estridente de algún voceteo fugaz o el fragor de los eventos deportivos y artísticos celebrados en los parques y coliseos cercanos. Pero estos no son de aquí, porque no provienen de la comunidad ni de sus residentes. Tampoco de los muchos negocios del área. Provienen de maquinarias pesadas y taladros industriales que han comenzado a golpear insensiblemente el cauce del Río Piedras y sus riberas. Estas agresiones, disfrazadas de proyecto y desarrollo, no solo alteran la paz y seguridad de quienes viven y trabajan en la zona, sino que también representan una amenaza permanente y muy peligrosa para todas las comunidades y ecosistemas que conviven a lo largo y ancho de este cuerpo de agua. ¿Y qué es lo que trae tanto ruido? ¿Qué es lo que suena con tanta estridencia?

El Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los Estados Unidos (USACE), con el consentimiento y autorización del Gobierno de PR y su Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) ha insistido en su intención de canalización del Río Piedras. Esta nefasta iniciativa impactaría adversamente, no solo la comunidad de Puerto Nuevo, sino también la de Reparto Metropolitano, Nemesio Canales, University Gardens, Villa Nevárez, Jardines Metropolitanos y Las Américas, entre otras. Además, destruiría de manera irreversible, en algunos de sus áreas, toda la vida natural que convive con su corriente. Este proyecto de canalización, que fue propuesto y aprobado hace más de cinco décadas atrás, bajo otras circunstancias urbanas y ambientales, busca ensanchar de manera indiscriminada el cauce del Río Piedras con varilla y cemento, eliminando en su paso arrollador gran parte de la vegetación y ecosistemas que existen junto a sus aguas.

En tiempos donde cada vez se hace más evidente, a nivel global y local, los efectos del cambio climático sobre la seguridad y el bienestar de la vida en todas sus expresiones, algunos, quizás con intereses privados y particulares, se empeñan en empujar a la fuerza una propuesta que ha perdido su validez y credibilidad ante las comunidades afectadas y hasta del propio Alcalde de este Municipio. Ha sido probado y argumentado hasta la saciedad, por especialistas, que la canalización representa más un problema que una solución, y que en este momento las inundaciones no son una amenaza para su entorno. Mientras en otras ciudades del mundo se hacen grandes inversiones para amortiguar el efecto de estos cambios ambientales, mediante la siembra de árboles y vegetación en los espacios públicos, aquí en Puerto Rico, las personas encargadas de administrar los bienes y recursos públicos caminan de manera negligente e insensata en la dirección contraria al sentido común y de la salud integral de las comunidades.

Ante este aparente impasse de la USASE y el DRNA, las comunidades implicadas también están haciendo ruido, pero no es un ruido que agrede ni destruye, sino más bien un bullicio acertado que nace del diálogo, del encuentro fraterno, de la concientización y del conocimiento que libera. Así es como suena la búsqueda de soluciones que toman en cuenta el bienestar común y la protección de nuestros más preciados y valiosos recursos. Esta concertación colectiva no es producto de la improvisación ni del capricho de unos cuantos “que se quejan por todo”. Más que eso, es el resultado de largos procesos y grandes inversiones de empeño. De esfuerzos consagrados, de tiempo invertido, de nobles sacrificios y de valentía insobornable. Mujeres, hombres, jóvenes, adultos mayores, religiosos/as, ateos/as, agnósticos/as, científicos/as, trabajadores/as, estudiantes, jubilados/as, en fin, un maravilloso despliegue de personalidades e identidades, de seres humanos que se juntan para exigir y defender la vida

Así llegaron al puente de la Roosevelt el sábado, 11 de abril, caminando juntos/as y haciendo ruido. Con el sonido y movimiento del río corriendo por debajo. Convocados y convocadas por sus aguas y por distintas organizaciones de base comunitaria e iglesias. Gritaban y cantaban consignas: ¡ni un árbol cortarán, el pueblo lo impedirá! ¡El proyecto es amenaza, de que rompan nuestras casas! ¡El Río Piedras está vivo, viejo río, soy tu amigo! ¡Detengamos destrucción, cero canalización!

Las grandes maquinarias al fondo yacían quietas y en silencio, inmóviles ante el sonido esperanzador de la unidad y la empatía. De pronto, junto al agua, como anunció el profeta bíblico, comenzaron a fluir renovadas señales de justicia y solidaridad.

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